• Artículo vía: DAVID BUSTOS

«Hay que defender los derechos de los animales«, explica la Industria Animalista en su teoría adoctrinadora. ¿Derechos? ¿Realmente creen que los animales, como seres irracionales, poseen derechos? ¿Acaso los animales tienen obligaciones y deberes, como sí tenemos los humanos por el hecho de disponer a su vez de una serie de derechos? No, los animales no tienen derechos. Esta es una utopía del animalismo. Un mensaje que «vende» mucho de cara a ese sector sensacionalista de una sociedad que piensa poco lo que dice. O que directamente, en muchas ocasiones, ni siquiera se detiene a reflexionar sobre lo que ha dicho. Oír hablar de «derechos de los animales», chirría. Me hiela la piel. A consecuencia de este sinsentido, podríamos extraer una lista innumerable de sandeces y disparates que, supuestamente, argumentan la idea del derecho animal. Sin embargo, todo este planteamiento se resume en una idea muy clara: situar a los animales a la misma altura que al ser humano. O quién sabe, si por encima de nosotros. De ellos todo se puede esperar. 

La Real Academia Española (RAE) define el concepto de personalidad jurídica como la «cualidad de la que deriva la aptitud para ser titular de derechos y obligaciones y el reconocimiento de capacidad jurídica y de obrar«. De esta manera, si acudimos al capítulo II del Código Penal referido a las personas jurídicas, podemos confirmar que los animales no son considerados como tal. A pesar de ello, son muchas las personas que reivindican que los animales deberían tener un marco jurídico similar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que fue aprobada en el año 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿Se imaginan a los animales amparados por el Derecho a la no discriminación, el Derecho a que nadie sea detenido arbitrariamente, el Derecho a la presunción de inocencia, el Derecho a la privacidad, el Derecho a la libre circulación, a buscar asilo y a tener una nacionalidad, el Derecho a participar en la vida política, el Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, opinión y expresión, o el Derecho a la educación, entre otros muchos? Muchos de vosotros pensaréis que ni los propios «animalistas» se creen que esto pudiera ocurrir. Y quizás, no sea una locura pensar esto, puesto que la «meta» de esta carrera no es otra que intentar «exterminar» un modo de vida, unas tradiciones e imponer al otro una ideología totalitaria, que pone en riesgo la convivencia dentro de nuestra sociedad. 

Sin embargo, desmentir que los animales tengan derechos o rechazar que los humanos tengamos que reconocerles –el «reconocimiento» es algo muy distinto, al hecho de poder otorgar o plantear medidas que defiendan y garanticen determinadas condiciones para la vida de estos seres una serie de derechos por el simple hecho de ser animales, no quiere decir que se apoye el maltrato animal o el abandono de mascotas, por ejemplo. De hecho, los ganaderos de toros de lidia -así como todos los profesionales y aficionados a la Tauromaquia-, que son atacados de manera frecuente por la Industria Animalista, son los primeros que reivindican y «presumen» –en este caso, con toda la razón– del trato en semilibertad que se le da al toro de lidia en el campo, y de la muerte tan digna -no como en los mataderos, en la oscuridad y sin oportunidad de defenderse de nada y de nadie– que reciben cuando son lidiados en las Plazas de Toros. 

Los datos son el mejor ejemplo para demostrar que esto no es ninguna falacia: «Más perros que menores de 15 años« (El País, 17 de mayo de 2019), «Una ciudad de perros: en Madrid hay el doble de canes que de niños menores de 5 años« (ABC, 19 de octubre del 2018), «En España hay más perros que niños menores de 15 años« (Antena 3, 18 de mayo del 2019), «Los perros y los gatos son los nuevos hijos« (La Sexta, 16 de mayo del 2018) o «Más mascotas, menos hijos» (El Confidencial, 08 de octubre del 2018) son algunos de los titulares que han aparecido en los medios de comunicación durante los últimos años. Da pavor escuchar la afirmación de que «los perros y los gatos son los nuevos hijos«. ¡Los nuevos hijos! Abróchense los cinturones porque que vienen curvas. Y no precisamente pequeñas.

  • Imagen vía: PACMA

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