• Editorial vía: ARRIBES TAURINAS

Desde el inicio de la pandemia todos vimos casi imposible la celebración de encierros por las calles: muy difícil mantener la distancia de seguridad, correr con mascarilla, controlar a la gente en el vallado… Hasta ahí, todo perfecto. Vale, lo aceptamos. Eso sí, con la decepción de ver cómo -casi- nadie proponía nada, aunque luego no saliera adelante. Pasan los meses, termina el verano y… ni un sólo encierro en toda España y ya inmersos por si fuera poco, en una segunda ola de coronavirus. Hasta aquí, todo perfecto. Vale, lo aceptamos. Eso sí, con la decepción de ver cómo -casi- ningún político intenta atajar el problema antes de volver a tiempos pasados. Acuérdense de marzo, abril… Pasan los días, las semanas y… ¡hostia! El Tour de Francia, con un gran masa de espectadores y público rodeando las carreteras, gente gritando a los ciclistas sin mascarilla a escasos metros de ellos, todas las personas juntas sin distancia alguna… ¡Pero los malos somos los taurinos! ¡Qué malos somos! Y no es que seamos malos, es que de buenos somos tontos. El Tour de Francia –y tantas otras cosas que vemos cada día– sí, pero encierros no. Así son las cosas. 


 

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