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La tercera terna de San Isidro baila con las más feas

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

El ruedo venteño recuperaba la calma tras la tormenta de la Puerta Grande en San Isidro. La tarde de David Galván, Juan Ortega y Joaquín Galdós con los toros de la ganadería de Valdefresno y Fraile Mazas, dejaron sin oportunidades a los diestros. Los astados, a pesar del cambio de ganadería, tenían comportamientos similares tanto en el capote como en la muleta. En los lances de recibo les costaba encelarse en la tela, saliendo sueltos en el tercer capotazo, sin embargo, la fijeza, las fuerzas y la entrega en la franela se medían a cuentagotas. Algunos, como el tercero y el cuarto, tuvieron movilidad, algo que tampoco se pudo aprovechar, en unas faenas macadas por el viento y los terrenos. No admitían el sometimiento por abajo. No se puede hablar de mejor ni de peor lote, todos repartían culpa en una especie de comportamiento sin interés en la faena. Galván se encontró con un lote que lo medía, consiguiendo alguna que otra tanda aceptable en el primero de la tarde. Juan Ortega mantuvo su saber estar del pasado 21 de abril, pero en este caso sin oportunidades, no pudo extraer ni una serie al segundo de su lote. Por último, Joaquín Galdós encontró unos astados que no le servirían ni para el triunfo ni para el lucimiento, hizo lo que pudo haciendo uso de su Tauromaquia, más que demostrada en más de una ocasión. Puede que lo más destacable, más allá del saber estar de la terna, sea el tercio de banderillas ejecutado por Juan José Trujillo.

“Campero”, primer toro de la tarde y de la ganadería de Valdefresno, se recorrió la plaza sin prestar atención al capote de David Galván. No terminó de romper en la tela, perdía las manos, -seguimos sin encontrar la fijeza-. Galván empezó la faena sacándole al paso, mientras le probaba sin detenerse. Con ritmo y prontitud compensó la irregularidad de la embestida. El aire fue un invitado que dificultó la labor del diestro, no le ayudó a someter a “Campero”, un toro al que había que llevar con la mano muy baja sin obligarle en exceso. Su embestida seguía siendo descompasada y sin definir, al igual que la fijeza, la cual brillaba por su ausencia, a pesar de su prontitud y “ligazón” en la franela. El animal media y sabia lo que dejaba atrás, incluso llegaba a interrumpir los muletazos para quedarse corto, comprometiendo a Galván. La faena se desarrolló por el pitón izquierdo, al menos las series más logradas, sin embargo, se rajó sin mostrar lo que llevaba dentro. Concluyó por manoletinas muy ajustadas, en las que se llevó un pitonazo en la axila. Pinchó para después matar con habilidad dejando una espada tendida, acompañada del aviso.

Juan Ortega paró a “Lirio”, con un recibo capotero con repetición, en el que apretó hacia dentro. Empezó la faena en el tendido uno pegado a tablas, buscando el resguardo del viento. Lo probó, pero el aire y los terrenos eran aspectos a tener en cuenta. Obedecía mientras Ortega intentaba cambiarle los terrenos, dándole el pecho y tirando de él para que después siguiera el engaño sin pausa hasta el final. En el tercio desarrolló la faena, una faena marcada por las miradas, las distancias cortas y la lentitud en los muletazos. El animal no paraba de calcular las distancias, había que darle mayor amplitud a su embestida evitando que se ciñera en exceso y  sus medias arrancadas terminaran en tragedia. No había nada que sacar de “Lirio”, todo lo contrario a Ortega, quien mantuvo el nivel del pasado 21 de abril. Mató con aseo y a cámara lenta, dejando un estoque algo atravesado, lo mató en los medios, ayudado del descabello.

“Carasucio”, tercero de la tarde y primero de Fraile Mazas, le correspondió en suertes a Joaquín Galdós, en unos lances con repetición en los que le obligó por abajo colocando su embestida, al tiempo que lo sacaba a los medios. Lo recibió en la muleta con la rodilla flexionaba al tiempo que lo tanteaba y sacaba de las tablas. En las primeras series empezó a llevarlo por abajo con cites delanteros llevados con los vuelos de la muleta, que serían seguidos y continuados. Sin oportunidad de que se le fuera de los medios, se dejaba someter atendiendo a la tela, entrando con prontitud y determinación, le fallaba la fuerza. Quizá, le faltaba sitio a la faena, aún así, prolongaba su embestida hasta el final intentando colocar la cara, ligando un natural con otro, pero apretando hacia su terreno. Le metió la mano cayendo sin puntilla.

Otro toro de Fraile Mazas, “Madrileño”, marcaba el ecuador del festejo. En este caso sería Galván el encargado de recibirle, saliendo con las manos arriba y suelto a partir del tercer pase. Cayó en la cara del toro esperando que no hiciera por él, afortunadamente, llegó el quite de la cuadrilla. Empezó la faena con variedad en sus pases y eligiendo los terrenos más ajenos al viento. Muy parado y sin continuidad, el último tercio se ralentizaba, con un animal que no acompañaba en sus embestidas, en las que no humillaba y salía descompuesto. Con medias arrancadas y derrotes varios, sin ningún tipo de entrega por el pitón izquierdo, era una especie de bestia poco agradecida. A partir del tercer muletazo, ya no quería engaño, claramente sabía dónde estaba el diestro, quien con empeño intentó torear. Dejó media estocada, algo tendida, al tercer intento, que le llevó  directo al descabello, con un aviso.

Juan Ortega recibía en el capote a “Cantinillo” de nuevo de Valdefresno, un toro con querencia que buscaba la vuelta a chiqueros, pero que arremetía con genio en la tela, saliendo con la cara alta y las manos arriba. El inicio de faena se resumió en alejarlo de tablas con mucha lentitud y torería para llevarle al paso por abajo. Había que encontrar los terrenos, justo en el tercio, donde el animal seguía apretando hacia su referencia, las tablas. Tuvo que jugar con las distancias y los tiempos, pero no había manera de someterle para que siguiera el engaño, se negaba a pasar y mucho menos mostrar su fijeza en la tela. No rompió ni tampoco tenía oportunidad en ninguno de los dos pitones. Ortega hizo lo que pudo, lo probó. No se pudo contar ni una tanda en su faena, la embestida no admitía el toreo. Al tercer intento dejó media estocada tendida, acompañado de cuatro descabellos y el primer aviso.

Cerraba el festejo “Lisongero”, un ejemplar al que Galdós pudo llevarlo con el capote, mostrando así su embestida algo más uniforme. Muy pensativo comenzaba el peruano la faena, con un toro que variaba su embestida en función del muletazo. Desigual, descompuesto lento en la arrancada y ajeno a lo que sucediera a su alrededor, era el sexto de la tarde. Galdós no le quitó la franela del morrillo, evitando el genio y la brusquedad ante la tela. Se paró, no había nada que hacer -como con los otros cinco toros-. Cambió la ayuda por la espada, lo dispuso en suerte contraria matando con aseo y agilidad.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Tercera de la Feria de San Isidro. Con toros de Valdefresno (1º, 2º, 5º, 6º) y Fraile Mazas (3º y 4º) de comportamientos similares, tanto en el capote como en la muleta. La fijeza, las fuerzas y la entrega en la franela se medían a cuentagotas. No admitían el sometimiento por abajo. David Galván: ovación tras aviso y silencio con aviso. Juan Ortega: división y silencio con aviso. Joaquín Galdós: ovación y silencio.

  • Imagen vía: @LasVentas

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