• Artículo vía: DAVID BUSTOS

El Coronavirus ha sacudido nuestra vida, nuestra mente y nuestro presente más inmediato. Cuando nadie valoraba salir a dar un simple paseo al aire libre, cuando nadie era consciente de lo valioso que es abrazar o dar la mano a quien quieres, cuando nadie pensaba que su vida podía frenarse en seco, en ese mismo instante, llegó esta maldita pandemia. El Covid-19 nos ha puesto a todos de acuerdo. Nos ha hecho odiar y querer al mismo tiempo. Nos ha obligado a «correr» y vivir un encierro distinto. Un confinamiento desesperante, y a la vez, necesario. Un aislamiento lleno de incertidumbre y a la vez de esperanza. Este no es un camino sin fin. No es un túnel sin luz al final de él. Es un sendero hacia la cima. Hacia la victoria. Venceremos al virus y volveremos todos a sonreír. Nos abrazaremos, miraremos hacia atrás y pasaremos página. Seguiremos caminando pero sin olvidar a quien se quedó atrás en el camino. 

Estos días hemos escuchado en numerosas ocasiones que el Coronavirus no entiende de territorios ni de ideologías. Y evidentemente, es así. El Covid-19 es un enemigo común a todos y la unión –de la sociedad al completo-, la mejor arma para combatirlo. La situación es complicada, en la ciudad y en el campo. También en los toros. El campo bravo vive momentos realmente dramáticos. Suspensiones, aplazamientos y una temporada en el aire. Corridas preparadas, toros reseñados y una vacada que alimentar para garantizar su supervivencia. En la dehesa el aislamiento es distinto. El toro no entiende de pandemias y requiere de los mismos cuidados. Por eso, los ganaderos merecen todo nuestro apoyo y ánimo. Y un consejo, hagan oídos sordos a quien no merece vuestro tiempo, ni vuestra atención. Los antitaurinos no entienden de empatía. Nunca la tuvieron y tampoco la esperamos. 

Crecerse ante el castigo es, sin duda, el dicho «taurino» que debería de estar presente cada día en todos los hogares de España. Son momentos duros e inéditos. Vivimos en una película de terror, que más allá de ser ficción, es de carne y hueso. La declaración del Estado de Alarma, hace ya seis largos días, dio paso a un periodo que está siendo, y será, complicado. Vienen semanas difíciles, pero vendrán semanas mejores. Ha sido un comienzo duro y oscuro. Pero la luz irá llegando. Solo hay que esperarla. No pierdan el ánimo, no lo hagan. No piensen en hoy, piensen en mañana. 

  • Imagen de portada, vía: ARRIBES TAURINAS

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