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Un inconsciente y dos «prendas» en Colmenar de Oreja

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  • Crónica e imagen vía: DAVID BUSTOS

Ni a palos aprenden algunos… Qué pena. Qué miedo. Porque cuando uno es consciente de las consecuencias y, aún así, persiste en sus actos, es de ser un verdadero necio. Y si encima está poniendo en peligro a gente ajena a él, digamos que mucha cordura no puede haber. ¡Y se extraña de los pitos! Qué poca vergüenza. Un griterío ensordecedor alertaba de lo que allí estaba sucediendo pero nadie, repito, nadie fue capaz de expulsarlo de ese callejón a pesar de la gravedad. Luego nos lamentamos cuando pasan cosas. Afortunadamente todo quedó en un susto y la localidad de Colmenar de Oreja puede respirar tranquila una vez más. Pero, ¿y sí ese toro llega a adentrarse más allá del tablado? ¿Qué hubiera pasado si el toro llega a saltar al callejón con toda la gente que allí había? ¿Volvemos a pasar por alto lo sucedido o tomamos más precauciones? Creo que es momento para sentarse y reflexionar. Esto no es juego. 

Todo sucedía tras la celebración de un deslucido encierro urbano: el primer toro, se empleó en el asfalto y alcanzó el albero con una evidente falta de fuerzas; el segundo, el de mejor presencia, resultó inválido tras lastimarse una pata; y por último, el tercero, serio aunque algo feo de cara, se convirtió en el protagonista de la tarde. 

La capea arrancó con un toro reservón e incierto, tan imprevisible que a punto estuvo de coger al recortador Sergio Pinel en una valiente rodada. Tras el susto, pocos se atrevieron con él. Un recorte, otro quiebro -templado- en los medios y ¡puerta! No hubo grandes detalles más. El siguiente animal de capea tampoco puso las cosas fáciles. Le costó definirse y, aunque regaló alguna embestida con nobleza, resultó complicado. Además, generó momentos de enorme tensión durante su suelta, ya que rompió las tablas de la plaza en varias ocasiones. Y todo por los continuos cites de algunas personas para dar «morbo» a la situación; o más bien por «hacer la gracia»… Cómo el inconsciente que provocó el segundo de los sustos. Este no dejó de llamar la atención del toro hasta que consiguió que rompiera otra parte del tablado y, una vez roto, intentó que el animal se adentrará en el callejón. ¿Qué entretenido, verdad? Ni que fuera su perro, o el gato del vecino. Era un toro y, además, bien serio. La bronca unánime del respetable venció a la insensatez de quien pudo provocar una tragedia.


 

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