Artículo vía: DAVID BUSTOS


En agosto nada interesa. Informativamente hablando siempre ha sido así. Los telediarios se resumen en «cuánto calor –estaría bueno que hiciera frío- hace en verano», «hay un incendio en tal sitio» y «este equipo ha pagado infinitos millones por tal jugador». Con la actividad parlamentaria parada por vacaciones, los únicos gritos que se oyen en la televisión son los de ese circo llamado Sálvame. Que por cierto, si no me equivoco, su presentador tiene algún que otro problemilla con Hacienda. Más grave que la película que se montaron recientemente con los gallos y los toreros. Se les acabarían los cotilleos. 

Decía que ver la televisión en verano es la mejor técnica para ejecutar una siesta correcta. Pero en este terrorífico año 2020, desgraciadamente, ver la televisión es un actividad de riesgo. Y parece que la prensa, o gran parte de ella, ha visto la oportunidad perfecta para sacar tajada de un verano ideal para el periodismo fácil. El del «click». El de los titulares vacíos de fondo pero llenos de miedo. Miedo que meten a la gente aprovechando la complicada situación que vivimos. Informar no es asustar. Recuerdenlo, y decidan bien dónde y cómo se informan porque su salud mental también importa.

Entre rebrotes, un oleada de miedo a otro confinamiento y un verano que asoma a su final, Cayetana se colocaba en el centro del ruedo mediático. El Presidente Casado había hecho sonar los tres avisos para la que hasta ayer, era su portavoz en el Congreso. Una batería de argumentos -expuestos por el señor Casado para su marcha de la portavocía del Partido Popular- y contraargumentos recitaba Cayetana, con un cierto aroma a pataleta de colegio, a los periodistas frente a las puertas de la Cámara Baja. De su encuentro con los medios, me llamó la atención uno de los argumentos que expuso Cayetana como motivo de la discrepancia con Casado: la batalla cultural. Casado, dice Cayetana, no está dispuesto a faenar con la izquierda en esos terrenos. Ella sí. Y en eso, no le quito la razón. Ese precisamente era el punto fuerte de Cayetana, luchar contra la cultura lineal y vacía que persiguen ciertos partidos del espectro político rival. Pocos como ella han guerreado tanto en ese campo. Y me temo que, o cambian las cosas, o esa será una batalla perdida. No hay que dejar que la libertad abandone a la cultura. Y créanme, me es indiferente que esa libertad se llame Cayetana, Casado, Cuca o Almeida. El nombre es lo de menos. Lo importante es que, hacer oposición, también es defender la libertad. 

Imagen de portada, vía: EFE


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