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Arganda, quiero ser torero

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  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO

Arganda del Rey ha celebrado la segunda novillada de su Feria Taurina, con un cartel compuesto por Cristian Pérez, Rubén Fernández y Diego San Román, quienes se encargaron de estoquear a los ejemplares de Torrestrella. Los utreros estuvieron condicionados por el vendaval que se generó en la plaza de toros, indomable, dejaba descubiertos a los diestros. Por esta razón, los astados venían por dentro, dejando alguna situación de peligro. Eran más bajos y recogidos de cara, incluso cornigachos y se rajaban en los últimos compases de la faena. Los espadas tuvieron que esmerarse en buscar las vueltas a unos ejemplares que sabían lo que dejaban atrás. Rubén Fernández puso el valor y las ganas ante un lote que tuvo de todo, el primero algo más noble le permitió meterse entre las astas; el segundo, a pesar de las condiciones, se tuvo que dejar. Diego San Román tuvo uno de los lotes más pequeños en comparación con el resto de la novillada, dejó ver sus buenas maneras, aunque sin triunfos. Cristian Pérez entró en la tarde por la vía de la sustitución. El diestro tiró de oficio y de mano baja, con tandas separadas intentando ralentizar las embestidas de su adversario. El conjunto de la tarde llega positivo, con una oreja y una vuelta al ruedo tras la procesión del silencio del día anterior.

«Chuflón» abría la segunda novillada de Arganda del Rey. Le tocó en suerte a Cristián Pérez, quien lo recibió con una larga cambiada de rodillas para después seguir genuflexo con un astado que apretaba hacia dentro y entraba cruzado por culpa del aire. El tercio de banderillas culminó con el percance de Manolo Delgado, el toro hizo presa. Alternó muletazos por alto y por bajo, probándole en busca de las mejores opciones. Así iniciaba el espada la faena de muleta. Siguió por el pitón derecho, intentando bajar la mano, pero el aire no cesaba y le dejaba descubierto ante un astado que sabía donde estaba el cuerpo. El novillo colocaba y bajaba la cara gracias a la mano baja de Crisitan, quien supo ralentizar la embestida, aunque en los primeros tres pases de la serie el resto eran deslucidos. Lo intentó guiar, enseñándole el camino sin dejar que le ganara el paso y se quedara encima. El espada le tapaba el morrillo, sin dejar que se saliera de la muleta, pero lo tenía difícil. Acabó la faena metido en tablas. En la suerte suprema, fallida al primer intento con un pinchazo en el cuello, logró dejar un acero en lo alto.

Rubén Fernandez se encargaba de recibir al segundo de Torrestrella, algo que hizo con dos largas afaroladas de rodillas, para después seguir en el suelo y rematarlo con una larga cambiada. Inició la faena de rodillas con pases cambiados por la espalda, sin probarlo y sin dudar. Rubén quería demostrar su toreo, algo que hizo configurando tandas lentas que le hicieron pasar a cámara lenta. Lo templó y lo dotó de despaciosidad con desmayo. Toreó muy despacio a un novillo con buenas condiciones, que humillaba y colocaba la cara. El único pero era el viento, que de nuevo jugaba con el engaño del espada. A pesar de su recorrido, tenía movilidad por lo que el novillero lo aprovechó tirando de mano baja. También se la dejó puesta, toreándolo en las distancias cortas, parecía que lo citaba y tiraba de él arrastrándole en la marea del natural hasta encontrar su salida. No se le escapaba un utrero bueno aunque mermado en su recorrido. Además, tuvo ocasión de lucirse con diversos desplantes, cerrando la faena por manoletinas. Lo mató con un golpe de verduguillo tras una estocada trasera y tendida.

El tercero fue un novillo protestado en su salida, le faltaba peso. Sin embargo, San Román lo enceló en una brega por abajo que con mimo y suavidad lo fue sacando a los medios. Inició la faena a pies juntos para después sacar a los medios a un novillo desagradecido y brusco que se quedaba corto y se cruzaba. No había fijeza, iba al cuerpo y su embestida era desigual y desmedida, pues arremetía en la tela con pequeños cabeceos. Diego lo intentó llevar, pero había muy poco que sacar del de Torrestrella. Muy pegajoso y difícil de someter, lo dejó estar y cambió la ayuda por la espada. Una espada que cayó contraria.

Marcaba el ecuador del festejo un novillo cuajado que se enceló en el capote de Cristián Pérez, repitiendo con determinación por abajo. Lo recibió en la franela atalonado en la arena, alternado pases por la espalda. Después en los medios, el diestro supo darle salida dotándolo de recorrido, gracias al buen uso de su brazo y el giro final de muñeca, que daba continuidad y movilidad a la faena. Muy despacio y dándole el pecho lo citaba y tiraba hacia él del animal para después abrirlo. Sin embargo, fue a menos por culpa del viento que no le dejaba tender la muleta. Le bajó la mano hasta donde pudo sometiéndole por abajo y llevarlo dentro de la tela, sin opción a fijar otro objetivo. A pesar de todo, Cristian siguió en su empeño, ya casi en corrales, donde el animal se dejaba y estaba más cómodo. Lo citaba con los vuelos y se los dejaba puestos hasta el final del muletazo, sin embargo, no había mucho más que añadir a una faena condicionada por el viento. Intentó un desenlace con pases en redondo pero estaba rajado, así que lo retomó con manoletinas muy ajustadas. En la suerte suprema, el astado dobló tras cuatro intentos y un aviso.

A portagayola y con tres largas afaroladas fue el recibo de Rubén Fernandez para el quinto. Después, atalomado, lo mantuvo en los medios «encelándolo», estirándose con el capote. Inició el último tercio en los medios, con un novillo pronto, corto que colocaba y metía bien la cara. Tanto bajaba el morrillo que perdía la manos, por lo que le llevó a media altura sin obligarle en exceso. Le daba amplitud en el natural, buscando sitio. Además, había que marcarle bien el final de los pases para evitar que se quedara encima, retirando ligeramente la muleta de la cara y mostrándosela en el cite, llevándolo muy suave sin llevarle la contraria ni que se sintiera obligado. Iba a menos con el avance de la faena, sin embargo, buscaba el pase en redondo a base de riesgo y torería. Se terminó midiendo a un toro escaso en recorrido y que soltaba miradas de vez en cuando. Su embestida, al menos, estaba libre de cabeceos, una embestida que pudo llevar con el pico. Tan de verdad se puso, que se lo acabó llevando por delante. Sin desenlace el animal dobló con el golpe de verduguillo.

Diego San Román recibió al último novillo de la tarde, frenándolo y sacándolo del tercio rápidamente. Lo recibió en la muleta genuflexo, sacándolo al paso. Se estiró con la tela, pero el viento regresaba. El animal tenía recorrido y movilidad, además, San Román se adaptó a sus exigencias y supo ver lo que necesitaba. Había que tirar de él para introducirle en un nuevo muletazo, a partir de ahí los demás venían seguidos, sin deslucir. Con el pitón izquierdo venía cruzado, se metía por dentro, iba aprendiendo. Lo retomó con la mano derecha con tandas más limpias y ligadas por abajo, mostrando una embestida medida y uniforme. Sin embargo, el problema seguía siendo el viento, que levantaba la muleta dejándole el cuerpo al descubierto, por lo que el animal se le echaba encima. Se empezaba a cansar de la tela, por lo que correspondía con pequeñas arrancadas que deslucían. La espada cayó trasera y tendida, pero efectiva.

Arganda del Rey (M). Novillos de Torrestrella, bajos y recogidos de cara, tenían un comportamiento variado en la tela, con embestidas rectas y metiéndose por dentro, algo provocado, en parte, por el viento. Cristián Pérez: silencio y silencio tras dos avisos; Rubén Fernández: oreja y vuelta al ruedo; Diego San Román: palmas y silencio.


 

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