• Entrevista vía: DAVID BUSTOS

Directo con Chapu Apaolaza en Instagram (11/04/2020):

P. Además de periodista y corredor de encierros, eres portavoz de la Fundación Toro de Lidia. ¿Cómo surge la oportunidad de defender a la Tauromaquia en la primera línea de combate?

R. La Fundación nace en el año 2015 cuando se empiezan a detectar unos ataques muy fuertes contra la Tauromaquia y se crea una sensación de impunidad absoluta frente a esos ataques que eran políticos, judiciales, de censura de la libertad cultural, en redes sociales… Debido a esa sensación de impunidad y de pensar que se podía acabar con la Fiesta de los toros y que no pasaría nada, gente del mundo del toro va construyendo poco a poco la Fundación. Todo ello con la unión de todas las partes del sector y con el objetivo de defender la Fiesta. El primer gran trabajo de la Fundación fue el de la comisión jurídica, interponiendo con ayuda de los abogados más de sesenta causas judiciales para proteger de los ataques a todos los niveles: municipal, autonómico, estatal, Cataluña prohibía la Fiesta de los toros… También en la lucha contra las olas de odio en las redes que recibían los aficionados, y que recibieron con mucha dureza las familias y los amigos de los maestros Víctor Barrio y Fandiño, además de la familia y el niño Adrián Hinojosa. Además se empezó a hacer un lobby político, discreto pero no oscuro, para convencer a los políticos de la necesidad de proteger la Tauromaquia. En ese sentido, también empezó una estrategia pensada dentro de todo ese plan, que era ser un poco el puente con la sociedad y tener un argumentario. Una manera de hablarle a la sociedad y de decirla quiénes somos y por qué tenemos derecho a hacer lo que hacemos. En ese momento el proyecto de la Fundación se cruzó conmigo, el director general Borja Cardelús habló conmigo para tratar este tema porque yo yo hacía un tiempo venía trabajando, de manera personal pero también pública con conferencias, sobre un nuevo argumentario sobre la Tauromaquia. No nuevo, porque no se inventó nada, pero sí razonar y repensar por qué teníamos derecho a hacer la Fiesta de los toros en todas sus vertientes. A partir de ahí, la dirección de la Fundación y su presidente, Victorino Martín, me encargaron la tarea de consensuar, depurar y repensar ese argumentario, para elaborar argumentos que tuvieran una unidad y presentarlos ante la sociedad. Además de liberar en los medios de comunicación una batalla que antes parecía muy difícil y ahora ya no lo parece tanto. Así es como yo comencé a formar parte del equipo de la Fundación y les agradezco mucho su confianza, ha sido un honor enorme defender y llevar un proyecto tan útil, del que me siento muy orgulloso, con un equipo tan bueno de profesionales. Representar a la Fiesta de los toros es muy importante para mi, también para todos, así como darme de que se podía ir más allá, se podía ir por ejemplo a las televisiones a defender lo nuestro con argumentos muy válidos. Esto ha funcionado porque mucha gente del toro se ha atrevido a seguirnos el paso, y dar ese paso hacia adelante y salir al ruedo, a la calle, a decir yo soy aficionado a los toros y creo que el mundo es mejor con toros. 

P. A raíz de este nuevo argumentario, se optó por guiar más esos argumentos hacia la libertad, que a la tradición. Hasta la creación de la Fundación, la tradición parecía la única arma de defensa de la Tauromaquia.

R. En ese sentido ha habido algunos cambios que han funcionado. La tradición es muy importante y no creemos que haya que desecharla. Además de todos esos argumentos, los de la tradición, la economía, la influencia en grandes obras de artistas, la cultura, la naturaleza que hay alrededor… Había que ver si este mundo era mejor con toros. Si estaba bien o no sacrificar un toro en público según un rito. Nosotros estamos muy orgullosos de la Tauromaquia. Entonces, a partir de ahí se establece un argumentario que apoya la gran batalla que se está librando, entre humanismo y animalismo. Es decir, sacrificar o usar un animal, ¿es un delito, una tortura o un asesinato? Porque si decidimos que matar un toro es un asesinato, todos los que comemos carne, el 98% de la sociedad, somos unos asesinos. Y si pensamos que se puede ver las cosas o no. Es decir, es un tema de libertad, y eso es fundamental. En ese sentido, no sólo hay que proteger a la Tauromaquia, sino que es la Tauromaquia la que protege a la sociedad. 

P. En esa misma dirección, no hay que olvidar que todos los ataques que se vierten contra la Tauromaquia, son ataques también contra el mundo rural.

R. La Fundación lleva a cabo muchísimos proyectos para recuperar espacios de libertad: todos los capítulos provinciales, el RACTU, Wikitauro, conferencias… El animalismo es una creencia que viene de mundos urbanos, mayormente de Estados Unidos, que crece en las grandes ciudades, y que dice que tenemos el mismo derecho a la vida que un animal. De hecho, algunos de sus ideólogos o filósofos pueden llegar a sostener que el animal tiene más derecho a la vida que nosotros. Todo ese mar viene a romper en las piedras de la Tauromaquia, que es un dique. Pero, ese dique protege otras muchas cosas. Ahora estamos viendo el drama que estamos viendo con el Covid-19, y la necesidad que estamos teniendo como civilización y como especie incluso, de poner en pie una vacuna. La experimentación con animales según el animalismo no tiene sentido, dicen que no tenemos derecho a probar una vacuna en un conejo o en un cerdo, por ejemplo. La Tauromaquia protege muchísimas cosas de la sociedad, y por eso es tan importante su existencia. Es como si prohíben la poesía, la música, la literatura, la gastronomía… Es impensable. Si no, el mundo rural estaría muerto en toda su dimensión. La presidenta de PACMA, Laura Duarte, me confesó en un programa de televisión el otro día que el futuro que ellos concebían era uno sin ganaderías. Ni de toros ni de nada. Todo esto supondría la extinción de nuestra civilización.

P. Mucha piensa que el hecho de que PACMA no haya obtenido representación, y que además haya perdido apoyos, significa que el animalismo ha perdido la batalla.

R. Nosotros nunca hemos juzgado una postura en la sociedad por cuánta gente la respalda. Tampoco lo admitimos con nosotros. Cuando nos dicen vais poca gente a los toros… No. A los toros va mucha gente. Pero, ¿y qué pasa si fuera poca? Por mucho que PACMA tuviera treinta escaños en España no serían mejores ideas las que defienden. Pero sí es verdad, que el mundo animalista que nos está reprochando siempre que cada vez menos gente va a las plazas de toros, cuando se han puesto urnas no han conseguido ni un solo parlamentario, ni un solo diputado en el Congreso, ni un solo senador, ni un solo concejal, ni un solo diputado autonómico y ni un solo europarlamentario. De todas formas no juzgamos los argumentos por las mayorías porque nos parece peligroso. Nos parece una dictadura. Pero no solo hay que ver la representación que tienen, sino el eco que le dan otros partidos a sus argumentarios. Podemos y Adelante Andalucía, por ejemplo, hicieron suyo gran parte del ideario animalista. Al margen de la visión de la sociedad que tenga cada uno, que cada uno es libre de ser más de derechas o de izquierdas, parece inverosímil que partidos pretendidamente ecologistas, hayan comprado el ideario animalista. A nosotros nos parece importante cuál es la visión que tiene la sociedad del animalismo. La gente que piensa que el animalismo es abrazar gatos y salvar perros, que está muy bien, pues está muy equivocada. El animalismo no es eso. Y hay que enseñarles lo que es. Hay que debatir desde el respeto, no intentar callarles porque es un error. No se trata de convencerles, se trata de hablar, dialogar y entender qué es lo que quieren. No hay convencer al antitaurino, sino al resto que también nos escucha. A toda la audiencia. 

P. El discurso de Victorino en el Senado o su comparecencia hace unos meses en el Parlamento de Navarra fue un alegato en defensa de la libertad. En pleno siglo XXI no se entiende que tengamos que recordar que la libertad es para todos… 

R. Para la Fundación esa ha sido una labor importante. Se ha hecho un esfuerzo por llevar a las instituciones el mensaje, con ese discurso histórico de nuestro presidente en el Senado o en el Parlamento de Navarra a donde acudí yo mismo, a defender algo tan increíble como que no se podían utilizar trampas, estudios inexistentes y la ciencia para intentar censurar la libertad cultural de nuestros hijos y nuestra manera de enseñar la vida y el toro a los nuestros. Hay un informe que era de una comisión de la ONU que fuimos a rebatir al Parlamento de Navarra, que decía que los toros generaban conflictos, violencia y daños en los menores. Bueno, todavía no han aparecido esos informes que se citaban, no hay ningún informe… Pero esto no es nuevo. Ya ha sucedido con los cómics, la música punk, el heavy, los videojuegos… Son debates súper arcaicos y ya superados.

P. El mito de las subvenciones es también algo habitual en el argumentario de la Industria Animalista cuando ataca a la Tauromaquia.

R. Se ha intentado rebatir siempre este asunto de las subvenciones. Los toros no se subvencionan. Comparado con otras industrias, las subvenciones son mucho menores. Desde el punto de vista del Estado, no hay subvenciones a los toros. Hay una subvención del Premio Nacional de Tauromaquia, hay una para tema de redes sociales y de cultura a la Fundación, al igual que sucede con otras fundaciones, y no hay mucho más. El Estado no da nada a la Tauromaquia y recibe muchísimo, decenas de millones de euros en impuestos y en todo lo que genera la economía del toro. Luego está el caso de las Comunidades Autónomas. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid recibe por el canon de Las Ventas muchísimo dinero pero hay una parte que la dedica a la Escuela Taurina, o el Ayuntamiento de Madrid, ¿por qué se tiene que considerar eso una subvención? Cuando se dice también que se subvenciona la Tauromaquia por programas turísticos relacionados con ganaderías… Es absurdo. Lo que se está promocionando es el destino turístico. Y el colmo de todo es cuando dicen que los ayuntamientos subvencionan la Fiesta de los toros. Cuando un ayuntamiento decide que se va a hacer una corrida de toros, una novillada o un encierro en el pueblo, no es una subvención, es una programación. Por mucho que lo pague entero el ayuntamiento, es una programación. Al mundo de los toros no lo subvenciona nadie. Y cuando me preguntan y cómo funciona entonces, pues muy sencillo, porque hay cinco millones de espectadores al año que pagan su entrada, o porque hay veinte millones de personas que salen a sus calles a sentir el contacto con el toro. Eso es algo que no entienden… Vale que no lo entiendan, pero que lo respeten. 

P. Va a ser muy complicado que se celebre San Fermín este año, al menos en sus fechas.

R. Yo no sé cuándo va a ser San Fermín, si se va a poner otra fecha o se va a posponer indefinidamente… Yo como sanferminero solo puedo ponerme al lado de lo que Pamplona y su gente decida, y apoyarla. 

P. Atendiendo al debate de los últimos años, ¿ha perdido emoción el encierro de Pamplona?

RYo creo que no. La emoción del encierro está muy por encima de lo que puedan hacer determinados cabestros o si en un momento de la historia los toros se caían más o se caían menos. La emoción del encierro va mucho más allá. El hecho de que alguien sin ninguna necesidad de hacerlo se juegue la vida por encontrarse así mismo, por encontrarse con su cultura, con su civilización, con la Fiesta… Que se ponga delante de un toro para vivir la vida me parece uno de los grandes misterios, y ese misterio sigue intacto. Luego están los pequeños matices de cada carrera o de cada momento de la historia del encierro. Si que puede ser que en los últimos años por algunos factores, el encierro haya sido menos accidentado. Yo ese argumento lo entiendo y es verdad que puede ser que haya pasado eso. Otra cosa es el porqué de que se haya hecho eso. Si se ha hecho con una intención muy buena de que los toros se hagan menos daño y que el encierro funcione más a la perfección en el traslado de los toros a la plaza, pues no hay que reprocharlo. Otra cosa es que se hubiera hecho para restarle emoción, que yo creo que no. Eso sería grave. Pero también puede haber consecuencias negativas de esta evolución, como por ejemplo que haya gente que pueda pensar que aquí no va a pasar nada y que puede estar en la calle. Que se acostumbren a pensar eso y cuando llegue la tragedia, porque llegará desgraciadamente pero también es parte del juego, pues se cree una especie de sobresalto que termine con el encierro. Nosotros somos muy pequeños y el encierro es muy grande. Siempre intentamos mejorarlo porque es parte de nosotros. Pero cuanto menos se toque, mejor. Yo creo no habría que tocar el encierro, ni haberlo hecho ni hacerlo ahora. No hay que revertir nada, porque esconde un peligro… Si nosotros aceptamos por una mayor emoción o espectacularidad del encierro revertir unas cosas, ¿por qué no se van revertir cuando suceda algo malo por motivos de seguridad? Cambiar el encierro, incluso ahora, supondría debilitar el blindaje que tiene. 

P. Donde está claro que no falta emoción es en el Pilón de Falces…

R. Falces para mi es un encierro muy especial. Es una montaña casi espiritual, es un encierro casi interior, silencioso, en mitad del campo, sin barreras, sin gentíos, con amigos que saben tu vida y tu la suya, sin prácticamente espectadores allí arriba, sin asfalto, sin camino… Solo piedras y la cuesta, eso es fantástico. En Navarra hay una manera de vivir los toros maravillosa. 

  • Imagen de portada de la entrevista en directo, vía: LIBERTAD DIGITAL 

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