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La vuelta de Urdiales no da la vuelta al festejo

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

El festejo anunciado en Sevilla agotaba las entradas antes de tiempo, una terna compuesta por Morante de la Puebla, Diego Urdiales y José María Manzanares, quienes se encargarían de estoquear a los ejemplares de Juan Pedro Domecq. Unos astados de juego variable e incluso escaso, con los  que los diestros tuvieron que adaptarse a las exigencias de los animales, toreando por y para el toro. Mucho peligro el asumido por Morante al intentar lidiar con el segundo de su lote y el sobrero, también de Domecq, sin fuerza y mucho riesgo cuajó la faena. Tampoco corrieron mejor suerte Urdiales o Manzanares, con astados sin opciones, con embestidas descompuestas de escaso lucimiento. De nuevo, las expectativas superaban la realidad de la tarde. Por otra parte, es necesario destacar a “Nebli” un astado con muchas exigencias, pero al que supo entender Diego Urdiales, lo que bien le mereció la vuelta al ruedo. En cuanto a Manzanares, acompañado de la Banda de Música, inventó una faena estructurada con juego en las distancias y el cite. Hubo compromiso por parte de los diestros pero falta de entrega en los astados de Juan Pedro Domecq, en rasgos generales.

Abría el festejo un ejemplar de Juan Pedro Domecq de nombre “Organista”. Le recibió en su capote Morante de la Puebla, sin moverse, esperando que el animal fuera a él y no al revés. Este salió suelto y sin celo, mucho mejor entraba si se le sacaba de su  querencia. Sin embargo, decidió empezar la faena de muleta pegado a tablas, donde le probó de manera intermitente por ambos pitones. Morante ya dejaba con desmayo la mano baja en busca del temple y la humillación en un toro manso. Por el pitón derecho quedó claro que la prontitud no era su fuerte, aunque sí lo fue la obediencia y la repetición. Siempre alejado de las tablas, Morante encontraba la oportunidad de faena. No le dejaba salir de un natural cuando ya le estaba introduciendo en otro, dejándole la muleta en el morrillo, solo así seguía la tela. Por el izquierdo no pasaba, no había manera, se negaba. Motivo que le llevó al diestro a la suerte suprema, donde al segundo intento dejaría  una  estocada caída pero fulminante.

El segundo en la terna era Diego Urdiales, quien ejecutaría unos lances de recibo a “Nebli” poco lucidos, al principio, pero efectivos, caminando con él, al paso. Empezó la faena de muleta entrando con genio en el engaño del riojano, sin embargo, poco le durarían las fuerzas. Sin terminar de sacarlo a los medios le siguió toreando muy despacio al compás de las exigencias del astado. No salió del tercio. Las distancias largas le costaban mucho más. Algo que  Urdiales supo ver, razón por la que no le quitaría la muleta de la cara, dándole recorrido aprovechando los vuelos de la franela. Al menos, la embestida fue limpia y templada humillando. Lo más fructífero salió por el pitón izquierdo, eso sí, contando los muletazos con cuentagotas, pues eran limitados. Aún así se enroscó con el de Domecq hasta rematarle con un bajonazo y un único golpe de cruceta.

“Sinfonía”, el tercer ejemplar de la tarde, se encargaba de recibirlo José María Manzanares. Un astado que no remataba y salía suelto, que se terminó encelando en el capote. Entre tercios, es necesario mencionar el percance, sin consecuencias, de Suso en el primer par de banderillas. El inicio de la faena fue desconcertante, Manzanares probaba al toro y los terrenos, pues el viento empezaba a soplar. Por fin encontró su sitio, o se equivocó, el animal respondía, al igual que lo hacía al cite siguiendo los vuelos. Se buscaba el recorrido para evitar que en el tercer muletazo su embestida se cerrara y arremetiera hacia el interior. De nuevo, la faena se estrellaba, no se podrían ver series bien rematadas por abajo sin obtener una respuesta violenta. Razón, por la que Manzanares eligió el tiempo y el espacio como aliados. Con paso atrás, la cadera hacia delante y la mano marcando el recorrido intentaban domeñar a su adversario. No cuajaría la faena, poco tenía para dar “Sinfonía”. Metió la mano en el cuarto intento para dejar una espada efectiva.

Morante de la Puebla realizaba un saludo capotero escaso, pero bien llevado a “Fanegero”. No eran los terrenos, sino la poca fuerza del animal, la cual quedaba latente en la salida del caballo y los lances sucesivos. Era cuestión de tiempo, el presidente sacó el pañuelo verde. En su lugar salió el sobrero de nombre “Lacerado” , al que Morante recibió en la tela con mucha paciencia, salía suelto y solo entró en los medios, alejado de tablas, entrando con la cara baja. Bien rematado. No fue el mejor lote de Morante. Comenzó la faena con las tablas de referencia, para que muy despacio empezara una serie ligada y bien rematada hasta sacarle del tercio. Sin embargo, volvía a su querencia, así que se adaptó. Empezaba los muletazos por delante de la cadera sin abrir su recorrido, por lo que jugó en las distancias muy cortas. Había su debida pausa entre pase y pase, no había que atosigarlo. El empeño fue sacarlo, soportarlo y exprimir lo poco que llevara dentro, con naturales largos dándole salida. El recorrido iba variando con el avance de la faena, ya no era tan claro como al principio, más agresivo, perdía de vista la tela, por lo que Morante volvió a los terrenos del inicio. El toro no llevaba nada dentro. Tras el aviso pinchó, todo su esfuerzo se esfumó, sería a la tercera cuando la espada entrara, pero sería en el golpe de verduguillo cuando se echara.

“Juicioso”, el quinto de tarde, se paseaba por el capote de Urdiales, bajando algo la cara pero sin una embestida estructurada y uniforme. Tras el correspondiente brindis al público, se dispuso para empezar en las tablas y sacarlo al paso a los medios, mientras le intentaba obligar por abajo sin éxito. Ya fuera de la querencia, Urdiales, le buscaba y le obligaba a someterse, marcando con exactitud los muletazos. Tan solo el paso atrás marcaban el final de un muletazo y el inicio de otro. Tuvo determinación en el temple, supo componer, más o menos, la embestida brusca y desmedida de “Juicioso”. Los derrotes llegaban en la salida del natural, quedándose corto y acortando cada vez más las distancias. Había que llevarle por abajo pero sin excederse, pues perdía las manos, además que tampoco se dejaba llevar. En la suerte suprema, dejaría media estocada en el segundo intento, acompañado del primer aviso, culminaría con el golpe de cruceta.

Cerraba el festejo el toro de Manzanares, “Mosquito”, saliendo suelto al principio y con las manos por delante sin rematar. En el inicio de faena la embestida por el pitón derecho seguía siendo descompuesta, mientras que por el izquierdo se dejaba llevar. Pasaba por la muleta sin humillar, sería ya en el tercer muletazo cuando este comprendiera que había que meter la cara y colocarla. La longitud y amplitud de la que dota Manzanares a sus naturales correspondía con la ligazón, pues no le dejaba tiempo para que este se dispersara y se desligara. Ya empezaba a someterle por abajo, templándole. Todo lo contrario ocurría por el pitón izquierdo, donde a partir del tercero este se desentendía de la franela. Sin embargo, el diestro  quería más, mientras el animal iba a menos. Lo puso todo Manzanares. Pero la embestida del de Domecq iba variando, no había dos tandas iguales. Concluyó en tablas. No estuvo tan acertado en la suerte suprema, donde acabaría con su adversario cuando se perfilaba por segunda ocasión.

Feria de Sevilla  en la Real Maestranza de Sevilla (A). Cartel de no hay billetes con los ejemplares de Juan Pedro Domecq. Toros  de juego variable e incluso escaso, con los  que los diestros tuvieron que adaptarse a las exigencias de los animales. Morante de la Puebla: silencio y ovación tras aviso; Diego Urdiales: vuelta al ruedo y silencio tras aviso; José María Manzanares: silencio y ovación.

  • Imagen vía: @maestranzapagés

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