• Entrevista vía: DAVID BUSTOS

La presión siempre está presente en el ruedo de una plaza de toros. Desde el paseíllo, hasta que se produce la muerte del último toro. De hecho, en muchas ocasiones, la presión sigue presente incluso cuando los toreros se disponen a abandonar el coso. La afición los somete a una exigencia difícil de superar en muchas plazas. Las Ventas es la «cabeza» visible de ese elenco de cosos caracterizados por la seriedad de su afición. Exigente pero agradecida. Especialmente con los toreros que se entregan en su albero y se mantienen fiel a sus principios. El torero Gómez del Pilar es uno de ellos. Se ha convertido en un pilar imprescindible en el circuito de las corridas duras. Al menos en la calle Alcalá. Cuando hay actitud y ganas, el sentimiento es recíproco. 

«Sabiendo que uno iba a empezar la temporada ya mismo, porque yo tenía un festival en Portugal, en Vila Franca de Xira, luego venía Saint Martin de Crau, y varias cosas más ya hechas, pues la preparación estaba siendo importante, como me la tomo todos los años. Sabiendo que hay cosas importantes por delante, uno se mentaliza mucho más. La preparación psicológica es más fuerte«, asegura. Sin embargo, ahora esas previsiones del invierno se han caído de golpe por el coronavirus: «No sabemos cómo va a romper esto. Es una duda y una incertidumbre que tenemos todos«. El futuro es incierto, pero sus inicios los recuerda con claridad. Su paso por la Escuela Taurina «Marcial Lalanda», su prometedor paso como novillero por Madrid, la alternativa en Añover de Tajo… Así lo recuerda Noé: «Mi paso por la escuela me sirvió muchísimo como persona. Es cierto que a lo mejor son etapas en las que uno puede estar más con las amistades, de más fiesta… Pero cuando ya te dicen de ir al campo, uno va cogiendo más responsabilidad. Son momentos muy bonitos, por esa felicidad, esa inconsciencia, esa incertidumbre… Ahora ya tenemos los pies en el suelo, tenemos más conciencia y sabemos que tenemos que arrear. A mi la escuela me marcó mucho y tuve unos maestros importantes, que me enseñaron de todo. Para experimentar, es algo muy bonito». Aquella tarde de novillero en la feria de San Isidro 2012 sigue en la mente de todo aficionado: «Ese día fue cuando a Gómez del Pilar se le empezó a conocer de verdad. Fue una tarde redonda, se juntaron muchos factores menos el que se tenía que juntar, que fue la espada. Pero a pesar del pinchazo, creo que aquello debió ser algo muy fuerte porque a día de hoy la gente todavía sigue recordándolo. Me siento orgulloso de haber plasmado las dos faenas de aquel día. De no tener nada, a cerrar treinta novilladas, desde Pamplona, Málaga, Sevilla… Todo gracias a esa novillada». 

Después de su prometedora etapa como novillero, la afición esperaba una alternativa en una plaza importante. Incluso se pensó en Madrid. Pero finalmente fue Añover de Tajo el lugar elegido para el doctorado: «Hubo conversaciones con empresas, también con la de Madrid, pero por circunstancias no hubo entendimiento y se decidió tomarla en Añover. No sé si fue acertado o fue una equivocación. En ese momento me dolió muchísimo no poder tomarla en una plaza con una importancia mayor, pero a día de hoy lo agradezco», asegura. Después de la alternativa, todos los novilleros reconocen que tienen miedo al parón posterior. Miedo a no torear más: «Son momentos en los que no sabes ni siquiera si vas a poder torear una vaca en el campo. Yo lo que hice fue tirar de afición. Si uno tiene afición… Yo me levantaba todos los días para ir a entrenar». Noé decidió aprovechar cualquier oportunidad y fue adquiriendo madurez en el llamado Valle del Terror. También es festivales. Hasta que llega Illescas y el indulto al toro de Victorino. Un acontecimiento que le abriría las puertas de Madrid. «En el Valle del Tiétar estuve toreando alrededor de dos años y me sirvió muchísimo para enfrentarme a ese toro que nunca crees que puede salir, pero sale. No solo sale en Madrid o en Bilbao. También en Cenicientos, en La Adrada… Y además de torear festivales, una plaza que me dio mucha moral fue Cutervo. Pude torear dos tardes, y en la segunda corté cuatro orejas y un rabo, y pude indultar un toro Juan Bernardo Caicedo. A partir de ahí cogí un aire distinto. Luego nos propusieron la corrida de Victorino en Illescas y bueno, tengo que dar las gracias a Platónico por haber salido ese día, por haber coincidido los dos. Con ese toro se firmó la confirmación al año siguiente», destaca el diestro. Tras la confirmación de alternativa en Madrid, Gómez del Pilar fue cuajando dignas actuaciones en sus sucesivas tardes en el coso venteño. De ahí su idilio con esta plaza. «Tener el reconocimiento de la afición de Madrid es algo muy importante. Madrid es muy peculiar porque en ella es muy difícil triunfar, pero a la vez yo creo que es muy fácil. Hay que ir muy dispuesto para darlo todo. Hay que jugársela sí o sí», comenta. Y precisamente eso, su actitud, es la que le ha permitido conectar con el aficionado venteño de manera tan notable –e importante– y ganarse su valioso respeto. Algo que también ha conseguido en Francia: «Francia es distinta. Tienes que estar muy mal para que te peguen un abucheo. El aficionado francés es diferente al español. Aquí no tenemos tanta paciencia. Tengo que estar muy agradecido a la afición francesa porque de novillero tuve la suerte de poder ir pero hubo ciertas cosas que no terminaron de encajar. Y a pesar de ello, como matador de toros tengo que agradecerles enormemente el hecho de confiar en mí. Cuando uno va a Francia sabe a lo que va. Yo voy muy feliz y estoy súper orgulloso de matar este tipo de corridas de toros«, concluye. 

  • Imagen de portada, vía: PLAZA 1

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