• Crónica vía: DAVID BUSTOS

Mientras una marea inglesa se emborrachaba con alcohol por las calles de Madrid, otros disfrutábamos de un festín de torería en plena calle Alcalá. Tres orejas y el comienzo de una nueva vida para Don Antonio Ferrera. Un maestro del toreo donde los haya. Se rumoreaba sobre una posible baja del matador -a causa de problemas personales- en San Isidro. Y no sólo llegó finalmente a su cita con la afición venteña, sino que reventó Madrid con su entrega y su verdad. ¡Tardaremos en ver dos faenas tan personales como las que cuajó Ferrera a los de Zalduendo! Sentimiento, imaginación. Pureza. Su extraordinaria temporada al otro lado del charco le sirvió para cambiar de aires en su concepto. Para perfeccionar una esencia sin precedentes. Afortunados somos de tenerle y disfrutarle cada tarde. El quite de oro que hizo Ferrera para sacar del caballo al primero fue el inicio de un repertorio lleno de improvisación. Con la muleta en el hombro contrario comenzó la faena. Su faena. En frente, un enclasado e interesante toro de Zalduendo. El mejor homenaje al ganadero, recientemente fallecido, Fernando Domecq. Lástima que terminara buscando las tablas justo antes de darle muerte. Porque embestir, embistió con todo hasta ese instante. Tiró la ayuda Ferrera en la primera tanda. Le dio distancia, tiempos. Acarició sus embestidas como si de un pincel se tratase. En redondo. Enroscado. Luciendo el recorrido del toro con ambas manos. Sintiendo cada muletazo. Haciéndolos sentir al público. Las salidas de la cara del toro desprendieron elegancia. Y hasta con la espada en sus carnes, el de Zalduendo humillaba en una improvisada tanda del torero. ¡La que estaba liando! Y le pidieron las dos. Una concedió el Presidente, la otra se la compensó con los dos trofeos del cuarto. Excesivo el segundo, pero merecida la Puerta Grande. La faena a «Cítaro» fue a más. Todo lo hizo Ferrera. En tablas lo «metió» en la muleta, consiguiendo poder unas embestidas bruscas y complicadas. Honró al clasicismo, al toreo lento y templado. La estocada, muy lejos de la espectacularidad de la primera -matando recibiéndolo, tras darle mucha distancia-, no tapó la emoción de lo vivido allí.

Curro Díaz, otro torero muy del gusto de Madrid, no pudo reivindicar su sitio. Un lote falto de empuje y entrega -el segundo resultó manso y rajado- de Zalduendo tan sólo le permitió mostrarse correcto con él. Sin embargo, Luis David tuvo más suerte con sus respectivos ejemplares. De variado juego pero con opciones en la muleta. El tercero, noble aunque de corto recorrido, fue a más y embistió con ritmo. Y el sexto, más exigente, se ensañó con él tras voltearle en medio de una faena voluntariosa y de esfuerzo. Entre aplausos salió de la enfermería, visiblemente dolorido, pero con la intención de dar muerte a su oponente. Los aceros silenciaron su actuación.

Plaza de Toros de Las Ventas. 19° festejo de San Isidro. Algo más de media plaza. Toros de Zalduendo, bien presentados y de variado comportamiento. Antonio Ferrera: oreja (y dos vueltas al ruedo) y dos orejas tras aviso; Curro Díaz: ovación con saludos en ambos; Luis David Adame: ovación con saludos y silencio tras aviso.

  • Imagen vía: @LasVentas

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