• Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La segunda tarde de la Feria de Sevilla contaba con un cartel de lujo, Morante de la Puebla, Julián López “El Juli” y Miguel Ángel Perera, que se medirían a los astados de la ganadería de Garcigrande. Una ganadería que el año pasado dejó buenos destellos con “Orgullito”, algo que ha vuelto ocurrir solo que con “Arrogante”, que de nuevo cayó en manos de El Juli. El diestro demostró su buen hacer y experiencia tanto en el capote como en la muleta, lo que le destinaron a la Puerta del Príncipe. Los ejemplares de Garcigrande salían sueltos y les costaba centrarse en la tela, pero después respondían y se dejaban someter. Es cierto que en ocasiones se vinieron abajo, no solo por sus fuerzas limitadas sino por no encontrar los terrenos, se cansaban y se rajaban. Aún así, tanto Morante de la Puebla como Miguel Ángel Perera se mostraron rotundos, siempre en sitio con muletazos de calidad bien templados en los que se toreó por y para el toro.

“Gobernador” fue el toro encargado de abrir el festejo y el que perteneció en suerte a Morante de la Puebla. Al de Garcigrande le costaba atender a los cites saliendo suelto, sin embargo, el diestro le esperó pacientemente sin moverse. Todo cambió cuando lo llevó a los medios, donde le meció el capote. Sin pausa, Morante iniciaba la faena pegado a tablas, probándole por ambos pitones y llevándole al paso hasta sacarlo del tercio. Muletazos templados conducían la embestida limitada e irregular de “Gobernador”. Algo descoordinado y descompuesto cogía la tela, eso sí, llevado por abajo. Rápidamente se vino abajo, la querencia y la mansedumbre cohibieron la imaginación de Morante, quien dejaría una estocada casi entera pero fulminante.

El segundo acartelado fue El Juli, quien se encargó de recibir en su capote a “Machacón”, un astado que se enceló en la tela repitiendo en los medios y al que le ganó terreno. Destacado fue el uso del capote por parte del diestro madrileño por tijerillas bien rematadas. Comenzaba el último tercio atalonado a pies juntos en la arena, para probar a un ejemplar al que le costó centrarse en el engaño. Con el paso atrás, calculando bien las distancias y con naturales bien llevados de atrás hacia delante pronunciaba la embestida del animal, una embestida en ocasiones desafiante y fuera de la franela. Tendría fuerzas limitadas, pero este repetía de uno en uno y sin hacerlo de manera continuada, no había ritmo, sino riesgo y distancias cortas en busca de la fijeza y la ligazón. Los mejores naturales vinieron en los últimos compases, en los medios donde lo domeñó. Concluyó con una tanda en la que no dosificó y este obedeció, para que después al segundo intento hundiera un acero trasero.

Miguel Ángel Perera realizaba los lances de recibo al tercero de la tarde, “Saltarín”, con un toreo de capote lento y templado. El extremeño le templaba la embestida y le bajaba la mano al mismo tiempo que lo sacaba de tablas y lo llevaba a los medios. Así inició la faena de muleta. El giro de muñeca y la amplitud de su brazo fueron las claves para guiarlo cosido en la tela. Muy lento y jugando con las distancias y los tiempos, Perera enlazaba un natural con otro encontrando la ligazón y la sumisión de su adversario. Además, “Saltarín” era pronto, aunque poco a poco dejó de poner facilidades. Faltó transmisión y se cansó de la franela, ya no quería obedecer por ninguno de los dos pitones, a pesar de que se dejara torear. Mató con aseo hundiendo bien la espada.

Regresaba la oportunidad para Morante con “Sabedor”, cuarto en La Maestranza. Lo frenó y aunque le costó encelarlo este se dejó llevar. Al inicio de la faena le sobró genio y le faltó temple, la embestida del ejemplar de Garcigrande fue desmedida, salía por arriba e indomable. Le cambió de terrenos en varias ocasiones, pero sería en el tercio donde ambos encontraron el compás. No fue fácil, en cada momento el animal tenía unas exigencias distintas, por lo que poco a poco fue puliendo los defectos y luciendo lo bueno. Sin embargo, el pitón izquierdo no era la mejor opción, pues se mostraba descompuesto sin regularidad alguna. Seguía buscando su oportunidad en un toro vacío en el que Morante puso todo. Le metió la mano en el segundo intento.

“Arrogante”, fue el quinto de la tarde y por lo tanto el toro al que El Juli recibió en su capote, quien con buena mano y ritmo, desde los medios, captó su atención. Muy despacio y calculando iniciaba el madrileño la faena, ante un ejemplar lento con derrotes finales y embestida desigual. Encontraron su lugar, un área de confort en la que El Juli tiraba del astado dejándole la muleta en la cara, enlazando un muletazo con otro. No le dio descanso ni oportunidad al despiste, lo llevó cosido a la franela, ayudado de su brazo y el giro de muñeca. Empezando el natural por delante de la cadera y llevándolo hasta el final, lo vació alargando su recorrido. Lo consiguió, salió El Juli del pasado año con Orgullito. Lo llevó en redondo, sacándole lo que quería, ordenando y estructurando una faena que no daba buen presagio, de nuevo la experiencia y su mano supieron sobreponerse. Todo dependía de la estocada y no defraudó se tiró y sin puntilla cayó.

El fin del festejo llegaba de la mano de Perera y “Bien-andado”, un animal que sin destacar pasaba y arremetía en el capote repitiendo con empeño. Era de esperar, era el segundo de su lote, razón por lo que para iniciar la faena le esperaría en los medios para alternar muletazos por la espalda sin mover los pies del suelo. Le faltó prontitud en ocasiones, pero lo compensaba con su embestida, pues sabía planear, meter la cara y tenía recorrido. Obedecía en las peligrosas distancias en las que le gusta medirse a Perera. Repetía con empeño y sometimiento, no perdía de vista la muleta, iba cosido. Sin embargo, el diestro quería conservarlo, por lo que empezó a dividir las tandas jugando con el tiempo y dándole descansos. Antes del cite, el astado ya estaba predispuesto para adentrarse en el natural, pero no había que alargar mucho más la faena, a pesar de la profundidad que mantenía por el pitón derecho. Se vino a menos y Perera le dispuso en la suerte suprema, acabando con él en el tercer intento con media estocada.

Feria de Sevilla en la Real Maestranza de Sevilla. Plaza, casi, sin billetes. Con toros de Garcigrande que fueron toreables de capote y muleta, con embestidas irregulares aunque con sometimiento y obediencia que permitieron la corrección de algunos defectos. Morante de la Puebla: ovación y silencio; El Juli: oreja y dos orejas, con vuelta al ruedo para el astado; Perera: silencio y silencio.

  • Imagen vía: @maestranzapagés

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