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Ureña: héroe, rey y torero de Madrid

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  • Crónica vía: DAVID BUSTOS

Arrebatado, con paso firme y ganas de revancha. Así se dirigía Paco Ureña hacia los medios. Era su primer toro y un quite por chicuelinas de Roca Rey había despertado la faceta más «guerrera» del torero de Lorca. Por delantales fue la réplica, sublime el manejo del capote. Comiéndose al toro con el pecho, formando una danza bajo el rugido de Madrid. Era el inicio de su tarde. La tarde. El día soñado y esperado por tantos aficionados. La confirmación de un hecho incuestionable tras lo sucedido en la calle Alcalá: Madrid tiene nuevo torero, y a hombros lo sacaron con una emoción incontrolable. La sonrisa de Paco mirando al cielo al cruzar la Puerta Grande de Las Ventas, la primera en su carrera, podría dar para escribir un libro. Su mirada lo decía todo. Si grande es el torero, enorme es la persona. Paco levantaba los brazos. Era un grito a la vida. A Dios, allí donde esté. Por lo vivido, por lo sufrido. Tanto dolor y tanta felicidad. ¡Qué emoción Paco, qué emoción!

Lo más lógico es pensar que tras llegar a la furgoneta, el hotel le esperaría para la celebración. Pero el corazón, su humildad, le hizo ser como es él: un derroche de valor. De valores. Al hospital se fue directo Paco. Tenía que ver a «Pirri», uno de sus hombres habituales en la cuadrilla y herido en Madrid hace escasos días. En el hospital sucedió el reencuentro. El abrazo de dos valientes luchadores. Para ponerse en pie y romperse las manos a aplaudir. Qué bonito es el toreo. La tarde no iba bien, la corrida de Victoriano no estaba sirviendo. Ni en presencia ni mucho menos en comportamiento. Mansa y deslucida. Sin fijeza. Castella y Roca se fueron sin opciones. Sus lotes resultaron descastados. Pero el sexto, por suerte, quiso romper a embestir por derecho en la muleta de Paco. El inicio fue bestial. Pudiendo al toro por abajo tras tragar sin moverse del sitio. Qué entrega. Qué verdad. Gozó al natural con el toro embistiendo con calidad en la muleta. No hubo reproche posible a su colocación. Cuando toreas con el alma, no hay momento para aliviarse. La faena no fue larga a pesar de que el toro tardó en caer. Lo justo y necesario para poner a todos de acuerdo. Para ligar con la diestra y romper aquello con una extraordinaria tanda de naturales a pies juntos. Alguno mirando al tendido. Con la plaza en pie y los pelos de punta. Era el momento, tenía que matarlo para alcanzar el triunfo y Paco lo hizo con un soberbio volapié. Dos orejas, Puerta Grande y una inolvidable tarde de Ureña en Madrid. Anteriormente, frente al segundo que lo volteó hiriéndole en la zona del costillar, dio la cara y le obligaron a dar una vuelta al ruedo antes de pasar a la enfermería.

Plaza de Toros de Las Ventas. 33º festejo de San Isidro. Lleno de No Hay Billetes. Toros de Victoriano del Río, justos de presencia y mansos en líneas generales. Destacó el sexto. Sebastián Castella: silencio en ambos; Paco Ureña: vuelta al ruedo tras petición y dos orejas. Andrés Roca Rey: silencio en ambos.

  • Imagen vía: @LasVentas

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