Festival de orejas bajo la lluvia en Chinchón

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El esperado Festival de Chinchón se celebró con un añadido en la terna de última hora, la lluvia. Los matadores Octavio Chacón, David Mora, Daniel Luque, Javier Cortés, Gonzalo Caballero; el novillero Aitor Fernández y el novillero sin caballos Álvaro Chinchón; se midieron a los ejemplares de Bañuelos, a excepción de Fernández que se encargó de estoquear a un ejemplar de la Ganadería de Tenorio. La tarde en líneas generales fue intensa y con algún que otro percance como el David Mora, Javier Cortés y Gonzalo Caballero, los astados embestían y se dejaban llevar, pero para llegar a las embestidas uniformes era necesaria la paciencia y el tiempo, pues requerían dedicación.

Octavio Chacón ejecutó un saludo capotero bien rematado con un novillo encelado que metía bien la cara. Inició la faena de rodillas alternando pitones, mientras lo probaba, pero el animal en ocasiones metía la cara más de la cuenta. Tenía más recorrido por el derecho, aún así lo llevo muy lento desde los medios con un toreo en redondo. Estaba cómodo y el astado obedecía, lo llevaba cosido, sobre todo por el pitón derecho, pues por el izquierdo su embestida era más irregular aunque llevada a buen ritmo gracias al recorrido con el que le dotó el matador. La fuerza escaseaba pero fraguó faena, pues terminó de domeñarlo prevaleciendo las buenas condiciones de ambos. Pinchó y en el segundo intento (acompañado por el aviso) metió la mano para dejar una espada delantera.

David Mora tuvo un serio percance sin consecuencias al inicio de sus lances de recibo. Sentado en el estribo y desafiando al destino iniciaba la faena de muleta. Con tandas llenas de transmisión y agua, todo lo puso de su parte David Mora, pues el novillo era irregular, se quedaba corto y le costaba responder al cite. Aún así el matador lleno de vergüenza torera culminó con un desenlace que caló en los tendidos. Mató con aseo aunque la espada quedara algo trasera.

Salía el tercero del festejo y le tocaba en suerte a Daniel Luque que le realizó saludo capotero bien llevando por abajo mientras el astado repetía. Dándole sitio, tiempo y con el pie atrás intentaba ligar sin éxito los muletazos, tan despacio lo intentó llevar que en lugar de ligar entrecortaba las series. De recorrido iba justo y en ocasiones metía la cara obligando al espada a corregir su recorrido. La faena se desarrolló en sus terrenos, junto a tablas, algo que pareció no importarle a Luque que le exprimió una última tanda con transmisión. En la suerte de matar pinchó, en el segundo intento la espada salió igual que entró y en el tercer intento, acompañado de aviso, la estocada quedó algo caída y trasera. El animal se tragó la muerte demostrando su bravura hasta que dobló.

Javier Cortés recibía en su capote al cuarto, guiándolo con los vuelos por abajo, pegado a tablas en todo momento. Ejecutó un quite muy ajustado en el que acabó desarmado. Tras un brindis muy emotivo a su gente de confianza se dispuso con la franela y en los medios inició la faena por estatuarios. Sin quitarle la muleta del morrillo lo llevó cosido y en verdad el novillo humillaba y repetía sin cesar. El problema es que al retirarle la muleta y darle espacio le costaba entrar al cite, ya no era tan pronto. Lo llevo con la mano baja sin evitar que en uno de los naturales metiera mal la cara y encontrara el cuerpo de Cortés propinándole una fea voltereta. Se recuperó y con despecho se puso de rodillas emocionando los tendidos. Continuó hasta vaciarle, pero su embestida no era de las mejores de la tarde se colaba una y otra vez. Le costó cuadrarlo, pero en suerte natural dejó un acero casi entero algo caído con el que se echó.

Gonzalo Caballero intentaba celar en el capote a un ejemplar suelto, al que finalmente le realizó un saludo capotero más que decente. Le probó por ambos pitones hasta sacarlo a los medios, las primeras impresiones no fueron malas del todo, humillaba y repetía en la tela. Respondía bien y Caballero lo supo aprovechar e incluso con lucimiento y desplantes construyó una buena faena. No terminaba de ser pronto, pero el matador le dio tiempo y espacio para recuperar la fuerza del animal y que volviera a embestir, pues de fuerza no iba sobrado. Terminó por acudir a su querencia y el diestro lo toreó en el tercio donde cerró la faena por bernardinas acompañadas de agua. Metió bien la mano, pero recibió una fea voltereta y aviso. Se resistió a morir llevándole a los intentos con el golpe de verduguillo.

Reservado y sin rematar salió el ejemplar para Aitor Fernández, quien después le sometería en él capote. Inició la faena de muleta genuflexo para después tantearle por ambos pitones y llevarlo a los medios. Una vez allí lo llevo con la mano baja, dándole salida y dejándole los vuelos en la cara. El buen ejemplar de Tenorio humillaba de principio a fin, era pronto, repetía, obedecía y se dejaba someter por el buen criterio del novillero quien se supo coordinar con las exigencias. Le faltó quizá ese punto de transmisión y no culminó, dejó que el novillo se rajara y se fuera a tablas. La estocada en el sitio fue escasa y le llevo al descabello.

Álvaro Chinchón cerraba el festejo pisando fuerte, al recibir al eral con dos largas afaroladas, se cambiaría el tercio justo después de que el astado diera una voltereta. Pasándoselo por ambos pitones iniciaba el último tercio. Le desarmó, pero lo llevaba despacio al tiempo que alargaba su recorrido dotándolo de salida ayudado del movimiento de su brazo. En este caso el joven también optó por el tiempo y espacio, para aguantar las condiciones del eral hasta el final. No evito el cabeceo final al salir del natural, pero lo templó y con mucha serenidad lo siguió toreando en los medios, hasta vaciarlo. Se encumbró en la faena con pases en redondo que caló en los tendidos. Mató con aseo dejando el acero trasero.

Plaza de Chinchón (Madrid). Los tendidos llenos, pero sin el lleno total. Ganadería de Antonio Bañuelos a excepción del sexto que perteneció a la ganadería de Tenorio. Fue una tarde variada y con juego, en la que el de Tenorio dio opciones que se esfumaron por el mal criterio, los de Bañuelos, sin embargo, se dejaban someter y sus embestidas eran bastante regulares. Octavio Chacón: ovación con saludos tras aviso. David Mora: dos orejas. Daniel Luque: silencio tras aviso. Javier Cortés: dos orejas. Gonzalo Caballero: aviso y oreja. Aitor Fernández: oreja tras aviso. Álvaro Chinchón: dos orejas tras aviso.

  • Crónica e imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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