• Crónica e imagen vía: DAVID BUSTOS

«Bananero» fue un toro difícil de ver, y no sólo por la enorme cantidad de gente que hubo en el ruedo durante su suelta. Es de agradecer la insistencia de los organizadores para garantizar el respeto al toro, pero ni con esas, se puede ver un toro en condiciones. «Bananero», además, no fue un toro fácil. Fue subirse la puerta del cajón, y ese segundo que tardó en asomar su cabeza el de Domínguez Camacho silenció por completo la plaza de Illescas. Un silencio que se convirtió en suspiros por la gran seriedad del ejemplar. «Bananero» tuvo una salida incierta. Salió con fuerza, algo suelto y haciendo hilo a varios recortadores. En esos primeros instantes, especialmente, se vivieron momentos de tensión porque el toro apretaba mucho y más de un quite hubo que hacer. Afortunadamente, ni a su salida ni tampoco en el resto de su lidia, hubo que lamentar percances. Pero la emoción, la incertidumbre y el peligro siempre estuvieron presentes en cada movimiento de «Bananero». 

El de Domínguez Camacho no tuvo mala condición, pero por diversas circunstancias, tampoco terminó de convencer a los allí presentes. Por encima de cualquier otra acepción, «Bananero» fue un toro incierto. Su fijeza iba y venía, como el bien y el mal en la vida. A veces transmitía más, otras salía más suelto y eso, evidentemente, deslucía las suertes. Sin embargo, se vieron detalles destacables a cuerpo limpio. Un quiebro de Pinel, saltos de Pakito Murillo y Alberto Ciudad, algún que otro recorte estimable… En la muleta, el toro fue más brusco y fue a menos

Dejando a un lado esos desagradables encontronazos en el ruedo –para hacérnoslo mirar-, la noche en Illescas fue entretenida, también con las dos vacas que soltaron tras enchiquerar al IV Toro del Milagro. Un hombre acaparó todo el protagonismo, parecía «el hombre que susurraba a las vacas…». Casi sin moverse, esquivó a la vaca en numerosas ocasiones. También se atrevió con la chaqueta. Mucha risa, la plaza entregada a él entre carcajadas y aplausos, hasta que la vaca le volteó. Aún así, se quitó la espinita del percance con otro «quiebro». Ambas vacas tuvieron duración, movilidad y permitieron disfrutar a los más jóvenes


 

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