• Redacción vía: DAVID BUSTOS

La pandemia de Coronavirus está sacando la parte buena y la parte mala de todo el mundo. Nos está obligando a retratarnos con nuestros actos. De tal manera que cuando todo esto acabe y venzamos al virus, unos podrán tener la conciencia tranquila, pero no todos. Que cada uno juzgue sus palabras y sus acciones durante estos días. Hoy presentamos «El animalismo se desmonta solo«, una iniciativa que pondrá su foco de atención en las redes sociales. ¿El objetivo? Demostrar que el animalismo se desmonta solo. En la primera entrega de esta iniciativa, el animalismo desmonta uno de sus principales argumentos contra la Tauromaquia: «A nosotros sí nos importan los toros, no como a los taurinos». Pues bien, a raíz de las numerosas suspensiones de festejos taurinos, los aplazamientos de ferias, y la paralización absoluta de la temporada taurina, los considerados «animalistas» y «antitaurinos» han inundado las redes con mensajes de alegría y satisfacción ante esta situación. ¿Por qué? Uno de los usuarios que os traemos como ejemplo, os responde de manera clara: «Me suda la polla el toro de lidia«, afirma en uno de sus tweets. 

Desde el mundo del toro siempre se ha explicado que el toro de lidia tiene un valor genético incalculable, y que el toro nace y se cría para ser lidiado en una plaza. Cualquier otro uso para este animal haría insostenible su crianza y supervivencia. Cualquier otro destino provocaría la extinción, más pronto que tarde, de una raza única. De hecho, esta paralización y la previsión de que en 2020 no pudieran celebrarse festejos taurinos está provocando que muchos ganaderos de toros bravos estén viéndose obligados a enviar animales al matadero: ¡Sin corridas, no hay toros! 

Una información publicada por el diario El Mundo cifra en 12.000 el número de toros que podrían acabar en el matadero si finalmente la temporada se suspende. Esto, evidentemente, es una catástrofe. Una desgracia que, sin embargo, sustenta lo explicado anteriormente: el toro nace y se cría para ser lidiado en una plaza. A pesar de ello, los «animalistas» se alegran. Prefieren la extinción del toro antes que ceder en sus pretensiones autoritarias. Prefieren que el toro de lidia muera como raza –e incluso como una metaraza– antes que apostar por su supervivencia, más allá de gustos personales. Bromas, ataques, descalificaciones… Y un mensaje: «Que desaparezca el toro de lidia no me importa». Así piensa el «animalismo». Así se desmonta a sí mismo el animalismo. Por último, algunos ejemplos recientes para que reflexionen: 


 

Un comentario en «El animalismo se desmonta solo (I): «Me suda la polla el toro de lidia»»
  1. No es cierto que el toro que crían para lidia termine en una plaza, de hecho muy pocos llegan a ella, el estimado es un 6%, puesto que la mayoría o son torturados en becerradas, los usado en entrenamientos de novilleros y toreros que pueden sufrir mucho más que en una plaza porque no hay quien vigile cuántas veces son banderillados, esto quemados o apuntillados en esos entrenamientos a puerta cerrada, otros que resultan descartados igual terminan en un matadero, entonces 12.000 toros es una cifra pequeña para los centenares de miles que no terminan en ninguna plaza.
    Ahora bien, a los toros que se supone indultan, muy pocos se recuperan de las heridas causadas por la puya y las banderillas, han hecho tanto daño que los músculos y las infecciones terminan matandolos, por otro lado los toros insultados no lo son sólo por qué pueda seguro vivos, sino que son usados para continuar el negocio, igual las vacas nodrizas, solo las mantienen mientras puedan parir toros, cuando no, las envían a mataderos.
    Entonces si, si ha de desaparecer el toro de lidia, que desaparezca y acabe este sádico negocio.

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