• Artículo vía: DAVID BUSTOS

Caía la noche en Madrid con la misma incertidumbre y el mismo el dolor que días anteriores. Mientras unos dormían intranquilos en sus lechos, otros se enfrentaban a la muerte con la esperanza de no abandonar la vida. Las agujas del reloj avanzaban sin prisa. A paso lento hasta que el cielo de la capital comenzó a abrirse. A las puertas de abril, ya en el inicio de la primavera, lo que menos se espera uno es ver nevar en Madrid. Pero, ¿acaso hay algo normal en estos días? Caían copos sobre un centro desierto de personas pero colapsado de silencios. Nevaba sobre el símbolo de la resistencia madrileña en esta batalla: el IFEMA. Y también sobre el lugar de la derrota, un Palacio de Hielo convertido en morgue. Se me parte el alma de ver como un lugar como ese, de diversión familiar, ahora es un lugar de soledad inhumana. Nevaba en Madrid sobre la oscuridad de sus calles. Era nieve de luto. 

Hoy no gritaban los niños en los parques jugando con la nieve. Tampoco sonreían ni siquiera asomados a sus ventanas. En estos días, ellos también son pequeños héroes. A su edad, tan inocentes como alejados de la dura realidad, «sobreviven» día tras día entre cuatro paredes, sin poder correr o saltar. No entiende el porqué de todo esto. No entienden porque en la televisión solo se habla del Coronavirus. No entienden porque no pueden ver a sus abuelos. O a sus amigos. Algunos juegan con sus toros, sueñan con ser toreros… Y preguntan a sus padres si algún día volverán a salir por esa puerta que les separa de la libertad, para cumplir sus sueños. Dulces sueños.

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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