• Columna vía: DAVID BUSTOS

Quien siembra vientos, cosecha tempestades, dice el dicho. Ayer, día octavo del «encierro», los clarines que deberían de haber sonado en Castellón con motivo de la feria de la Magdalena, u hoy en la apertura de la temporada en Madrid, fueron sustituidos por cacerolas. Ya saben el porqué y no seré yo quien entre a valorar ahora estas iniciativas. Oímos y reiteramos cada día que, aunque son días duros y vendrán semanas complicadas, debemos estar unidos para combatir esta difícil situación. Pero no solo hay que estar unidos en la esfera política, sino también trasladar y sentir el apoyo de todo nuestro entorno. De los que están cerca, y de los que están más lejos. ¿Acaso no es este un «buen» momento para salir reforzados y volver a la normalidad, en cuanto se pueda, con más fuerza que nunca? ¿No creen que de todo lo malo, hasta de catástrofes como la que está sucediendo con el Coronavirus en España, se pueden aprender nuevas cosas y aprendizajes para el futuro? 

El mundo del toro debe aprender. Debe aprender a ser previsor para anticiparse a los acontecimientos. ¿Cuántos inviernos van a seguir pasando, uno tras otro, sin que haya ningún cambio o propuesta nueva para mejorar la situación del sector taurino? ¿De verdad tenemos que ver las orejas al lobo o que se nos venga el mundo encima, como está ocurriendo con esta pandemia y tantas suspensiones, para darnos cuenta de que estamos perdiendo demasiado tiempo? Desgraciadamente, ahora la grave crisis del Covid-19 nos ha puesto entre la espada y la pared. A la sociedad y a la Tauromaquia. A los ganaderos, a los empresarios, a los toreros… No podemos fallar. 

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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