• Artículo vía: JUANJE HERRERO

Me gustaría saber cuánto dinero han invertido los novilleros “ponedores” en torear. ¿Qué adelantamos sabiendo su nombre? Si cada temporada son unos distintos. Al final la gran mayoría acaban en el abismo del ostracismo. El toro pone a cada uno en su sitio y es muy difícil rebatirle la verdad, por eso si alguna vez te comentan que un novillero torea mucho pero es muy malo, siéntate a esperar y verás a un torero con poco futuro.

Hay muchas formas de poner dinero, o ser lo que se llama coloquialmente un “novillero ponedor”. La más extendida suele ser la de un novillero acomodado, con una familia pudiente que facilita la realización del sueño de ser torero. Normalmente se contacta con un apoderado o directamente con un empresario potente, se le da una x cantidad de dinero para que lo haga torear, y este empresario le pone como rey del escalafón rápidamente. El dinero manda más que las telas. Ya puedes pasar de puntillas en todos los certámenes de novilleros que seguirás apareciendo en las ferias. Aunque tu tauromaquia se base en el pico y el desapego por arrimarse.

Otra forma suele ser la de ese empresario mediano, que también quiere que el “niño” sea torero. En esta ocasión va a novilladas de poca repercusión para ir sumando, suelen ser por su zona o comunidad autónoma, dando dinero a los empresarios que controlan las plazas del entorno. En este caso hablamos de un novillero de segunda fila, más conocido en su comarca que en el mundo taurino, y que no pasa de ser mediocre y sin talento. Estos suelen buscar afán de protagonismo, y suelen tener un ego bastante inflado. No aceptan críticas de nadie y mucho menos consejos de colocación y suertes.

Otra forma muy callada pero que está cogiendo mucho auge son la venta de entradas por parte de los novilleros, el empresario de turno les envía un “taco” de entradas, 200 o 300, o tal vez más. El novillero y apoderado suelen ir colocándoselas a todos los paisanos, amigos y conocidos. En este caso cuando vas a la plaza no puedes hablar de ningún novillero porque estás rodeados de sus hinchas, y subrayo la palabra hinchas porque se colocan en diferentes tendidos y suelen animar mucho más fuerte a su novillero. Se pide la música y más orejas que normalmente, aunque el novillero de turno acribille al novillo con espadazos. Da igual que el torero esté bien o mal, casi siempre acaba tocando pelo.

En casi todos los casos que un empresario acepta dinero de un novillero, suele ser ilícito, pero es muy difícil saber quién sí y quien no lo hace. Porque para el novillero es una vergüenza, al quitar el sitio a uno que lo merece más y nunca lo va a decir. Y al empresario en muchos casos le interesan los ingresos más que el espectáculo de la plaza.

En cualquier caso de estos, me parece una práctica injusta para todos los novilleros llenos de torería pero sin el parné necesario. Dicen, que el que no tiene padrino, no se bautiza. Esto pasa mucho en el mundo del toro, donde ya prima más el dinero que el valor y las formas. Al final de todo, los “quitasitios” con dinero acaban parados cuando toman su alternativa soñada. La falta de torería pesa mucho en el escalafón superior donde no suelen sobrar las oportunidades.

Con respecto al empresario me parece muy triste que se aprovechen de la ilusión de unos cuantos para rentar su nivel de vida, llenar el bolsillo o amortizar la inversión. Malos tiempos corren para los jóvenes discípulos de toreros. Para el futuro vivo de la tauromaquia.

¿Cuántos grandes toreros nos habremos perdido por culpa de esta práctica?

  • Imagen de portada, vía: JENNIFER HARISPE

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