• Columna vía: DAVID BUSTOS

No me digan que es primavera. No me lo digan por favor. Ya tengo suficiente con ver cada día el espacio del tiempo en los telediarios y que nos digan eso de «va a llover, no se olviden el paraguas», o «se prevén buenas temperaturas para el fin de semana». ¡Y a mí qué más me da oiga! Que estoy en casa encerrado. Que tan sólo tengo siete pasos de un lado a otro de la terraza para respirar aire «en libertad». Que hoy volvió a despertar Madrid entre copos de nieve y un frío invernal. Faltaban los Reyes Magos y ya… Enero. Como si fuera enero, oye. ¡Quién pudiera volver a enero… O acelerar este maldito reloj! No me digan que es primavera. No me lo digan porque ya lo sé. Díganme que es verano, díganme que todo esto ha pasado. Díganme que esto fue un sueño, una pesadilla, y que pronto despertaremos de ella. Maldita primavera…

No es momento para hablar de supersticiones, pero marzo y yo no nos llevamos nada bien. Cuento las horas que le quedan para acabar, y deseo que le dé ya el relevo a abril. El abril de la esperanza. El abril que nos diga «lo peor ha pasado y el final está más cerca». Marzo ha sido un cabrón. Un mes para olvidar. Del primer día al último. Hacía tiempo que no tenía tantas ganas de arrancar una hoja en el calendario… Marzo fue un querer y no poder de viajes, ferias, planes… En definitiva, sueños que pudieron ser, y que aún esperan. Abril, trae luz, que falta hace entre tanta oscuridad.

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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