Dos toros -de los cuatro de su lote- le hicieron falta a José Tomás para revolucionar la Plaza de Toros de Granada. Dos toros y cuatro orejas. No importó la colocación -ambas estocadas cayeron bajas- de los aceros; el temple con el capote del torero de Galapagar, los meritorios estatuarios en su primero -tragando mucho en los medios- y su mano izquierda frente al tercero de la tarde -con varias tandas ligando naturales en redondo- pusieron boca abajo Granada. Sergio Galán, con el complicado primero, no tuvo suerte.

  • Imagen vía: LANCES DE FUTURO

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