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López Simón vuelve a su origen

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La esperanza se adueñaba del cartel de la quinta tarde de la Feria de Fallas, había ganas de ver una Puerta Grande. López Simón, el menor de alternativa, no defraudó, pues cortó dos orejas y salió en hombros. La terna la completaban Antonio Ferrera, El Fandi y el ya mencionado Alberto López Simón, quienes se encargarían de estoquear a los ejemplares de Zalduendo. Dichos ejemplares marcaron una tarde de nobleza, con embestidas limitadas e irregulares, pues no fueron toros para el lucimiento, ni mucho menos. Los matadores, algunos, agradaron más que otros, pues no supieron medir las faenas. Las ganas, la seguridad y el arrojo la pusieron López Simón y El Fandi, claramente protagonistas del festejo de hoy.

Antonio Ferrera se encargó de recibir al primer toro de la tarde, “Regidor”. Este no repetía y le costaba encelarse en la capote, por lo que se trató de unos lances deslucidos, a pesar de que finalmente consiguiera ganarle al paso. El tercio de varas fue lamentable, el puyazo y la escasa movilidad del animal, le dejarían más que justo de fuerza. También “sorprendió” la nueva filosofía de Ferrera, ya quebrantada en América, aquello de no poner banderillas. En corto y con tandas lentas y templadas, el diestro inició el último tercio. En los medios, continuó frente a “Regidor”, un astado noble que perdía las manos y con fuerza más que limitada. Ferrera le obligaba e intentaba corregir su embestida, pero cada muletazo solo empañaba su actuación, a media altura sacaba la cara por arriba, pero con la mano baja caía. El de Zalduendo era nulo por el pitón derecho, por lo que agotó las opciones por el izquierdo. Al compás de la música, el matador se coordinó con el animal, sin evitar que acabara en su querencia, a pesar de sus intentos de torear en paralelo. Fue excesivamente larga la faena, abusando de la paciencia del tendido y de la concentración de un toro que atendía a la tela vagamente. Hundió el acero algo trasero y caído, pero suficiente para que doblara.

“Tiburón” era el ejemplar que le correspondió en suertes a El Fandi, quien lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas. A diferencia de Ferrera, no dejó que se le escapara, le mantuvo entre los vuelos llamándole a su salida. Como era de esperar, no quiso pelea en el caballo dejando la cara arriba y empujando de lado. El Fandi bailó de tal forma en el tercio de banderillas que cuajó una coreografía a cuerpo descubierto digna de Fallas. Inició la faena de rodillas pegado a las tablas, hasta avanzar genuflexo para después sacarlo al paso hasta los medios, donde el astado atendía al cite en corto siguiendo el engaño con la mano a media altura. Por este motivo, el diestro le dio sitio y tiempo, solo así sería capaz de mantenerlo hasta el final. La embestida cada vez era más pronta y en ocasiones hasta uniforme, prácticamente estaba ensimismado en la franela. El único problema era el viento, que dejaba a El Fandi descubierto, lo que complicaba su intento de llevarlo con el extremo de la muleta para alargar su recorrido y mantenerle humillado. Sin embargo, nunca llegó a planear en la tela, saliendo de ella con la cara arriba. No pasaría a la suerte suprema sin antes adornarse e intentar convencer al público de su creatividad. Fue necesario entrar a matar en dos ocasiones, la primera de ellas para pinchar y la segunda en la que doblara con una espada tendida.

El tercero de la tarde seguía la tendencia de sus hermanos, salía suelto sin terminar de centrarse en el saludo capotero de López Simón. “Conjurado”, tampoco empujaba de riñones, a pesar del buen puyazo recibido. La manía del torero madrileño de empezar por estatuarios no era aconsejable dado lo poco que humillaba el animal. Después prosiguió con molinetes y naturales desde los medios, fue entonces cuando empezó a templar las embestidas. Sin embargo, el inicio pasaba factura, el animal salía con las manos arriba y la cara alta de los derechazos. Lo que sí supo interpretar el maestro fue el comportamiento de “Conjurado”, el cual empezaba a meter bien la cara, estructurado las embestidas y dosificando su movilidad y fuerzas. Por fin se veía la luz al final del túnel, con tandas pausadas y continuadas el animal parecía quedar cosido de la franela. Sin embargo, cada vez acortaba más su recorrido quedándose parado antes de culminar los pases de pecho. López Simón buscaba y buscaba las posibilidades a un astado ya cansado de obedecer y someterse. El riesgo, las distancias y los pases por la espalda marcaron la faena del menor de alternativa. El madrileño resucitó, volvió a su origen matando y dejando la espada hasta la bola.

“Moheda” marcaba el ecuador de la quinta tarde de la Feria de Fallas. Salió algo más centrado, arremetiendo en el capote de Ferrera, entrando algo mejor por el pitón derecho que por el izquierdo, metiendo bien la cara y repitiendo. Volvió a defraudar en varas, al menos en el primer puyazo, que quedó trasero. El tercio de banderillas, marcado de nuevo por la filosofía de Ferrera. Empezó la faena de manera precipitada, por lo que tras dos pases de tanteo freno y reestructuró los muletazos. “Moheda” era un animal que con calma sabía responder a buen ritmo, ampliando su recorrido, humillando levemente y embistiendo sin interés. Del auge, la tarde volvió a recaer. El pitón derecho no era la mejor opción, pero Ferrera probó sin éxito, razón por la que intentaba llevarle en corto y tirando de él. La sosería se adueñó del ruedo, los cabeceos iban a más y el recorrido a menos, no quedaba nada para el lucimiento. Alargó la faena hasta dormir a la plaza de Valencia. En la suerte suprema se perfiló hasta en cuatro ocasiones para dejar un bajonazo delantero impropio de un matador de toros.

De nuevo El Fandi recibió al quinto, “Decidor”, de la misma manera que recibió al segundo, con una larga cambiada de rodillas. Lo tanteó hasta perder el capote y dar paso al tercio de varas, el cual destacó por las zapopinas ejecutadas por el Fandi. Afortunadamente, el diestro granadino hizo fácil lo difícil, con unos pares de banderillas que volvieron a levantar el ánimo a los aficionados. Desde la distancia, de rodillas y en los medios, El Fandi, consideró que era la mejor forma de iniciar el último tercio. “Decidor” respondía bien en las distancias, sin embargo, la embestida era irregular, dado que cambiaba su recorrido metiéndose por dentro. El maestro, sabía que si no le quitaba el engaño del morrillo conseguiría continuidad y ligazón. Así fue. La movilidad en su caso no fue del todo favorable, pues al igual que repetía en la franela se volvía quedándose corto. El animal exigía muletazos lentos y templados, pues si le intentaba someter más de la cuenta el de Zalduendo respondía agresivamente. Los últimos compases pesaban en el astado le costaba entrar al cite, aunque embistiendo cuando entraba en la muleta. Se excedió. La espada entró en el primer intento, justo antes del aviso, quedando tendida pero efectiva.

Cerraba el festejo “Tolerante”, un ejemplar al que López Simón recibió genuflexo. En estos primeros compases el animal demostró su desinterés por la tela, se dedicó a medir las distancias. En el caballo, no buscaba la pelea en exceso, para él fue un puro trámite. Del mismo modo que lo recibía en el capote, lo recibió en la franela, genuflexo intentando educar su embestida buscando la humillación del mismo. Lo mantuvo dejando el extremo atrás y tirando del animal para enlazar con el siguiente muletazo. Repetía, planeaba, humillaba y embestía, el animal propició la brillante actuación de López Simón, quien recuperó el marcado giro de muñeca para dejarle de nuevo el engaño en la cara. Tenía recorrido y eso se notaba en la actitud de ambos, el madrileño estaba cómodo y el de Zalduendo se dejaba domeñar. Por el pitón izquierdo, el astado embestía pero salía con la cara alta, por ello rápidamente recuperó el pitón derecho, pitón por el que lo llevaba cosido. Configuró tandas de muletazos interminables, con tan solo el paso atrás terminaba un pase para empezar otro. Se compensaba la tarde, calando en los tendidos. Cerró la faena por bernardinas muy ajustadas, en las que alternó ambos pitones. En la suerte contraria bastó para demostrar la eficacia de una espada ligeramente caída.

Plaza de Toros de Valencia (V) en la quinta de la Feria de Fallas. Con un tercio de entrada. Toros de Zalduendo, en rasgos generales los astados estuvieron marcados por la nobleza y la sosería en la embestida, a excepción del sexto. Antonio Ferrera: ovación con saludos (pitos en el arrastre al toro) y silencio tras aviso; David Fandila “El Fandi”:  leve petición tras aviso y oreja; Alberto López Simón: oreja y oreja tras dos avisos.

  • Imagen vía: TorosSCP

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