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El cuaderno de Juanje Herrero: El afeitado en América, una norma general

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  • Artículo vía: JUANJE HERRERO

Observamos con mucha curiosidad lo que acontece en la temporada américa, una temporada plagada de figuras en feria de renombre, donde el torero prevalece por encima del toro, y donde la integridad se busca y nunca se encuentra. En ocasiones, nos horrorizamos, lamentamos y condenamos actos en el circuito americano, que nos hacen pensar la impasibilidad de cierto público, ante las fechorías de ciertos taurinos.

La limpieza de corrales en muchas plazas es una norma general, tal vez no escrita pero si consentida, por todo aquel que se presta al aplauso fácil, y no exige verdad. Caudillos del siglo XXI que fomentan su vanidad, consintiendo a toreros que en otras épocas no llegarían a figuras. Condenando a las ganaderías integras a la marginación, mientras otros ganaderos son chantajeados por los veedores, apoderados, empresarios y finalmente toreros, para que accedan y se conviertan en colaborador de una fiesta que hace años dejó de ser respetada, y perdió todo ápice de emoción.

Vemos plazas tan señeras como la de Acho en Lima, La México en el D.F., Manizales y Bogotá en Colombia, donde la fiesta cada temporada muere a manos de ciertos empresarios que se creen de primera categoría, pero que carecen de afición. Bueno, no, tiene afición a una cosa, al dinero y a figurar como salvadores vanidosos. Ofrecen espectáculos bañados en oro, que finalmente descubrimos que son de latón, donde el espectador enriquece, transige y fomenta, en ocasiones, estos disparates.

Las figuras han perdido el respeto por el mundo taurino, actuando sin remordimientos a espaldas de la pureza, emoción y verdad, arrancando los cánones del seno de la tauromaquia e justificando las facilidades cada vez más evidentes que obtienen en el ruedo. Tristes figuras de palo, que hace mucho que dejaron de ser héroes de carne.

Todo esos afeitados, falta de trapío, cambios de última hora y mansedumbre, fomentan al antitaurino a condenar la Tauromaquia. Duras son estas palabras, pero cuando el toro pierde en integridad, bravura y emoción, el antitaurino crece en argumentos, fomentando esa vehemencia típicas de sectas.

Necesitamos volver a esas batallas que impregnaban el tendido de emoción y miedo, que llenaban las hojas de los periódicos de tintas de héroes que se enfrentaban a la muerte sin pestañear, y que las puntas de los toros relucían como alfileres.

  • Imagen de un toro lidiado en Acho el pasado domingo, vía: Germán Fernández 

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