• Columna vía: DAVID BUSTOS

Todos tenemos en nuestro círculo de amistades a esa persona que derrocha valores con solo abrir la boca. Tan sólo con escucharla es suficiente para darse cuenta de lo mucho que vale y lo diferente que es. Hoy, día 27 del confinamiento, tuve el placer de confirmar algo que tenía claro que era real y no un simple pensamiento o una intuición. El Ciclón de Jerez es también un ciclón de valores. La carrera como matador de toros de Juan José Padilla fue un ejercicio constante de superación, de sufrimiento, de muchos y muy duros percances. Los toros le han pegado muy fuerte, y a pesar de ello, tan sólo salen de su boca palabras de agradecimiento hacia el toro. También hacia la afición, hacia sus compañeros, empresarios, familia… 

Padilla, como todos, vive con mucha preocupación todo lo que está ocurriendo. España, en estos momento, está sumergida en una verdadera tragedia, y él, desgraciadamente, sabe muy bien lo que es estar cerca de la muerte. El percance de Zaragoza, entre otros muchos, marcó un antes y un después en su carrera. Un punto de inflexión. Nadie pensaba que volveríamos a ver a Padilla en los ruedos tras lo sucedido en el coso de La Misericordia. Era lógico pensar eso, pero sobre un torero, nunca digas nunca. Meses después reaparecía en Olivenza y salía a hombros. Hoy, ya no está en activo, pero un torero nunca deja de serlo. «Yo seré torero hasta que me muera», afirmaba hoy. Gracias torero. Gracias por su ejemplo de vida.

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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