• Crónica vía: Juan José Monroy 

La plaza Santamaría de Bogotá acogía uno de los dos o tres encuentros taurinos en este lado del mar que prioriza la verdad en el torear y la integridad de los toros, o al menos esa era la intención. Seis toros de la legendaria Mondoñedo se anunciaban en un cartel que lo compararon con el anunciado en Las Ventas. Conformado por Fernando Robleño, Octavio Chacón y en este caso el paisa Juan de Castilla.

Tarde que competía contra un par de partidos de fútbol de la liga colombiana, la lluvia que anunciaban las nubes desde el mediodía, la prohibición de consumir alcohol por parte del alcalde y la restricción de salir a la mitad de los autos por altos niveles de contaminación. Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, heroicamente la corporación taurina de Bogotá gracias a su buen trabajo en redes sociales y la buena afición que aún queda en Bogotá se llenó la mitad del aforo.

La expectación torista estaba a tope cuando se abrió la puerta de los sustos para que el primer toro de la tarde saliera de forma muy bobalicón, como si no controlara sus extremidades. Salió rebotado de el primer intento de pica, fue “picado” en querencia porque no quiso ir al caballo del otro lado del ruedo. Chacón, quien confirmaba alternativa, le pegó una buena primera tanda sobre las líneas de picar, puso todo su empeño el gaditano para arrancarle algunos pases que el de Mondoñedo se dejó. Atravesó. Silencio. En su segundo Chacón estuvo bien. El tostado toro «Tocayito» fue el que mejor peleó en el caballo, cuestionaba dos veces cada cosa que le hacían, Octavio pareció que no puso todo de él porque apenas estuvo bien, sabiendo que los toros difíciles con casi su especialidad. Dejó mucho que cuestionar. El toro después de tener enterrada la espada en sus carnes metió la testuz en medio del burladero y las tablas, justo ahí dobló.

El primer toro de Robleño fue exageradamente manso. Fue perseguido literalmente por los picadores y me atrevo a decir que no se empleó en su totalidad con ninguno de los dos picadores porque el toro no lo permitió. Sin embargo embestía de buena manera a los trapos que se le presentaban. Los tendidos con buena razón pidieron a gritos banderillas negras pero la presidencia hizo caso omiso. En la muleta el toro hizo el avión y embestía con alegría. Robleño estuvo bien, dio una vuelta al ruedo. Su segundo toro fue un espigado azabache que se empleó en el caballo y no hizo nada más importante. En la muleta el cornúpeta se atornillo al suelo y fue indiferente a lo que le hacía el alternante. Le arrancó una buena tanda por la izquierda. Finiquitó de buena manera al toro. Oreja justa.

El primer toro de Juan de Castilla salió con alegría pero con pocas hechuras, 510 kilogramos pero de cara poco. Cumplió en el caballo y puso un poco de picante en la tarde. Juan aunque puso sus ganas aún le faltan tardes para ponerse al frente de estos contreras. El toro se arrancó de largo a la muleta del paisa y fue de buena manera durante las tandas que se le dieron. Se le dieron buenos tiempos al toro entre series. Con media espada en el sitio el toro se resistió a doblar. Fue aplaudido en el arrastre lento. En último lugar salió un noble y fijo toro que fue bien picado y por parte del matador hubo ganas. Lo mató con una espada pulmonar. Oreja vacía.

Muy decepcionada la afición bogotana con el encierro de Mondoñedo que le ha defendido el torismo a capa y espada.

Plaza de toros La Santamaría. Feria de la Libertad. Segundo festejo. Media entrada. Toros de Mondoñedo muy mal presentados, unos se emplearon bien en el caballo y otros pasaron por el tercio sin más ni más. Fernando Robleño: vuelta al ruedo y oreja. Octavio Chacón: silencio y tímidas palmas. Juan de Castilla: silencio y oreja.

  • Imagen vía: @PlazadeTorosdeSantamaria

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