• Crónica vía: DAVID BUSTOS

No era un zoo, tampoco se trataba de la selva amazónica. Sucedió en Las Ventas, entre tigres y leones vestidos de luces. Había hambre y expectación. Seis fieras cárdenas esperando el combate. Una de las tardes más esperadas del ciclo isidril, y hasta el cuarto toro hubo que esperar para disfrutar de la casta y bravura de los «adolfos». ¡Qué segunda parte de la corrida! Brava, enclasada y sobre todo con un fondo de casta que permitió cerrar con nota alta el ciclo de homenaje al encaste Albaserrada. Vaya tres tardes.

Escribano, apostó por su actitud -disposición y voluntarioso- frente a un dispar y variado lote, pero se topó con la cruz de la moneda. La parte dura de la Fiesta. Una grave cornada en el muslo, en un momento de excesiva confianza delante de la cara del cuarto toro, le obligó a ser intervenido durante más de una hora en la enfermería del coso venteño. En ese momento, parte del público triunfalista se giró hacia la criticada Grada Joven del tendido 6 para recriminar que hubieran protestado la colocación al matador. ¡Cómo si hubieran dado ellos la cornada! Lo que faltaba por ver. Ni unos tan malos ni otros tan buenos. Tampoco se debe «acribillar» con pitos a un torero en medio de la faena. Se llama respeto y es imprescindible. Sin embargo, la realidad es que Escribano había cuajado un gran comienzo de faena; unos cambiados por la espada dieron paso a varias tandas de irregular eficacia. El toro, de nombre «Español», embistió con prontitud y trasmisión. No fue fácil. El trascurso de la faena hizo aumentar su exigencia y en un momento de descuido del espada, lo volteó de una pierna. La sosería del primer ejemplar vació de contenido la faena de Escribano.

Firme, con las ideas claras. Así llegó de nuevo Román a Madrid. La evolución en su concepto comienza a tener sus frutos y la actuación del valenciano fue muy importante. La oreja, del noble y enclasado quinto, será sin duda uno de los trofeos a tener en cuenta en las valoraciones de la feria. Bueno, ¡y la estocada! De cabeza al mar, se dice. Pues este de frente a la muerte se tiró tras exponer con mucha verdad por ambos pitones. En la corta distancia, enroscado y cargando la suerte. Girando sobre su cintura. Aguantando derrotes y miradas que contenían más peligro que bondad. Lo exprimió hasta el límite por el pitón derecho, tragó por el izquierdo. También en los de pecho. Pero nunca perdió la colocación. Meritoria disposición de Román que también dió la cara frente a la alimaña que hizo de segundo. En ese no hubo suerte con los aceros pero el esfuerzo, y los méritos hechos delante del complicado animal, lo recompensó Madrid tras el arrastre del «adolfo».

La decepción llegó con el tercer toro. No fue bueno y sí peligroso. Especialmente por el derecho, pitón por el que se le coló varias veces -derrotando con brusquedad- al diestro Roca Rey. No hubo entendimiento y faltaron ganas para terminar de sobreponerse al astado. Pero con el gran sexto llegó la sorpresa. Roca brindó al público y lo citó con ciertos aires de valentía. ¡No fue tonto, no! Lo había visto en los capotes y sabía que tenía que apostar sí o sí con él. Había dudas entre algunos aficionados sobre si podría hacer frente a ganaderías de las consideradas como duras. El bombo puso en su camino Adolfo y él pronto se encargó de resolver la incógnita: faena importante del peruano y muy buen toro para bajar el telón a la tarde. Este último embistió con ritmo y calidad en la muleta. Se entregó y, aunque le faltaron algunos finales, derrochó importancia en el ruedo. Roca lo cuajó, ¡y hasta se gustó! Un cambio de mano extraordinario y el pase de pecho -posterior- mirando al tendido dejó constancia de su poderío. La faena, sin ningún tipo de adorno ni recurso, se desarrolló con largura y profundidad. La espada le privó de trofeos pero el examen quedó más que aprobado. Sabe torear y muy bien. Por encima de hierros y gustos. La chispa de «Madroñito» -pronto y con emoción- y la verdad de Roca -dejando algunos muletazos muy templados- hicieron del roce, el cariño. Ojala, la primera de muchas. Por la Fiesta.

Plaza de Toros de Las Ventas. 17° festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de No Hay Billetes. Toros de Adolfo Martín, de variada presencia e interesante comportamiento. Manuel Escribano: silencio tras aviso y herido. Román: ovación con saludos y oreja. Roca Rey: silencio y ovación con saludos tras petición.

  • Imagen vía: @LasVentas

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