• Entrevista vía: DAVID BUSTOS

Juan Pablo Villanueva «Aguilucho» es natural de Burgos. Su carrera como recortador ha sido una constante lucha por abrirse hueco, siempre desde la humildad y el esfuerzo, en un mundo con muchas dificultades. Hace dos meses un toro embolado de Juan Luis Fraile le mandó a la enfermería durante la final del concurso con toros de fuego en La Misericordia de Zaragoza. Sin embargo, este percance no empañó una gran temporada que ha tenido una notable repercusión en la afición al festejo popular en España. «Aguilucho», no sólo cumple con el dicho de «siempre se debe ir con la verdad por delante» en las plazas, sino que también lo hace fuera de los ruedos. En una sincera, y a buen seguro, polémica entrevista para Arribes Taurinas, «Aguilucho» relata cómo ha sido su temporada y cuál es su visión sobre la situación actual del mundo del recorte. 

P. Su temporada no pudo comenzar mejor, en Madrid -en la plaza de toros de Vistalegre- y con una gran actuación, a pesar de no lograr pasar a la final. Como se suele decir en el escalafón de matadores, «para que una temporada sea buena al completo, tienes que acabarla en Zaragoza«. Y así lo ha hecho. Zaragoza fue la última cita de su temporada, y aunque resultó accidentada, volvió a dejar muy buenas sensaciones de cara al aficionado. ¿Cómo fue esa noche de «embolados» en La Misericordia, y cómo se encuentra del percance a día de hoy?

R. La noche de los embolados fue un cúmulo de emociones. Se me hacía raro estar en una plaza tan importante y estar tranquilo, quizás fue porque ya había dado el día anterior suficientes vueltas a cómo sería recortar a fuego y en esa plaza. Esa plaza que todo el mundo conoce como la capital del festejo popular y con la que todos sueñan con ir. Además, yo nunca había estado en un concurso de toros embolados y no sabía cómo reaccionan los animales. Cuando vi la plaza llena, impresiona. Impresiona mucho. Pero al ver el toro de la fase dije «a este se lo voy a pegar de verdad«. Y así fue, salí y me coloque en los medios pero no me gustó lo que vi. Un animal que en su segunda suerte no se arrancaba. La plaza de Zaragoza empezó a pitar y yo dudé si era por el animal o era hacia mi porque no realizaba la suerte. Pero gracias a que aguanté y tragué mucho, pues el animal salió andando hasta la línea de tercio y luego iba midiendo, pude pegar según el propio Peque «uno de los mejores quiebros que había visto«. Y que te diga eso una persona que lleva tantos años en el escalafón a nivel nacional dice mucho de cómo fue. Para mí fue un subidón de adrenalina ver, primero cómo se lo había pegado, y segundo, cómo se volcaba la plaza conmigo. Y quizá fue eso lo que me hizo que en la final no usase la cabeza.

Luego salió ese número 17 de Juan Luis Fraile que tenía menos fuerza que el anterior de la fase. Y este volvió a pararse en la línea de tercios pero no se arrancó como su hermano. Cualquiera se habría levantado y hubiese repetido la suerte. Pero yo iba a por todas y quise jugármela. Salió mal la cosa y me cogió. Cuando vi la cornada sabía que había echado por tierra todo el trabajo anterior. Fue una decepción no poder disfrutar de esa final, de esa entrega de premios y sobre todo, no poder volver a demostrar a La Misericordia el porqué me habían dado la oportunidad de estar allí. Pero como me dijo una de las enfermeras que me atendió allí, «tú no te preocupes que a Zaragoza vas a volver, que te lo has ganado en la plaza«. Y ojalá sea así.

Después he tenido muchos días para reflexionar y todavía me queda mucho por pensar. Pero bueno, en cuanto a lo físico, esta semana he podido por fin soltar las muletas y empezar a que el fisio vaya soltando la musculatura afectada, ya que hasta ahora la herida no se había cerrado y por eso no pude ir a la final del Castellano de Oro. Viendo que los toros salieron buenos para quebrar me dio todavía más rabia porque sabía que podría haber pasado a la final, pero creo que hice bien en esperar y recuperarme bien. Como me dijo Dany Alonso, «no te preocupes, que quedan muchos toros«. Al fin y al cabo, recuperarse bien es lo importante.

«Aguilucho» en el concurso de recortadores de Soria. Óscar Torres.

P. La cogida de Zaragoza supuso perderse la gran final del certamen «Castellano de Oro», puesto que se había clasificado en representación de la provincia de Burgos. Sin embargo, la temporada ha tenido éxitos de relevancia, como las victorias en Soria y Villarcayo, o las finales en Sahagún y Mojados, entre otras muchas fechas a destacar. ¿Cuál es su valoración personal de la temporada? ¿Cree que, más allá de los triunfos, este año ha logrado dar ese toque de atención necesario para comenzar a abrirse hueco en los grandes certámenes y plazas?

R. Pues antes de decir cómo ha sido esta temporada, creo que hay que señalar que el año pasado únicamente hice tres concursos, a buen nivel. Haciendo en dos de ellos final y quedando en tercer puesto en ambos (casualidades que esos dos terceros puestos del año pasado, han sido primeros puestos este año. Tanto en Soria como en Villarcayo). Pero las oportunidades ese año no llegaron. Ahí se quedó mi temporada. Por suerte este año y tengo que agradecérselo muchísimo a la empresa Tauroemoción, me dieron la oportunidad de empezar la temporada en Vistalegre, y ya se sabe que si te dan una oportunidad así, no puedes dejarla escapar. Parece que deje buen sabor de boca ya que después de esa cita empezaron a llamarme empresarios con los que nunca había ido. Aún así sabía que había que seguir apretando, porque que si te abren las puertas las empresas tienes que dar el do de pecho para que te vuelvan a llamar. Afortunadamente así ha sido, me fui clasificando para las finales de los campeonatos de CyL de las empresas Toro Duero y Talento Castellano, y dejé buenas actuaciones en muchas plazas importantes. He podido realizar 18 concursos, algo inimaginable para mi al inicio de temporada pero todo ello a base de esfuerzo y de jugármela de verdad en la mayoría de las plazas que he pisado. Al final, eso le llega a la gente y el empresario lo valora.

P. Otra de las tardes importantes, al menos imaginamos que en lo personal, fue su participación en el Concurso Nacional de Recortadores «Ciudad del Cid», celebrado en la Plaza de Toros de Burgos. Quizás, no fue la tarde soñada es lo numérico. Pero, ¿cómo vivió esa tarde? ¿Se sintió especialmente arropado por el público? ¿Aporta mayor responsabilidad el hecho de concursar en casa?

R. El trofeo «Ciudad del Cid» es una responsabilidad muy grande, el triunfar en tu casa. Quizá como dice mi paisano el rejoneador Óscar Borjas, «es una de las plazas más difíciles de toda la temporada«. La presión nos la metemos nosotros mismos, pero es difícil que la cabeza no te meta esa presión cuando siempre sales a darlo todo para que el público salga contento y encima esa tarde el público es tu familia, tus amigos, tus compañeros de fútbol, del trabajo y mucha gente que te conoce del día a día. Este año ha tenido un sabor agridulce. En mi plaza me gusta apostar por la variedad ya que muchas de las personas que vienen no entienden que los recortadores sólo hagamos un tipo de suerte. Y quizás, ese fue mi fallo, porque nos tocó en suerte un toro muy grande, «un pavo de los de verdad«, como nosotros decimos. Y a la hora de saltarlo con las piernas atadas me rozó las piernas y caí al suelo. Fue una sensación muy amarga el hecho de saber que había tirado la oportunidad que tenía pero son cosas que pasan. A pesar de sentirme arropado por el público y su ovación, no fui capaz de en la siguiente suerte disfrutar ni hacer disfrutar al público. No tenía la cabeza centrada, solo pensaba en que llevaba mucho tiempo esperando esta fecha y que había vuelto a tirarla por la borda. Por suerte en el 2020 volverá haber concurso en Burgos y tendré la oportunidad de lograr ese sueño que es triunfar en mi ciudad.

«Aguilucho» dando el pecho en un quiebro de rodillas en Burgos. Ainhoa Valladolid.
  • Imagen de portada, vía: ÓSCAR TORRES

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