* Redacción vía: DAVID BUSTOS


Sin lluvia arrancó la segunda novillada del fin de semana en Herrera del Duque. Esta vez en horario matinal y con otro hierro: el de El Pilar. Los novilleros Francisco Montero y Manuel Diosleguarde, que entró en el cartel por la vía de la sustitución, fueron los encargados de trenzar el paseíllo. 

A porta gayola por saltilleras recibió Francisco Montero al primer novillo de El Pilar. Mucho valor y riesgo el que asumió el novillero, que tuvo que resolver con una larga cambiada de rodillas el susto que le dio el animal desmontándole el capote en un lance. Concluyó con un galleo por chicuelinas. De rodillas con la mano izquierda –en los medios– citó Montero al novillo, pero en el segundo muletazo le enganchó la muleta y a punto estuvo de cogerlo el animal. Más ordenada fue la segunda tanda, también por el pitón izquierdo; sin embargo, Montero pronto volvió a esa versión más espectacular echándose de rodillas. Cambió de mano, a la derecha, y por ahí el novillo embistió más templado. Toreó relajado Montero por ese pitón derecho, noble aunque algo soso. Condición similar que había mostrado por el izquierdo. Salía a veces con la cara arriba el de El Pilar, y eso deslucía los muletazos del novillero. A media altura, el novillo embestía mejor y Montero dejó alguna tanda templada antes del `arrimón´ final. Ajustadas bernadinas de cierre antes de ejecutar la suerte suprema. Estocada entera al segundo intento. Oreja.

El segundo novillo de El Pilar se golpeó contra las tablas a su salida y cayó, obligando a los subalternos a apuntillarlo. Salió en su lugar el primer sobrero de la mañana, que mostró poca fuerza en el saludo capotero Manuel Diosleguarde. Un gran susto, afortunadamente sin consecuencias, sufrió el tercero de la cuadrilla del novillero en el tercio de banderillas. Condicionado siempre por esa falta de fuerzas, el de El Pilar fue un animal exigente, que pedía hacerle las cosas muy bien. Las primeras tandas por el pitón derecho no tuvieron lucimiento ya que el novillo perdió las manos en varias ocasiones. El cambio a la mano izquierda le sirvió a Diosleguarde para terminar de acoplarse al novillo, que terminó yendo a más en las posteriores tandas con la mano derecha. Sin poder alargar mucho la embestida del animal, el novillero consiguió ligar varias tandas con cierto temple y mérito. Intentó torear al natural, de uno en uno los muletazos, pero el de El Pilar embestía con brusquedad y rápidamente cambió de mano. Buena colocación y firme disposición la del novillero salmantino durante toda la faena. Estocada trasera y tendida. Oreja.

Visiblemente dolorido y conmocionado terminó Francisco Montero tras ser cogido por el tercer novillo de la mañana en un recibimiento capotero con el capote de paseo a porta gayola. La primera larga sí consiguió ejecutarla, pero el novillo rápidamente se revolvió y no dio tiempo a Montero a reaccionar. Cayó el novillero al suelo, librándose milagrosamente de una cornada, pero siendo zambullido y pisoteado por el animal. Derribó el novillo al caballo en el primer encuentro. En banderillas no lo puso nada fácil y cogió a un banderillero de la cuadrilla de Montero contra las tablas de manera muy fea. De manera inteligente sacó a los medios al novillo, sin que le enganchara ni una sola vez la muleta. La primera tanda por el pitón derecho sirvió a Montero para conectar con el tendido, sometiendo al complicado astado por abajo y dominando sus embestidas. Más difícil fue poder al novillo por el pitón izquierdo, y una de sus embestidas se le coló por dentro y le volteó por los aires. A pesar del fuerte golpe y una posible cornada, Montero decidió continuar la faena. Muy mermado pero completamente entregado, el novillero consiguió completar una meritoria tanda por el pitón derecho. Se tiró con todo Montero, que dejó una gran estocada y entre lágrimas recogió las dos orejas del complicado novillo. 

Gran saludo capotero por verónicas de Manuel Diosleguarde al cuarto y último novillo de la mañana. Cumplió en el caballo y apretó en banderillas el novillo, que anteriormente había derrochado calidad en el capote. Tarea complicada fue la de acoplarse al animal, que a veces perdía las manos y pedía un control exquisito de los toques y tiempos. Una tanda al natural a mitad de faena sirvió como punto de inflexión para Diosleguarde, que a continuación selló una tanda muy lograda y templada con la mano derecha. Hilando cada embestida y vaciándolas por detrás de la cintura. Esa falta de empuje que mostró el novillo de El Pilar en algunos momentos provocó que la faena fuera a menos y no acabara de romper. No tiró la toalla Diosleguarde que estuvo por encima de su oponente. Se le fue baja la espada. Oreja.


 

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