Más de veinte mil personas cubrían la piedra de los tendidos venteños para disfrutar de la corrida que descorchaba la esperada e innovadora Feria de Otoño. Una locura del «productor» que, a priori, parece que está teniendo buen acogida por parte de la afición. Madrid no es tonta, será dura pero su sensibilidad en ciertos momentos está a la altura de muy pocos. Sacó a saludar a Talavante, una marea de aplausos arropaban a su héroe. A su torero. Dos tardes, en el bombo y distanciándose -a la fuerza- del resto del sistema.  

Parecía tenerlo todo de cara el torero extremeño para un nuevo triunfo en el coso de la calle Álcala. Todo menos lo más importante, el toro. Volvió a fallar el toro y volvió a fallar el hierro de Victoriano del Río. Un año para reflexionar y no recompensar. El campo es lo que tiene. Con el toro más «potable» del encierro abrió la primera de sus actuaciones Talavante. Un inicio «prototipo» de la casa sirvió para apreciar la nobleza y movilidad del astado pero la falta de confianza del matador hizo que aquello fuera avanzando sin la rotundidad que su oponente merecía. El trazo largo de su toreo al natural no sirvió para maquillar lo despegado que se colocó en la primera parte de la faena, mejor se mostró en las últimas tandas. Más en corto lo cogió Talavante y el encaje de su figura recordó al clasicismo que desprende su concepto. Pero ya era tarde cuando quiso dejar claro quien se estaba imponiendo en la faena, las faenas largas no son las que dan triunfos. Al menos aquí. Claro que, Madrid… Como Madrid pocas. Ninguna. Y Talavante lo sabe, de ahí el cabreo que reflejaba su rostro cuando entró de vuelta al callejón tras dar muerte al cuarto del festejo, un toro inválido que el Presidente se negó a devolver. La faena inexistente y una bala perdida en el repertorio de un torero al que la capital espera siempre con ganas. 

Muchos son los valores que desprende la Tauromaquia: superación, autenticidad, valentía, verdad… Tanta verdad que a veces los milagros se hacen realidad. Aparecen y navegan entre la vida y la muerte. Fortes, un torero muy castigado por los toros, volvió a vivir un nuevo milagro en su dura carrera. Su segundo, un sobrero a la defensiva y sin fuerzas, lo prendió y tardó largos segundos en soltarlo de sus pitones. Segundos que se convirtieron en momentos eternos, duros. Tensos. Un silencio helado inundó Madrid. Todos se temían lo peor, la tragedia. Pero el destino decidió salvar al torero de una predecible cornada. Anteriormente, con el primero de su lote, no consiguió acoplarse a la exigencia -corto recorrido- de un toro con cierta mansedumbre pero que ofreció opciones en la muleta. 

Sin embargo protagonismo lo tuvo quien entró por la vía de la sustitución: Pablo Aguado. El sevillano entró ocupando el puesto de Paco Ureña -herido en Albacete- y salió como triunfador de la tarde y, hasta el momento, de la Feria. Una oreja le cortó al sexto de la tarde y eso que no fue nada fácil. Aguado confirmó -nunca mejor dicho, en la tarde de su confirmación- que, a pesar de su escaso rodaje, tiene mucho que decir en la Fiesta. Y lo demostró a base de «huevos», con toques de clasicismo y un concepto puro del gusto madrileño. No abuso de los adornos, se centró en torear y cuando se torea de verdad, el esfuerzo cosecha sus frutos. Tragó lo que no está escrito con el brusco cierra-plaza, sacándole incluso varias tandas a pies juntos y dando el pecho al animal. Todo con el corazón. Con la sinceridad propia de aquellos luchadores sin facilidades en el camino. Lo dejó claro con el variado primero, capote en mano se lució y, además, se atrevió -con éxito- a replicar a Talavante en el turno de quites. Delantales a sabor sevillano y detalles de pureza con la muleta que, indirectamente, homenajearon al concepto ureñista. 

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Primer festejo de la Feria de Otoño 2018. Más de 3/4 de entrada. Toros de Victoriano del Río -dos de Toros de Cortés-, justos de presencia y de deslucido juego. Se lidió un sobrero (5º) de Conde de Mayalde. Alejandro Talavante: ovación con saludos y silencio. Fortes: silencio y herido. Pablo Aguado: ovación con saludos -en el toro de su confirmación- y oreja. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imágenes vía: @LasVentas

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