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Cuando se torea, no hay miradas que valgan

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  • Crónica vía: DAVID BUSTOS

Del Guadalquivir al Turia pasando por Madrid. Y todo con el mismo clasicismo. Con la pureza por bandera. Un andar `torero´ para gozar una y otra vez. Una faena con tanta calidad como gusto. Sin excesos. Sin mentiras. La emoción en su máximo esplendor. Pablo Aguado volvió a golpear en el tercer asalto. Sevilla, Madrid y ahora Valencia. En Las Fallas. Ni más ni menos. Una oreja, que es lo de menos, cortó el sevillano en su debut. No hubo toques bruscos con el noble y flojo -se pidió la devolución- tercero de Alcurrucén. Lo toreó con tacto. Lento. Templado. Un cambio de mano para incendiar la ciudad. Soberbio pero breve. Sin abusar de los tiempos. Como antaño. Una estocada en el sitio no hubiera admitido reproches. Pero la oreja dio paso a la incertidumbre. ¿Y si el sexto…? Nada. No se entendieron. La ambición por salir a hombros dificultó la labor de acople del matador con un toro pesado, brusco y con cierta irregularidad en sus embestidas. Como dirían algunos, “al menos se dejó”. Que feo suena.

Otro que dio la cara y no se escondió fue Álvaro Lorenzo. La firmeza de su mano izquierda se impuso a sus dos toros, nobles pero sin ningún ápice de transmisión. Además, el cuarto de la tarde resultó tardo y ni el arrimón del torero fue suficiente para despertar al público valenciano. Su cara lo decía todo al saludar en el tercio, sin emoción no hay repercusión y todo queda en el vacío. En la nada. Triste pero real. Así es esto. Porque aunque las miradas intimiden, lo hecho hecho está. Y si no que pregunten a Luis David, que envió una mirada con poco cariño al Presidente tras no conceder la oreja del segundo toro. Quizás, con motivos justificados, puesto que pedir una oreja con pitos, cuando debe hacerse con pañuelos, desprende un evidente desconocimiento perjudicial para el propio torero, claro. Las normas están para cumplirlas.

Luis David se mostró voluntarioso, como siempre suele hacerlo. Con el capote y con la muleta. Sin desperdiciar ni un solo quite. Algo que se agradece y enriquece su concepto. Sin embargo, en la muleta pecó de acelerarse y se olvidó de mandar sobre los toros. El segundo, rajado en el último tercio, le ayudó más en la corta distancia. Pero el quinto, el más feo y bueno de la corrida, tuvo mucho que torear de tú a tú. Con poder. Había que olvidarse de los adornos, de lo superficial. Era un toro con opciones y había que estar a la altura. No lo entendió de la misma manera el mexicano que planteó una faena muy en su línea, con muletazos ligados con ritmo pero sin asentarse ni buscar el temple. Una vuelta al ruedo con su primero y una ovación en el tercio cerró su actuación.

Plaza de Toros de Valencia. Quinto festejo de Las Fallas. Un cuarto de entrada. Toros de Alcurrucén, nobles pero faltos de transmisión y fondo. Destacó el quinto. Álvaro Lorenzo: ovación con saludos tras petición y ovación con saludos tras aviso; Luis David Adame: vuelta al ruedo tras petición y ovación con saludos tras aviso; Pablo Aguado: oreja y silencio. 

  • Imagen vía: @TorosSCP

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