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El temple de Álvaro Lorenzo

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

Pepe Moral, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, junto a los astados de El Pilar, fueron los protagonistas de la tarde. O al menos en un principio, pues el protagonismo recayó en Álvaro Lorenzo, con una actuación firme y con mucho temple. Fue una faena muy medida en la que bailó con el toro. En cuanto a los astados mencionar el excelente comportamiento que tuvo el cuarto ejemplar de la tarde, comportamiento que se dio de bruces en la muleta, resultó no ser tan bueno por ambos pitones con embestidas descompuestas. En rasgos generales, se puede decir que en su mayoría se dejaron llevar, mínimamente, en la muleta, pero que tuvieron poco empeño en el capote. No fueron toros para el lucimiento, aunque el viento tampoco ayudó mucho. El primero por ejemplo mostró una mansedumbre descarada acudiendo a la puerta de corrales. Pepe Moral lleva tiempo sin ser Pepe Moral, y esta tarde no ha sido una excepción, con el primero poco pudo hacer, pero con el segundo no terminó de exprimir el pitón derecho. Ginés Marín estuvo digno pero sin opciones.

Pepe Moral y “Medicina” eran los encargados de abrir el festejo. Los lances de recibo fueron comedidos y breves, no terminó de captar su atención y por si fuera poco, ya empezaba a perder las manos, parecía tener una leve lesión en las patas traseras. La manera de apretar y de llevar la cara alta ralentizó el tercio de banderillas. Por fin se iniciaba la faena, Pepe Moral seleccionó las tablas para empezar a tantearle, sin embargo, el animal acudía a la querencia sin fijeza ni empeño. La mansedumbre quedaba más que latente, pero desde la puerta de corrales, lo sacó al paso fuera del tercio. Protestaba, sin terminar de rematar ni culminar el muletazo. Cuando conseguía entrar, algo que hizo por el pitón derecho, el animal entraba colocando la cara con profundidad, pero perdiendo las manos, en alguna ocasión. Al menos, seguía con celo la franela. Buscaba y calculaba muy bien las distancias, no se le podía dejar pensar, había que mantenerlo fijo en la tela, sin embargo, en los últimos compases no atendía ni al toque fijador, no había de donde sacar. Al segundo intento, metió sin acierto la mano, pero caería.

“Tontillo” era el primero del lote de Álvaro Lorenzo, otro astado suelto que salía del capote con las manos por arriba y agresividad. Le costó encelarse. El tercio de banderillas, caótico. Con la muleta en la mano, Lorenzo se dispuso y muy lentamente le fue sacando de tablas, cambiándole de terrenos. En las serie su comportamiento era incierto, no era pronto y no pasaba del tercer muletazo. Prosiguió con mucha calma, llevándole por abajo y dejándole en todo momento el engaño en la cara, en busca de la ligazón. Lo domeñó, el toro entraba por abajo y colocando la cara, totalmente sometido. Álvaro bailó al compás de “Tontillo”. Dosificó mucho sus fuerzas midiendo bien las embestidas, razón por la que cuajó faena con series cortas dotadas de temple, pero entrecortadas. A punto estuvo de ser prendido, afortunadamente sin consecuencias, en su primer intento. Dejaría, al segundo, una espada certera.

“Portillo”, el tercero de la tarde, se paseaba como si nada en el saludo capotero de Ginés Marín, tardaría en dejarle prendado, no hubo lucimiento. Sin apenas tiempo de reacción, el diestro inició la faena genuflexo para después llevarlo hasta los medios. Sin embargo, el animal tenía poca fuerza, ya en el primer muletazo perdía las manos. No se le podía someter en exceso, razón por la que Ginés jugó con las alturas para corregir y colocar su embestida. Mucho tiempo y espacio le tuvo que dar el extremeño. Algo bueno tenía que tener, pero el recorrido del que estaba dotado solo se acortaba. El astado acometía sin ningún tipo de empeño, al igual que en el capote, se paseaba. Solo se le podía ensimismar en la tela citándole desde delante, alargando el brazo y recogiendo al animal para que volviera. Así parecía repetir e incluso tener continuidad. Toreando con las manos juntas, así fue el desenlace. Tampoco dudó en la suerte suprema con una estocada arriba y en su sitio.

Recuperaba el testigo Pepe Moral con “Mirador”, un toro que rápidamente se enceló en los lances de recibo, aportando  un poco de luz a la tarde. Por fin se ejecutaban bien los tercios de varas y banderillas. Atalonado en la arena para después seguir genuflexo en busca de mimar la embestida del animal. Así el inicio de la faena de muleta. En los medios entraba con ganas al cite, sin hacerse esperar, algo que Moral aprovechó, la inercia. Por el pitón derecho, entraba totalmente descompuesto, por lo que si quería triunfo debía terminar de pulir el derecho, pitón por el que se mostraba más tolerante y obediente. Iba por momentos, en las distancias cortas le costaba mucho más adentrarse en la franela, daba más resultado las largas distancias. Aún así, Moral recuperó el pitón izquierdo sin opciones. El astado tenía recorrido y humillaba, pero sin temple, razón que llevaría al sevillano a cambiar la ayuda por la espada. Eso sí, mató con aseo  y de manera rotunda.

“Alambrisco”, el segundo del lote de Álvaro Lorenzo, pasaba sin rotundidad en el recibo capotero. Iniciaba la faena pegado a tablas, alternando muletazos genuflexo y en pie, con los que poco a poco lo sacaba de sus terrenos. De nuevo, La Maestranza era testigo del temple del diestro. Tuvo mucho mimo, cuidando una embestida que ya era uniforme. Entraba intentando colocar la cara y humillando, por lo que Álvaro aprovechó para alargar los naturales llevándole con los vuelos de la muleta para tirar de él y recuperarle en el siguiente natural. Tan solo la pierna atrás y la mano baja  le sirvieron para cautivar a “Alambrisco” y al público. Muy despacio y dándole su tiempo lograba la ligazón deseada. De una embestida vacía, Lorenzo puso todo de su parte para equilibrar. Quizá se excedió de faena, a pesar de que el astado siguiera respondiendo. Puso el broche final con manoletinas y el doble pase de pecho. La estocada quedó algo trasera y tendida, acompañada del aviso.

“Sospetillo” cerraría el festejo de la mano de Ginés Marín, que a pesar de salir suelto terminaría repitiendo desde los medios en los vuelos del capote. El extremeño quiso empezar la faena a pies juntos demasiado lejos, pero el animal no se decidía a entrar al cite. Cuando se adentró en la tela demostró mayor genio por el izquierdo que por el derecho. El aire no ayudaría en la faena, había que cambiar los terrenos. La mano baja de Ginés propició la humillación, la cual vino acompañada de la colocación de la cara. Para nada era pronto, le costaba mucho pasar, había que cruzarse y buscarle, nunca embestía igual. Es cierto que le dio recorrido, pero alejado de la continuidad, pues los muletazos se daban de uno en uno, y cada vez que se salía de la tela le costaba volver a tomarla. La agresividad en las embestidas cada vez la mostraba más, por ello Ginés intentó acoplarse a las embestidas y mantenerlo. Desde su salida estaba claro el desenlace. Sería en el segundo intento cuando metiera la mano y lo matara con habilidad.

Feria de Sevilla en la Real Maestranza (A) Con toros de El Pilar. En rasgos generales se dejaron llevar, mínimamente, en la muleta, pero que tuvieron poco empeño en el capote. No fueron toros para el lucimiento. Pepe Moral: silencio y silencio; Álvaro Lorenzo: vuelta al ruedo y ovación tras aviso; Ginés Marín: silencio y silencio.

  • Imagen vía: @maestranzapagés

 

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