• Columna vía: DAVID BUSTOS

¿Recordáis a Pepe Reina cantando aquello de «¡Camarero, camarero!» en la celebración de la Eurocopa del 2008? Pues algo parecido se debió cantar en La Moncloa cuando cerraron la compra de miles de test a una empresa sin licencia para hacer frente al Coronavirus. Claro, así ha pasado, que no son fiables y ni siquiera tienen la calidad mínima necesaria. Claro, así ha pasado, que aún seguimos sin realizar el mismo número de test que otros países, que ya «gozan de una mejor evolución» de la enfermedad. Claro, y a pesar de todo, de tantos errores, se supone que debemos seguir confiando en ellos, ¿no? ¿Quién es el valiente o la valiente que se atreve a ello? No estamos para tonterías, oigan. Hicisteis que las calles ardieran por el sacrifico de un perro en la «crisis» del Ébola. Y ahora que llevamos casi 6000 muertos, ¿nos piden confianza y lanzan los balones afuera? Pero ustedes, ¿de qué van? Sé que no es momento para entrar en peleas pero… Tengan un poco de vergüenza torera, hombre. Un poco de dignidad, de respeto y de altura de Estado. 

Hablando de seriedad, de dignidad, de respeto… Permítanme que tenga un recuerdo para una persona que nos dejó hace unos días por culpa de esta maldita enfermedad. Un hombre de los pies a la cabeza. Un ganadero que puso a su hierro a la altura de muy pocos. El «creador» del gran «Hebreo». Sin duda, uno de los toros que más ha merecido el indulto en el coso de la calle Alcalá en los últimos años. Él derrochó bravura en cada embestida; su ganadero, entrega en cada palabra y acto. Don Borja Domecq, ahora la estrella de Jandilla brillará con más fuerza que nunca. En el cielo y en los ruedos. Mi más sentido recuerdo para él. Descanse en paz, ganadero. 

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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