• Artículo vía: JUANJE HERRERO

He tenido la suerte de conversar con muchas de las figuras de los años 60, 70 y 80. Un privilegio entender la personalidad de cada uno de esos maestros, siendo todos ellos figuras en su momento. Pero como dicen alguno ser figura es una responsabilidad con la tauromaquia, donde el torero tiene que ser un ejemplo a seguir.

Difíciles momentos viven muchos de los toreros del escalafón actual, con algo más de 200 matadores, aunque otras versiones apuntan a cerca de 300 matadores. Un escándalo, el 75% jamás podrá vivir de la Tauromaquia, ni le devolverá las miles de horas invertidas en su toreo. Un escalafón saturado de figuras, que cada temporada se atiborra de nuevos toreros. Con un sistema monótono, donde rotan siempre los mismos y con menos festejos, hoy es líder del escalafón “El Juli” –imaginad el panorama– con 43 corridas. 

Lo peor de toda esta situación, es que en muchos casos los que están arriba no dejan comer a los de abajo. Comentaban ciertos toreros de antaño, que “las figuras no deberían ir a los pueblos, que se lo deberían dejar a los compañeros que lo necesitan más, para que puedan vivir en parte de esta hermosa profesión”. Muy poco caso hacen a estas cosas, destrozando sueños y carreras por el camino. Las figuras van a los pueblos en muchos casos a tirar por tierra la integridad y a pasear el traje de luces. Para aseverar mi afirmación existen múltiples evidencias graficas anuales.

Una pena que las figuras se rebajen hacer un “tour” por los pueblos para quitar el pan a los toreros que más lo necesitan. Con razón cada vez salen menos toreros y existe menos variedad en las ferias. Cambios de cromos, de favores, de pagos y como reclamo de ciertos empresarios, así poco a poco las figuras han ocupado los pueblos y la Tauromaquia ha perdido su “cantera”, y muchos toreros su “pulmón” del invierno. Sin apretar el gatillo, pero sosteniendo la pistola, condenan a muerte a muchos compañeros sin vacilar, titubear o dudar.

Una pena muy grande que la Tauromaquia actual no vuelva la vista atrás para fijarse en épocas antiguas, donde alcanzamos un gran esplendor por varios motivos: variedad de encastes y bravura en el ruedo, variedad de toreros y compromiso de las figuras, un circuito más abierto, había que ganarse el puerto en las grandes ferias, un empresario que miraba por la afición, una prensa taurina que informaba desde la ética profesional, etc. Es triste que no aprendamos de los errores cometidos y empecemos a cambiar la cosa, aunque para ello haya que jubilar a los Ponce, Morantes y Julis de turno.

  • Imagen vía: FEDERACIÓN TAURINA DE VALLADOLID

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