• Crónica vía: DAVID BUSTOS

Ni Las Ramblas alcanzó el listón del «aprobado» en Madrid, ni la terna consiguió plantar cara a la escasa expectación que el cartel había despertado en la taquilla. Lo que mal empieza, mal acaba. Y es que la tarde, con un primer ejemplar justo de todo, parecía el preludio del petardo del pasado año. Tan sólo el manso pero noble segundo -además, embistió con trasmisión hasta rajarse- tuvo cierto interés. El resto de los animales, con mucho pitón pero poca casta, ofreció un deslucido y decepcionante juego. Además, el complicado tercero -con un pitón izquierdo que quitaba el hambre a cualquiera- colgó de sus pitones, hasta en dos ocasiones, al matador Tomás Campos. Dos milagros que pudieron transformarse en tragedia… Pero la moda de las manoletinas y bernadinas hizo que el diestro apostara por un valor desmedido, que fue amolestado con algunas protestas que pedían cabeza. Prudencia. Esto no es un juego y la locura, aunque suene contradictorio, también tiene sus límites. Fría y decepcionante fue su labor con el brusco sexto. Había que someterlo en la muleta para corregir sus continuos derrotes pero Campos no lo entendió así. La voluntad y sus ganas de cumplir con la afición venteña supieron a poco tras lo visto en el ruedo. 

Morenito de Aranda, con más opciones frente al segundo de su lote (el primero resultó desfondado), se mostró apático delante de la cara del toro. Tandas sin ningún tipo de firmeza, que terminaban como empezaban bajo un silencio entristecido, hicieron que una nueva oportunidad para el torero se esfumara sin triunfo. Por último, Juan del Álamo, que tuvo en su mano la posibilidad de adueñarse de la tarde, no aprovechó la condición del mejor toro del festejo. El segundo se movió y hasta rajarse, embistió con un punto de emoción. La faena comenzó con buenos muletazos con la mano diestra, alguno de ellos ciñiéndose las embestidas a su cintura. Sin embargo, la faena se estropeó pronto. Fue cuesta abajo y sin freno. La aceleración del diestro salmantino y su falta de acople -en el resto de la faena- con el animal provocó una división de opiniones en los tendidos. A pesar de ello, entre pitos y aplausos, saludó dos ovaciones. Su labor con el protestado quinto -se pidió su devolución por una evidente falta de fuerzas- no dejó detalles destacables en su transcurso.

Plaza de Toros de Las Ventas. 22º festejo de la Feria de San Isidro. Media entrada en los tendidos. Toros de Las Ramblas, bien presentados, mansos y deslucidos. Morenito de Aranda: silencio en ambos; Juan del Álamo: ovación con saludos en ambos; Tomás Campos: silencio tras aviso y silencio. 

  • Imagen vía: @LasVentas

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