• Redacción vía: DAVID BUSTOS

Siempre se critica, incluso desde el propio sector, que el toreo no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Que el mundo del toro no ha apostado por la innovación, a pesar de poder hacerlo sin perder su esencia. Porque los toros no son el fútbol, y si juegas con fuego, al final te puedes quemar. El coronavirus nos ha puesto entre la espada y la pared. Nos está llevando al límite y consecuencia de ello se ha despertado una crisis sin precedentes desde la Guerra Civil. Pero ya saben, en momentos así solo cabe crecerse ante el castigo. Como el toro bravo. Como el toro que embiste y se entrega hasta el final.

Con la temporada completamente parada y sin vislumbrar aún la luz al final del túnel, los aficionados han exigido día sí, día también, soluciones a los profesionales, empresas y demás responsables. Tras un primer paso hacia la innovación por parte del periodismo taurino a través de entrevistas en Instagram -una de las redes sociales más mediáticas en estos momentos-, y con la incertidumbre de si saldrá adelante la propuesta del Canal Toros de celebrar corridas a puerta cerrada, la ganadería de El Pilar fue la siguiente en «mojarse»: retransmitir la tienta de toros en el campo bajo la luz de la luna, en un formato de pago y visualización online. Diego Urdiales y Juan Mora romperían el hielo. 

Como agua en pleno desierto, la noticia supuso un alivio para combatir el «mono» de la afición que se aproxima ya a los dos meses desde que comenzó el confinamiento. Las opiniones eran dispares. Tampoco había unanimidad de si el formato era acertado o no. Pero como en tantas cosas, las cifras tienen la respuesta final: casi dos mil personas visualizaron en directo el primer tentadero a cargo del diestro Diego Urdiales frente a tres toros de El Pilar, uno de regalo por cortesía del ganadero tras los problemas técnicos. 

La iniciativa, más allá de los problemas técnicos y de una previa eterna que se extendió durante casi una hora, es de agradecer. Por el esfuerzo de innovar. Por la intención de hacer algo distinto y de acercar el toreo a los hogares. Cierto es que sobraron palabras vacías y sonidos externos en un marco que ya de por sí satisface al aficionado: una plaza de tientas, toro y torero bajo la luz de la luna, el sonido ambiente con la respiración de los dos protagonistas… ¿Hay algo más mágico que eso? Seguramente alguno piense que sí después de ver un par de verónicas de Urdiales en el Puerto de la Calderilla, una media de esas que pellizcan el alma y un soberbio cambio de mano. El riojano no tuvo suerte con los animales, flojos y de escasas opciones en su conjunto. El tercero, con la misma poca fuerza que los anteriores, tuvo más nobleza y menos brusquedad. Pedía un toque muy suave, y Urdiales se lo recetó al natural. Tres, cuatro o cinco de categoría. El streaming bajó la persiana con una emotiva imagen: Urdiales homenajeando a las víctimas del Covid-19, con un gesto de brindis al cielo y una vela junto a un lazo negro en el albero.


 

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