• Crónica vía: DAVID BUSTOS

En el toreo siempre se ha dicho que hay privilegiados que están tocados con esa varita mágica que les hace ser únicos desde sus inicios. Esto no es algo nuevo. Todos lo habrán oído en referencia a muchos toreros. El caso más reciente, el del sevillano Pablo Aguado. Sin embargo, llama la atención que todos lo usen para referirse a los toreros de luces, y que ninguno lo haga para denominar a aquellos que se juegan su vida a cuerpo limpio. En la plaza también, o en la propia calle. ¡Habría que ver a más de uno en la calle, cara a cara con esos toros que se sueltan hoy en día! El día de hoy en Ajalvir fue por y para privilegiados. Para aquellos que, a pesar del peligro y de las complicaciones, sacan agua de un pozo seco. Para aquellos que siempre dan la cara, sea bueno el toro, o malo. Y si es malo, con más motivo y mérito. No traten de entenderlo. Es cuestión de privilegiados. Si les sirve de ejemplo, Sergio Pinel… 

Los festejos taurinos de Ajalvir, alejados de sus interesantes ciclos feriales con corridas de toros y novilladas, dieron comienzo hoy con un encierro urbano, y una posterior suelta de reses en la plaza. El encierro, con tres carreras y tres toros, no fue fácil. Pero, ¿desde cuando un encierro en Ajalvir ha sido fácil para los corredores? El primer toro quedó rezagado nada más subir la primera cuesta, y costó traerlo hasta la plaza. En ese tiempo, algunos disfrutaron del animal en el asfalto. Pero una vez pasado el «embudo», el toro apretó y no hubo tiempo para entretenerse en la calle. Las carreras con el segundo y tercer toro tuvieron su «miga», y algún resbalón que otro. De nuevo hubo que tener un ojo en los bueyes, y otro en los toros. Evidentemente no es fácil hermanar a los astados con la parada de cabestros, pero tampoco es fácil disfrutar con la incertidumbre de si estarán ya en la plaza, o volverán a salir, cuando el toro queda suelto.

La plaza de Ajalvir se llenó hasta el último asiento para disfrutar de la capea. ¡Parecía una tarde de verano! Si es que en Madrid ya nos habíamos olvidado de ver el sol después de tantos días de lluvias y frío… Y por si fuera poco calor, Pinel calentó más aún el ambiente con un meritorio recibimiento al primer toro. El mejor de la mañana, y eso que tampoco fue el toro soñado. Al recorte fue realmente complicado. Apretaba y tuvo poco recorrido. Sin embargo, al quiebro el toro funcionó mejor. Con más profundidad. Le vio posibilidades Pinel, que apostó por uno de sus ya famosos semáforos. Le aguantó en los medios, pero el toro se arrancó haciendo eses y tuvo que tirar de reflejos para evitar la cogida. La ovación salió del corazón a todos. El reconocimiento a un gran momento. Ya lo pudimos ver en la pasada temporada… Otro de los momentos más destacables de la lidia de este primer ejemplar fue lo bien que toreó el maletilla Jerónimo. Asentado, templado y con mucho gusto… El toro tuvo hasta calidad en la muleta. Es de agradecer que hoy sí hubiera más respeto entre maletillas y recortadores. Ojala sea esa la tónica habitual para próximas fechas.

Los dos últimos toros de la capea tuvieron un comportamiento deslucido, que se sumó al peligro que mostraron ambos a su salida de los toriles «barriendo» las tablas. A alguno se le apareció la Virgen, o San Blas, vete tú a saber. En líneas generales, les faltó fondo y mejor condición a los ejemplares. Veremos mañana. 

  • Imagen de portada, vía: ALBERTO YUSTE

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