• Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La juventud y la frescura protagonizaban la terna de la primera tarde en la Feria de Abril de Sevilla. José Garrido, Joaquín Galdós y Alfonso Cadaval se encargarían de estoquear a los ejemplares de la ganadería de Torrestrella. Astados de juego limitado y muy similar, con embestida desigual. Es necesario añadir que desarrollaban rápido, dejando sin opciones a los diestros. Sus actuaciones, por lo tanto, se vieron condicionadas en gran medida por sus adversarios, razón por la que las ganas, el empeño y la vergüenza torera no sirvieron de mucho. Uno de los lotes con más oportunidades fue el de Joaquín Galdós, quien demostró en la tarde de los más jóvenes su destreza y conocimiento. Otro peruano que pisa fuerte en el escalafón. Ha sabido colocarse y adelantarse a las necesidades de “Barbalimpia” y “Lucero”, dos de los astados que más se dejaron llevar y someter al obedecer en la franela. Tampoco se quedó cortó Garrido, quien contó con la voz de la experiencia, su actuación en el primero se puede calificar casi de impecable, pues desde el saludo capotero supo que este “Cumpleaños” tenía unas exigencias un tanto peculiares, una pena que después se viniera a menos y se terminara rajando. Sin embargo, el menor de alternativa, Alfonso Cadaval, no supo interpretar ni medir las fuerzas del último de su  lote, se quedó sin toro y sin opciones. Por último, es preciso destacar la humildad del torero de plata, Santi Acevedo, quien decidió cortarse, en solitario, la coleta antes de abandonar el coso sevillano.

“Cumpleaños” se hacía esperar en el saludo capotero de José Garrido, encargado de recibir al primero de la tarde. Un ejemplar, que de salida, no mostraba interés aunque pasando a buen ritmo, pero sin humillar en exceso. El animal estaba tan parado como al principio, sin embargo, Garrido decidió esperarlo en los medios para que con la mano izquierda ligara una tanda bien llevada y con recorrido. Así empezaba la faena. Cuando entraba en la tela, este no paraba de embestir, la seguía con celo y movimiento. Garrido supo darle tiempo y espacio a un astado cuyas fuerzas estaban muy medidas. Citando de frente ayudado de su brazo y muñeca intentaba hacer faena a “Cumpleaños”, un ejemplar que sin profundidad, entrega ni fijeza parecía perder el interés en la franela. Quedó algún que otro destello. Intentó cerrar en el primer intentó pero se perfiló demasiado lejos y esta no entró, algo que si ocurrió en el tercer intento dejando una estocada completa.

Al segundo de la tarde, “Barbalimpia”, lo recibía genuflexo y ganándole el sitio Joaquín Galdós, un toro suelto y con querencia. El tercio de banderillas fue lamentable, aunque el animal no puso de su parte, parado y ausente. Galdós optó por iniciar la faena de muleta en un intento de aproximación, razón por la que no tardó en sacarle del tercio y llevarlo a los medios. Muy pausado y midiendo los muletazos el joven espada lo llevaba a media distancia sin oportunidad de configurar una faena decente. El ejemplar de Torrestrella entraba con embestidas algo más templadas y recorrido pero sin uniformidad en el movimiento. Aún así cuando se toreó en sus terrenos, se le sometió y obligó por abajo dejándole la tela en el morrillo para tirar de él, este respondía con obediencia. Nunca veríamos dos tandas iguales. El cambio de paso atrás y las tandas por el pitón derecho fueron las más fructíferas, es cierto que ahora con casta. Concluyó en la querencia, para dejar en la suerte suprema un acero fulminante.

Alfonso Cadaval, quien se encargaba de recibir a “Pocajumbre” un astado sin fijeza que entraba con genio y se dejaba llevar despegando. Destacar la labor de Francisco de Borja picando al tercero de la tarde, quedando sobre un estribo. El menor de alternativa comenzaba el último tercio probándole por ambos pitones hasta sacarlo a los medios. Le tocó un astado complicado al que había que tratar muy despacio y con mucho temple. Su embestida no era clara cambiando su recorrido por el pitón izquierdo y volviéndose rápido por ambos. Además, le costaba entrar al cite, entrando con la cara alta. No había forma de completar una tanda, la continuidad no era su fuerte. Cadaval le puso empeño, pero la única solución era cambiar la ayuda por la espada, sin embargo, no estuvo acertado con los aceros, tras un mar de descabellos el animal dobló.

“Estudioso”, el encargado de marcar el ecuador del festejo, le tocó en suertes al extremeño, José Garrido. Un animal que ya en el capote se quedaba corto saliendo de la tela con las manos por arriba. En esta ocasión decidió empezar genuflexo para tantearle y sacarle de tablas. Sin embargo, fue imposible mantenerlo en los medios, por lo que rápidamente volvió al tercio. Peligroso y astuto, aprovechaba el mínimo fallo para volverse y descolocar su embestida arremetiendo contra el matador. Entraba sin interés en el engaño, fue una labor de paso más que de lucimiento. De hecho, Garrido se vio obligado a configurar series con muletazos lentos y bien diferenciados, que le dieran la tregua necesaria para enlazar un natural con otro, el animal tenía mucho genio. En la suerte suprema dejó una estocada algo caída pero efectiva.

Al quinto de la tarde, “Lucero”, lo frenó Galdós habilidosamente y dejándolo prendado de su capote. Eso sí, muy exigente cada uno apretaba hacia su terreno. De nuevo era el matador quien buscaba al toro y no al revés. Sin embargo con la faena ya empezada, en los medios enlazó buenos izquierdazos en los que el animal supo responder. Atendía en las distancias y repetía sin humillar pero con empeño en la franela, algo que Galdós aprovechó. Sin moverse del sitio y tan solo cambiando el pie atrás bastaba para que el de Torrestrella siguiera cosido a la tela. Le abría el recorrido y lo alargaba con la mano baja y el brazo atrás. Puede que con el paso de las series, este mostraba mayor compás y colocaba aún más la cara, el cual parecía insaciable. Repetía llevándolo sometido. Lo domeñó, empezando el muletazo por delante de la cadera y tirando de él hasta el  final. Concluyó flexionando rodillas mientras mantenía su recorrido. En suerte contraria se le atragantó la espada, no sería hasta el tercer intento en suerte natural cuando el toro caería sin puntilla.

Cerraba el festejo “Delator” un toro que repetía en los lances de recibo de Alfonso Cadaval. Inició la faena desde los medios abriéndole para ampliar su recorrido. El astado humillaba e incluso planeaba en la tela, sin embargo, tanto le bajaba la mano que el toro se venía abajo. El animal no necesitaba ser sometido en exceso. Es necesario añadir que tenía prontitud y obediencia, pero las fuerzas de “Delator” poco a poco se iban agotando al obligarle tanto por abajo. La falta de experiencia no le dejó ver las necesidades de su adversario. Cada vez se quedaba más corto y le costaba obedecer, ya no entraba con la misma prontitud al engaño. El toro se fue a menos y ya no remontó, los muletazos se contaban con cuentagotas en los últimos compases de la faena. Perdió su oportunidad, el astado podría haber durado algo más. Logró dejar en el segundo intento una espada tendida y caída que le llevarían hasta el descabello.

Feria de Abril en la Real Maestranza de Sevilla (A). Media entrada. Con toros de Torrestrella de juego limitado y muy similares, con embestida desigual, desarrollando rápido y sin opciones, a excepción del lote de Joaquín Galdós.  José Garrido: ovación y silencio; Joaquín Galdós: ovación y ovación con vuelta al ruedo. Alfonso Cadaval: silencio tras aviso y silencio.

  • Imagen vía: @maestranzapages

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