Villarejo de Salvanés albergaba la final del Certamen de La Ribera del Tajuña. En una tarde variada y con buenas sensaciones se ha mantenido la incertidumbre de quién ganaría hasta el final. Los novillos de la ganadería de Saltillo, han dejado destellos que los espadas supieron aprovechar, pero no ha dejado de ser una novillada desigual en la que el peor de la tarde fue el segundo y el mejor el tercero. La terna estaba compuesta por Jaime González de la Escuela de Écija “Sevilla”, Jesús García de Escuela Fundación El Juli y Alejandro Rivero Escuela de Badajoz. De todos ellos cabe destacar al ganador, Jaime González que se midió a un lote difícil y supo controlar y lucir las embestidas. Por último, es necesario mencionar la buena actuación, potenciada por el novillo, de Alejandro Rivero y la peligrosa faena que ha intentado cuajar Jesús García.

Abierto de sienes y rematando salía el primero de la tarde. Jaime le realizaría un saludo capotero con repetición, donde el eral mostraba una embestida desigual.
Algo receloso de entrar al cite iniciaba la faena. Con la mano derecha extrajo una tanda ligada y por abajo, en la que el animal metía bien la cara humillando. Era un animal que rápido se cansaba de la tela, razón por la que comenzaba a cabecear. Por el pitón izquierdo requería distancia, pues se quedaba corto y entraba totalmente descompuesto. Una vez medidas las distancias y con la pierna atrás el novillo se dejaba someter planeando en la franela. A las dificultades del novillo debemos sumar el viento, haciendo que en ocasiones este metiera la cara de aquella manera. Finalizó por manoletinas una faena bien estructurada de menos a más. Tras un aviso, una espada exageradamente tendida, un pinchazo trasero dejó una espada trasera y contraria escasa que le llevó hasta el descabello.

El Segundo de la tarde lo recibió Jesús García, en un saludo capotero sin lucimiento, pues el animal salía por arriba por el pitón derecho y derrotando por el izquierdo. Empezaba la faena con unas tandas de tanteo en la que el novillo dejaba claras sus condiciones, la cabeza arriba y el genio. Se quedaba corto, era prácticamente intoreable, no terminaba el muletazo y ya pedía la salida. No paraba, soltaba la cabeza creando numerosas situaciones de peligro, Jesús García lo intentó pero decidió cambiar la ayuda por la espada y entrar a matar. Tras un pinchazo en el sitio metió la mano para dejar una espada algo caída. Fue un novillo puramente Saltillo.

El eral de Alejandro Rivero salía con genio pero mucho temple en el capote, humillando y obedeciendo. El menor de la terna decidió iniciar la faena de muleta genuflexo para continuar muy despacio y con la mano baja desde los medios. Lo toreó de riñones, con mucho temple guiándole con el brazo y la cadera evitando que fuera rectilíneo. El eral paseaba el morrillo prácticamente por el albero, construyendo una faena bien ligada y continuada gracias a la obediencia del astado, el cual estaba totalmente domeñado. Alejandro aprovechó el movimiento de su brazo para alargar los muletazos y darle salida para marcar la entrada en el siguiente, pues este tenía una gran fijeza en la tela, lo llevaba cosido. Había faena y un 100% de posibilidades de triunfo, él lo sabía y estaba sacando provecho de todo lo que este llevaba dentro hasta agotarlo. Las últimas tandas se dieron en la querencia y quedándose cada vez más corto pasándoselo por alto, ya no tenía nada. Cerró por manoletinas para después matar dejando una estocada algo contraría y trasera.

Se marcaba el ecuador del festejo con una larga cambiada de rodillas que intentaba calar en los tendidos. Optó por iniciar la faena con la rodilla flexionada sobre la arena, el novillo requería tiempo y no se le debía someter en exceso, pues no le sobraba la fuerza. Continuó con una buena tanda en la que logró la repeticion y continuidad al dejarle la franela en la cara y quedara encelado. Jaime acertadamente le daba espacio y tiempo para que de esta forma no se quedara sin animal. Le puso ganas, pero el novillo se empezaba a rajar y para que entrara era necesario cruzarse y no dejarle en ningún momento pensar, pues se perdía él ligazón. El ritmo de la faena fue un acuerdo mutuo, pues no iba a dar más de lo que el animal tenía dentro, necesitaba atención y dedicación. Tras un pinchazo, un aviso, en el segundo intento dejó un acero algo trasero, pero en el sitio.

Jesús García recibió al segundo de su lote con unos buenos lances de recibo que lo templaron. Es necesario destacar el lúcido quite realizado por zapopinas y su posterior remate de rodillas. Además, sería el propio Jesús el que se encargaría de ejecutar el tercio de banderillas, sin mucha suerte aunque en el sitio. Ya con la muleta lo alejo de las tablas y empezó a llevarle con la mano a media altura, para que sin humillar en exceso colocara la cara. Con buen criterio le daba tiempo entre las series, para que después intentara darle mayor dinamismo a los naturales dejándole la tela puesta, ligando los muletazos. El animal no mostraba demasiado interés en la faena, paseándose de un lado para otro, estaba incluso algo despistado, lo que obligó a Jesús a exigirle para mantenerle. Por este motivo, el espada decidió acortar las distancias y llevarlo en corto, aguantándole cada vez que el eral decidía pararse en mitad del pase. Cerró por manoletinas en la querencia y sin apenas salida. Le costó posicionarse en suertes, no atendía, e intentó matarlo a recibir, pero escuchó el primer aviso y lo volvió a intentar dejando un pinchazo hondo y caído. No sería hasta el tercer intento cuando el animal doblara con una espada algo delantera pero en lo alto.

Cerraba el festejo un novillo que se recorrió el coso y al que tuvo que frenar Alejandro en un saludo capotero bien llevado y arriesgadamente rematado de rodillas desde los medios. Lo esperó en los medios con la muleta sin desplegar esperando su arrancada. El joven lo llevaba con los vuelos de la muleta, respetando las distancias pero dejándole la tela en el morrillo en busca de la continuidad. Sus embestidas eran desiguales, nunca embestía dos veces igual por el mismo pitón, sobre todo por el izquierdo. Se colaba, cabeceaba y se cruzaba modificando su trayectoria en busca del cuerpo e ignorando la franela. Pero el empeño de Rivero hizo que poco a poco se fuera centrando en la faena, aunque sin corregir esos desbarajustes en su recorrido. Supo aprovechar lo poco que tenía para dar el eral e incluso tuvo oportunidad de lucimiento. Lo perdió todo en la suerte suprema al dar un bajonazo exageradamente trasero que lo atravesó. Pincharía en sucesivas ocasiones sin lograr que el novillo doblara, razón por la que lo intentó con el descabello, pero se resistía después del primer aviso, poco después el animal cayó.

Al concluir el festejo se entregaron los premios al mejor novillo que fue para «Pajarito» de La Quinta y el trofeo a la mejor novillada para Victoriano Del Río. El segundo clasificado fue Alejandro Rivero y el tercero Jesús García.

Plaza de toros de Villarejo de Salvanés (Madrid). Media entrada. Toros de Saltillo variados y en su mayoría sin opciones, excepto el tercero de la tarde, bien presentado y que se dejaba someter dando juego y lucimiento. Jaime González: silencio tras aviso y oreja con aviso. Jesús García: aplausos y saludos, novillo pitado en el arrastre y oreja tras aviso. Alejandro Rivero: oreja y silencio tras aviso.

  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ
  • Imagen vía: Ksenia Tinyakova

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