• Información e imagen vía: DAVID BUSTOS

Miedo, tensión y numerosos sustos se vivieron en una fría y complicada tarde por Ajalvir. Tan sólo el primer toro llegó con rapidez -tras soltar de manera inesperada a los mansos desde el camión y pillar de imprevisto al público- al coso del municipio madrileño; sin embargo, los otros dos ejemplares quedaron rezagados en el primer tramo del encierro y el festejo se alargó durante más de dos horas. Además, los bueyes en vez de servir como ayuda, generaron los momentos de mayor peligro e incluso arrollaron a numerosos jóvenes y corredores. La entrada a la plaza fue el lugar más accidentado del encierro ya que el mal estado del albero -por las lluvias- provocó diversas caídas. Sin duda, una tarde para el olvido donde nada salió como se esperaba. Así es el toro. Impredecible. Y quizás eso, sea lo más bonito. Aquí dos más dos, no son cuatro. 


 

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