• Crónica vía: DAVID BUSTOS

Un ‘Cartelón’ bien hecho, serio y de hechuras incuestionables apareció como agua de mayo en el coso de la calle Alcalá. Salió en tercer lugar y aportó el oxígeno que hacía falta a los aficionados madrileños. El frío y la falta de casta de la novillada de José Luis Pereda -salvo este tercero- creó un clima difícil de digerir para todos. La terna, a excepción de la faena de Salenc al mejor del encierro, dejó mucho que desear. Faenas largas, con numerosos avisos y unas espadas que no funcionaron como deberían.

El inicio de Salenc al encastado tercero fue soberbio. Por abajo. Por doblones. Con el novillo embistiendo con todo y hasta el final. Ni un enganchón. ¡Las hechuras nunca fallan! O casi nunca, que en esto de los toros, nada es absoluto. Le dio tiempo, distancia. Lo citó de lejos y aunque le costó someterlo, lo logró por momentos con la diestra. Qué largo iba el de Pereda y como rugía Madrid. Era novillo de lío gordo. De los que calientan los tendidos en pleno invierno. Al natural, el novillero francés volvió a pecar de altibajos. La bravura del ejemplar y su exigencia en el embroque le hizo pasar ciertos apuros para redondear la faena. Fue una faena de esfuerzo. De superación. La mano derecha le permitió cerrar con firmeza su actuación pero un feo percance al entrar a matar le privó del trofeo. Frente al sexto, un animal sin calidad y castigado con un solo puyazo, pasó desapercibido hasta que los aceros volvieron a despertar los pitos y el enfado del respetable. 

Había ganas de ver a Juan Carlos Carballo tras aquel grave percance que sufrió en este mismo coso y la buena imagen que ofreció en Villaseca con la -dura novillada- de Monteviejo. Sin embargo, no fue su día. Ni el suyo ni el de «El Chorlo». Carballo lidió un lote sin opciones y con escasa transmisión; el primero, flojo y protestón no le permitió ni reivindicarse. Y el cuarto, tras una desastrosa lidia, se vino abajo en la muleta. Por otra parte, «El Chorlo» no convenció al público venteño que fue consciente de la ausencia de naturalidad en sus formas. Forzado y con cierta chulería incluso. Sus dos ejemplares, dentro de su dispar comportamiento, ofrecieron opciones -el quinto resultó soso- para al menos justificarse. Sobre todo el segundo, que humilló y tuvo sus teclas en el último tercio. La espada fue materia suspensa una vez más.

Plaza de Toros de Las Ventas. Algo menos de un cuarto. Novillos de José Luis Pereda, bien presentados y deslucido comportamiento. Destacó el buen tercero. Juan Carlos Carballo: silencio tras aviso y palmas tras aviso. Jesús Díez «El Chorlo»: silencio tras dos avisos y silencio tras aviso. Adrien Salenc: ovación con saludos tras dos avisos y silencio.

  • Imagen vía: @LasVentas

 

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