• Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La última novillada de la Feria de San Isidro tenía como protagonistas a Juanito, Antonio Grande y Diego San Román, que se medirían a los ejemplares de la ganadería de Fuente Ymbro. El juego de estos fue complicado, sin muchas oportunidades y con muchas exigencias. Quizá el segundo de la tarde tuvo ese puntito de transmisión que escaseaba en el resto. El tercero, sin embargo, fue toda una alimaña tremendamente aquerenciado sin interés en la faena. Necesitaban el sometimiento por abajo y la franela bien puesta en el morrillo. En general, no repetían con regularidad en las embestidas, lo que dificultaba estructurar la faena. Los diestros, más que correctos, dejaron buenas sensaciones ante el público venteño. La buena mano baja de Juanito, el toreo clásico y lento de Antonio Grande, y la torería compaginada con el valor de Diego San Román, después de la paliza recibida en ambos ejemplares. Bailó con las más feas.

“Volante” abría plaza para encelarse en el capote de Juanito, quien lo intentó templar por verónicas. Flexionando la pierna, le bajó la mano en exceso en las primeras tandas de tanteo con la muleta. Necesitaba la media distancia y la franela bien puesta en el morrillo, evitando que se saliera de ella y soltara los cabeceos. No era uniforme, algo que si se suavizaba en el pitón izquierdo. Tiraba del astado toreándole con los vuelos, alejándolo de él. Eso sí, alargó su embestida y le dio salida. Aprendió a bajar la cara y a hacer surco en el ruedo, pero la prontitud iba a menos, había que colocarse de nuevo y volver a recomponer la embestida, una embestida dotada de genio y brusquedad. Por abajo y adaptando ritmos lo tenía hecho. A pies y manos juntas cerraba el último tercio, para dar paso a la suerte suprema. La espada quedó caída, tendida y trasera, completada con un golpe de verduguillo.

El salmantino, Antonio Grande, paraba genuflexo a “Hostelero”, el primero de su lote. Sin celo lo fue sacando a los medios sin transmisión. Los quites dejaron al animal justo para el último tercio. Lo esperó cerca del tercio, de rodillas, dándole el pecho para iniciar la faena. Sin embargo, a punto estuvo de arrollarle. A media altura, templando y sujetando la embestida de un animal que se entregaba colocando la cara. La mano bien puesta marcando la trayectoria construía una faena lenta pero ligada. El astado repetía obedeciendo a las demandas del novillero, el mismo que con el paso atrás comenzaba el siguiente muletazo. Se empezaba a quedar corto, sin recorrido ni prontitud. Pero empezaba a estirarse para citarle de frente y tirar de él con los vuelos. Tras el breve desenlace de la faena, tres estocadas y un aviso el novillo dobló.

“Protestón” salió suelto sin demasiado interés en la tela pero entrando con fuerza en el capote de Diego San Román. Empezaba la faena en los medios, el animal atendía desde la lejanía, pero tremendamente aquerenciado. San Román intentaba sacarlo de allí, pero solo se movía para ir a las tablas, totalmente desentendido y sin oportunidades para el novillero. Lo toreaba en la querencia, con riesgo, pues modificaba su trayectoria haciendo por él. Tanto se la jugó que lo prendió feamente, los pintones viajaron por aéreas vitales. No quería tela, solo tablas. Embestía sin fijeza, sabiendo lo que dejaba atrás, sin querer pasar. Kamikaze, culminó por bernardinas, para después dejar un estocada trasera y atravesada. Le volvería a prender una vez más.

“Laminado” marcaba el ecuador del festejo, al que recibió el director de lidia, Juanito. En el capote mostró que por el izquierdo se cerraba mientras que por el derecho se abría. Atalonado en la arena, pasándoselo por la espalda y citándolo desde los medios. Así comenzó la faena. Siguió, ahora mucho más despacio, para darle el pecho, citarlo por delante de la cadera y dándole profundidad y ligazón a las tandas. Justo y medido, necesitaba mucho tacto, para evitar que este se rajara antes de tiempo. La respuesta del animal por el pitón derecho era mucho mejor que el izquierdo, se reducían las irregularidades de las embestidas. Aún así, lo volvió a tomar por el izquierdo, probando que no tenía recorrido, no tenía prontitud y totalmente descompuesto si estabas muy encima de él. Le dejó mano baja, sometiéndole pero sin mayor repercusión, cada vez respondía de una forma al cite, era difícil construir una faena regular. Cerró por bernardinas –fuera de lugar- para que en la suerte suprema lo mató a recibir para después recurrir al golpe de cruceta.

Antonio Grande no esperó a que se desgastara para recibirle en la tela. “Pardillo” no se encelaba y le costaba repetir con ritmo. Tras brindar a El Viti, se dispuso en tablas, genuflexo alternando con la rodilla en tierra, para obligarle por abajo. Brusco y desigual en la embestida no daba pie al lucimiento, al menos en esos primeros compases de la faena. Antonio Grande seguía en busca del muletazo decente, pero se quedaba corto y sin clase se paseaba como si nada con la cara baja por la franela del diestro. Le provocaba en el cite, pero se arrancaba descompuesto. Siempre en el sitio y adaptándose a las exigencias del astado, era desagradecido, se paraba en seco sin romper ni profundidad. Soltaba, además, algún que otro cabeceo. Mucha paciencia tuvo que tener el novillero, que sin continuidad ni lucimiento el animal ya estaba vacío. Fue más certero en el descabello que en la estocada.

Cerraba el festejo “Mestizo” para el mexicano Diego San Román, quien lo esperó genuflexo en el tercio en los primeros lances de recibo. Suelto y entrando con genio y descompuesto por el pitón derecho. Empezó la faena de rodillas, sometiéndole por abajo a un toro sin prontitud ni celo, con una clara querencia a tablas y totalmente ajeno a la faena. Entraba con genio apretando hacia su referencia. Lo cambió y lo sacó a los medios. Entre miraditas y derrotes secos en los que metía la cara hacia el diestro, iba construyendo tandas lentas y llenas de incertidumbre ante una embestida desigual. Se paraba y en uno de las medias arrancadas le prendió, todo quedó en nada de lo que podría haber sido, el pitón no caló. Se recompuso sin mirarle y en la cara del toro acortó las distancias, cruzándose, sin éxito, porque al igual que sus hermanos era muy desagradecido. Lo que sí caló fue el valor del mexicano en el tendido. Se despidió por manoletinas ya metido en tablas, donde lo mató en una estocada limpia, aunque algo caída.

Plaza de Toros de Las Ventas. (M) Ecuador de la Feria de San Isidro. Más de media plaza. Con toros de Fuente Ymbro, el juego de estos fue complicado, sin muchas oportunidades  y con muchas exigencias. Juanito: silencio y ovación. Antonio Grande: ovación tras aviso y silencio. Diego San Román: ovación y ovación tras aviso.

  • Imagen vía: NTR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!