• Redacción vía: DAVID BUSTOS

Joselito El Gallo marcó un antes y un después en el toreo. Su aportación a la Tauromaquia va mucho más allá de su legado como torero en cuanto a la profesión se refiere. Joselito fue un previsor, un adelantado a sus tiempos. Allanó el camino a los que le sucedieron, a pesar de que la historia le mantuvo silenciado durante muchos años. Algo muy diferente a lo que sucedió con Juan Belmonte, la otra parte del tándem -Gallito-Belmonte- que protagonizó la edad de oro del toreo en la segunda década del siglo XX. Sobre Belmonte se escribió mucho -destacando la biografía de Chaves Nogales-, no así sobre Gallito. Una vez se publica la obra «Joselito El Gallo, El Rey de los Toreros», Paco Aguado consigue devolver la importancia que merece Joselito y la afición comienza a valorar su legado. 

Cierto es que la historia siempre ha querido enfrentar a Gallito con Belmonte, y viceversa; sin embargo, analizando la trayectoria de ambos, aunque rivalizaron de manera muy importante, también se complementaron. Joselito tocó todos los «palos». Desde la estructura del toreo, hasta el tipo de toro y el concepto del toreo moderno. Exigió un toro con mayor duración y entrega, a diferencia del tipo de toro -más manso, brusco y de poco fondo- que se había lidiado durante el siglo XIX, e incluso durante los primeros años del XX. En definitiva, un toro más propicio para su toreo en redondo. Una evolución conceptual del toreo que da lugar al toreo moderno. Chicuelo, en primer lugar, y Manolete, posteriormente, serían los encargados de perfeccionarlo años más tarde. De hecho, este tipo de toro que pide Gallito también beneficiaba a Belmonte, que para nada se sentía cómodo con el toro brusco y sin apenas opciones en la muleta. Así pues, Gallito comprende los gustos del público de su época e impulsa un giro en el toreo que evoluciona de faenas más poderosas -en el que el primer tercio era la base de la faena, mientras la muleta era un mero trámite- a faenas más «artísticas». Un auténtico previsor y un mandón en el toreo. En los despachos, en el campo… Un apasionado de lo que hacía.

Las plazas monumentales fueron otra de las pretensiones de Gallito para revolucionar el toreo y darle una mayor dimensión en la sociedad. Sin embargo, sus ideas le llevaron a tener numerosos enfrentamientos con la aristocracia y la burguesía sevillana. Especialmente con los maestrantes. La Monumental de Sevilla, con una oferta -económica- más flexible y generalizada, obligaba a bajar los precios a La Maestranza y por lo tanto, a reducir sus ingresos. Tanto molestaban a cierto sector de la sociedad sevillana las ideas de Gallito que, tras su muerte en Talavera, terminarían cerrando la Monumental y años más tarde, demoliéndola. A pesar de ello, la influencia de Gallito continuó. Como su legado y su recuerdo. Por algo se le llama el Rey de los Toreros. 

  • Imagen de portada, vía: ESPASA CALPE 

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