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Ilusión entre ambición

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  • Crónica vía: DAVID BUSTOS

San Sebastián Mártir, la festividad que cada mes de enero celebra con tanto arraigo e ilusión el municipio madrileño de San Sebastián de los Reyes, contó por primera vez con dos capeas en la plaza de toros de La Tercera. Dos capeas que sirvieron, además, para abrir la temporada taurina en la Comunidad de Madrid. Muchos son los detalles y matices que nos ha dejado el fin de semana por Sanse; sin embargo, el desarrollo y el resultado de ambas capeas también ha provocado que, de nuevo, debamos reflexionar acerca del porqué de ciertas cosas. ¿La mejor noticia? De nuevo, San Sebastián de los Reyes volvió a dejar claro que es taurina. Solo había que ver el rotundo fracaso de la manifestación antitaurina a las puertas de la plaza para entenderlo. Tan poca fue la afluencia a dicha concentración, que hasta los cubos de basura situados al lado dificultaban su visibilidad. Hay gente que no se cansa de hacer el ridículo.

La mañana, al margen de otros aspectos, fue emotiva y especial. Se reconoció a Carlos Vega con el detalle artístico de la última edición de la capea invernal, así como al mérito de la empresa FJ Mora López S.L. al adquirir el primer toro en honor a San Sebastián Mártir. Precisamente, el toro de Cebada Gago fue el encargado de abrir la capea. El animal salió de los toriles entre aplausos, no era cualquier hierro, ¡era un «cebada»! Sin embargo, su juego no fue el que muchos esperaban. La falta de fijeza fue clave en el desarrollo de su lidia. El de Cebada resultó tardo, y aunque tuvo nobleza en sus embestidas, no terminó de romper y de entregarse. Además, antes de ser enchiquerado, el toro dio un susto a un joven maletilla mientras los bueyes salían de los toriles. Y como hoy en día, ni de los bueyes puedes fiarte, uno de los bueyes hizo hilo a un hombre hasta provocar su caída.

La vaca, lidiada en segundo lugar, fue tremendamente complicada desde que pisó el albero. Arreones inesperados, orientada, protestona… Todo ello conllevó varios sustos durante su suelta, además de intentar saltar al callejón. Cerró la capea el I Toro de las Peñas, un ejemplar de la ganadería de Manuel Blázquez, que salió con mucha fuerza. No fue un mal toro, ni mucho menos. Pero de nuevo, un exceso de ambición por parte de muchos de los allí presentes, tuvo como consecuencia el hecho de que no acabáramos de disfrutar del toro en su plenitud. Le costaba fijar su atención en el recortador, pero cuando el animal lo hacía y se arrancaba con más franqueza, tenía su «cosa». Lástima que no aprendan. Ya pueden reflexionar muchos… Deberían.

  • Imagen de portada, vía: ALBERTO YUSTE

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