El toro «Bailaor» -de la viuda de Ortega- acabó hace justo un siglo con la vida del «Rey de los toreros», Joselito El Gallo. «Bailaor», de cinco años y herrado con el número siete, fue un toro bronco y que no gustó desde el principio a Joselito. Mató a varios caballos y llegó a la muleta con problemas en la vista. Joselito era consciente de ello y así lo comentó con su cuadrilla instantes antes de que «Bailaor» le sorprendiera. Del momento del percance, se habla de dos derrotes. Uno en el muslo derecho, y otro, ya en el aire, en el bajo vientre. Así lo contaba Corrochano en su crónica para ABC: «Cuando le incorporaron me miró con cara de angustia, y me señaló con la mano la ingle, al mismo tiempo que se recogía los intestinos, que le asomaban». Joselito, consciente de la gravedad del percance y antes de expirar, reclamó que llamaran al doctor Mascarell. Esas fueron sus últimas palabras antes de morir. «Yo le he visto muerto, le he visto y no lo creo (…) No puedo creer que esté muerto quien unos minutos antes era la alegría de esta plaza y el sueño de todos las Empresas», relataba con angustia Corrochano. Una vez confirmado su fallecimiento en la enfermería de la plaza de toros, el toreo y España lloraba su muerte.

En portada de esta publicación recogemos una de las imágenes más trascendentes de este trágico suceso. El torero Ignacio Sánchez Mejías llora la muerte de -su cuñado- Joselito en la enfermería de Talavera de la Reina. Había muerto el Rey de los toreros.

  • Imagen de portada, vía: José Demaría Vázquez “Campúa» (ARCHIVO CAMPÚA)

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