• Entrevista vía: DAVID BUSTOS

Estamos acostumbrados a juzgar a los toreros por fuera, por lo que vemos en una tarde, a una hora y en un momento determinado. Sin embargo, en la gran mayoría de ocasiones desconocemos el interior de cada uno de ellos. Saúl Jiménez Fortes es uno de esos toreros predilectos para el aficionado más clásico y purista, el que gusta del toreo despacio, lento… El de mayor verdad. «Visto desde fuera y con honestidad, pienso que me ha faltado esa gran faena en Madrid, ese triunfo en grandes ferias, o hacer una temporada larga con la suficiente regularidad y con los suficientes triunfos. Haber dado ese golpe en la mesa que me situara donde yo siempre he querido estar«, reconoce con sinceridad, una virtud que tantas veces se echa en falta en la vida. A pesar de ello, Fortes tiene claro que «no cambiaría nada del pasado«. Ser autocrítico no significa dejar de valorar lo realizado hasta el momento, u olvidar la parte positiva, que a veces, queda en un segundo plano: «Mis circunstancias han sido muy peculiares, y soy consciente de los porqués de cuando no he podido dar lo mejor de mí. He evolucionado mucho desde que tomé la alternativa en el 2011. El 2012 fue un año en el que triunfé muchísimo. Pero taurinamente, considero que está muy lejos el nivel del 2012 del de 2018. La peor faena del 2018 tiene cosas muchísimos más bonitas y mucho más maduras. Ha sido una evolución de año en año muy notoria y eso es consecuencia del trabajo realizado. Es reconfortante ver que todo ese trabajo no ha sido en balde. El hecho de no haya habido ese triunfo no quiere decir que este desencaminado. Creo que se ha ido por el camino correcto aunque haya faltado esa grande tarde o ese gran triunfo». 

En directo por Instagram, Fortes recuerda algunos momentos destacables en su carrera: «Recuerdo el San Isidro del 2017 que, sin haber un triunfo, creo que fue un paso por Madrid importantísimo. Salí de ese San Isidro con la sensación de bueno, sé que no he cumplido con el objetivo que a lo mejor yo me había marcado que era salir a hombros en Madrid, pero también sé que no se podía hacer mucho más». Entre esas tardes importantes, también ha habido tardes muy duras y accidentadas. Madrid, Vitigudino… Y otra vez Madrid. Un percance, el de la Feria de Otoño de 2018, que le ha mantenido alejado de los ruedos prácticamente un año y medio: «En un principio me dijeron que se había partido el peroné, que eso era algo leve y que en un mes o así ya estaría bien. Luego me dijeron que podían ser tres meses por lo del tobillo, pero en ningún momento pensábamos que pudiera ser lo que finalmente ha sido. Después de las dos cornadas del cuello, a veces bromeaba y decía que si me tenían que coger los toros, que fuera de cintura para abajo. Y fíjate, esto fue abajo del todo», dice con un humor admirable, ya que durante este duro trance tuvo que pasar por el quirófano hasta en seis ocasiones. «No ha sido fácil. El consuelo que tenía era pensar que cada operación, iba a ser la última. Yo soy una persona muy optimista por naturaleza, y todo el equipo médico también pensaba eso, pero al final todo se fue complicando. Digamos que han sido cuatro diagnósticos diferentes, cuatro complicaciones que no tienen mucho que ver unas con otras, pero que se han ido encadenando y han provocado las seis cirugías», asegura.

El sufrimiento es parte de la vida, y dicen que de lo malo también se aprende. Fortes, con su ejemplo de vida y de superación, así lo confirma: «Se ha hecho largo pero a la vez ha sido un año de mucha maduración. Quizás, como lo que mucha gente puede estar experimentando ahora. Ese parón te permite ver las cosas desde otra perspectiva. Disfruté del toreo de otra manera, de mis compañeros y me permitió también reflexionar sobre mi toreo. Todo eso tendrá sus frutos cuando vuelva a la plaza. Estoy convencido de que el día que reaparezca seré un torero muy diferente«. Pero las circunstancias mandan, y desgraciadamente la reaparición prevista para Zaragoza tendrá que esperar. La afición sabrá esperar la vuelta de un torero que tan buenas sensaciones dejó en 2018, especialmente en Madrid y en su casa, en Málaga: «Después de la tarde de Málaga, hubo muchísimas personas que me confesaron que lloraron durante la faena. Eso es algo muy bonito, y para eso uno es torero, para emocionar a la gente y transmitir ese sentimiento que uno tiene».

  • Imagen de portada, vía: PLAZA 1

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