* Crónica vía: DAVID BUSTOS


Madrid, ¡ay mi Madrid! Tan revolucionaria ella, tan de 2 de mayo. Los aldeaños de Las Ventas respiraban libertad desde que el sol tomó el relevo al toque de queda en la capital. Había ganas de toros, había ganas de dejar atrás 567 días de infierno. 567 días sin toros en la Catedral del Toreo. Los tendidos, pocos minutos antes de que rompiera el paseíllo, ya se cubrían de ilusión. Seis mil ilusiones y una misma razón: los toros y la libertad. La libertad para ir a un espectáculo seguro. La libertad para seguir hacia adelante y no quedarse anclado en la angustia de la soledad. La libertad para emocionarse con un toro. Libertad, Madrid siempre con la libertad. Sonaron clarines y timbales y Madrid se puso en pie. Emocionada. Con los bellos de punta. Con lágrimas en los ojos. Acompañando con sus palmas a sus héroes: un rejoneador, seis matadores y un novillero.

Sonó el himno nacional y la puerta de los miedos se volvió abrir tantos y tantos meses después. Cerca de toriles esperaba Ventura al ejemplar de El Capea. Algo reservón de salida, el rejoneador tuvo que rectificar las distancias y la faena tardó en coger fuelle. Un par al quiebro en los medios fue el punto de inflexión que disparó la faena hacia lo más alto. ¡Ni un centímetro entre toro y caballo! Se metió en sus terrenos Ventura y le hizo romper por momentos. Ajustando en los embroques, toreando en redondo y dejando al toro prácticamente tocar la cola del caballo, la faena fue ganando en emoción. Siempre buscada por Ventura, que tiró del toro -noble pero con un punto de sosería- tapando sus defectos. Limpio y resolutivo, y tras acertar con las banderillas, Ventura dejó un rejón de muerte efectivo que le permitió cortar las dos primeras orejas de la tarde. El toro también fue ovacionado en el arrastre.

El toro de Juan Pedro fue el primero de la lidia a pie y se deslizó bien el capote de Enrique Ponce. Recibió un primer puyazo en el sitio pero al salir del peto perdió las manos y las protestas volvieron a resonar en Las Ventas. Ordenó un segundo puyazo Ponce y, a pesar de la evidente falta de fuerzas, el Presidente cambió el tercio. Entre protestas transcurrió el tercio de banderillas, y antes del último par, el Presidente sacó el pañuelo verde. ¡No podía faltar la ovación a Florito y a sus bueyes! Salió el primer sobrero, también con el hierro de Juan Pedro, y desde el capote comenzó a perder las manos. ¡Protestas y pañuelo verde! Se calentaba la tarde, y por si fuera poco, ¡sacan un sobrero de El Capea, reseñado para rejones, para la lidia a pie! El trapío, lógicamente, dejaba mucho que desear. Su comportamiento suelto y reacio al capote de Ponce deslució su saludo capotero. Pasó por el caballo sin ser picado en exceso y con la fuerza muy justa. A pesar de ello, no fue devuelto. No brindó Ponce a un público ya cabreado por el rumbo de la tarde. Intentó llevarle suave con la mano izquierda pero parte de la afición le recriminó la falta de acople entre toro y torero. Se movía el de El Capea pero cogido por alfileres embestía en la muleta de Ponce. Tuvo paciencia el torero que logró en el tramo final varias tandas limpias y sin que el toro se cayera. Eso ya era un triunfo, pero en Madrid, si no hay emoción, nada sirve. Falló con los aceros y le sonó un aviso. Silencio.

La difícil facilidad de El Juli apareció para mecer las embestidas del tercero de Garcigrande en su capote. ¡Con qué suavidad lo toreó, con qué temple! La media en el centro del ruedo fue una oda al toreo lento y sentido. También lo fue el quite por verónicas, ciñiéndose la embestida a la cintura y gustándose de nuevo con la media. Se dobló y lo llevó largo en el inicio de faena por abajo, pero rápidamente le dio espacio para lucirle. En un palmo de terreno lo hizo todo El Juli. Dos tandas ligadas y profundas casi en redondo con la derecha, otra muy larga y templada con la izquierda. Un cambio de meno que puso al público en pie. El de Garcigrande, sin estar sobrado de fuerza, embistió con codicia y mucha calidad en la muleta del madrileño. Apostó por él, El Juli, que hizo todo como gusta en Madrid: con la figura vertical, acoplándose al toro y cuajándolo de principio a fin. Siempre por encima del enclasado «garcigrande», intercaló ambos pitones, exponiendo mucho en ciertos momentos de la faena. Metido entre los pitones en el tramo final, la última tanda con una sucesión de remates por abajo muy sentidos y logrados fue el broche final para una faena llena de intensidad, valor y capacidad. Le metió bien la mano y, aunque tardó, finalmente cayó el toro. Dos orejas. Fuerte ovación para el toro. Un ejemplar con nobleza, codicia y calidad.

El cuarto de Toros de Cortés, por hechuras, sí que parecía un toro de Madrid. Mucho más serio y hondo que los anteriores. La pelea en varas fue destacable, tanto por el picador como por el empuje del toro en el peto. Sin embargo, en la muleta pronto comenzó a echar la cara arriba en los finales -pedía la mano baja- y a meterse por dentro. Incierto pero encastado el de Toros de Cortés, Manzanares no se amedrentó y trató de dominarle bajándole la mano. Primero al natural, luego con la mano derecha. Por ese pitón derecho comenzó a imponerse en la faena Manzanares, puesto que el toro exigía mucho y no permitía descuidarse ni un segundo. O le bajabas la mano y le aguantabas el ritmo, o te comía. Al natural no logró ganar la partida el diestro alicantino, y su labor con la mano derecha se quedó a medio gas. Supo a poco la faena y a bravo el toro. Un toro para aficionados, como se suele decir. No estuvo a la altura Manzanares. Gran estocada y muerte de bravo del toro de Toros de Cortés. Oreja y fuerte ovación para el toro en el arrastre.

Perera, que dejó un ajustado quite por chicuelinas al ejemplar de Fuente Ymbro, brindó su toro a la afición de Madrid. De rodillas en los medios, y cambiándoselo por la espalda, inició la faena. Comienzo intenso y con el toro moviéndose con buen aire. Sin embargo, la faena navegó entre altibajos y una mayor frialdad del público. ¿Sería la sosería del toro a pesar de su nobleza y movilidad? ¿Faltó rotundidad a la faena de Perera? ¿Sería el cansancio por el largo tiempo de festejo? Muchas preguntas y poca emoción en el ruedo. A pesar de ello, Perera estuvo dispuesto por ambos pitones y el arrimón final, toreando por circulares, pasándoselo por la espada y tragando entre los pitones del de Fuente Ymbro, tuvo mucho valor y mérito. En ese terreno sí se vio cómodo a Perera, ya que cuando ligó las tandas, el toro embistió peor en los tramos finales de cada serie. Lo hecho no fue suficiente para lograr una rotundidad plena pero una estocada entera le valió para cortar una oreja. Tímidas palmas al noble quinto durante su arrastre.

Suelto y sin fijeza, el de Vegahermosa no permitió -a su salida- a Paco Ureña lucirse con el capote en su regreso a Las Ventas. Sin embargo, no desistió y dejó un quite por verónicas en los medios. Brindó al cielo Paco, por todas ellas, por todos ellos, por las víctimas de esta maldita pandemia. Y brindó a Madrid, a su Madrid. Algunos lo aplaudieron en pie. Girando sobre un mismo punto toreó de inicio Ureña. Mano derecha y muletazos cortos. Ligados y profundos. Lo llevó más largo en las siguientes tandas, pero el toro por ese pitón protestaba y embestía con cierta brusquedad. Por el izquierdo también carecía de empuje y a la faena le costó despegar. Siguió insistiendo al natural Ureña, que dejó muletazos logrados a pies juntos dando al pecho al animal. Quiso imponer un punto más de intensidad para concluir con la mano derecha pero el toro apenas le permitió el lucimiento. Falló con los aceros. Palmas.

Dos largas cambiadas de rodillas en el tercio, así recibió el novillero Guillermo García al novillo del Parralejo. Luego, un puñado de verónicas encandiló a Madrid. Guillermo estuvo muy entonado desde el inicio, colocando con torería al novillo en el caballo y dejando un quite muy variado y ajustado. Bonito brindis de novillero a matadores. Presente y futuro, y Madrid acogiendo a todos con una calurosa ovación. Guillermo puso todo lo que tenía ante un novillo noble pero falto de empuje y de fondo. Actitud, buena colocación -al menos intentó hacerlo- y ganas. Lo que se espera de un novillero. Fue volteado en varias ocasiones pero el novillero volvió a la cara del toro y se pegó un arrimón lleno de valor. Buen concepto, buenas formas y una buena estocada al segundo intento le hizo merecedor de una oreja.

Tres horas y cuarto después, las luces de Las Ventas volvían a apagarse. Todo parecía un sueño. O la pandemia nunca había existido, o seguíamos en aquel lejano octubre de 2019. Sea lo que sea, que volvamos pronto. Cuídense, por favor. Ya queda menos.

Plaza de toros de Las Ventas. Festival taurino del 2 de mayo. Lleno dentro del aforo permitido. Reses de El Capea (1º y 2ºtris), Garcigrande, Toros de Cortés, Fuente Ymbro, Vegahermosa y El Parralejo. Destacó el toro de Garcigrande y el de Toros de Cortés. Diego Ventura: dos orejas; Enrique Ponce: silencio tras aviso; El Juli: dos orejas; José María Manzanares: oreja; Miguel Ángel Perera: oreja tras aviso; Paco Ureña: palmas tras aviso; Guillermo García: oreja tras aviso.


 

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