La última novillada antes de la final del Certamen se celebró en la localidad madrileña de Valdilecha. El cartel parecía propicio para extraer de la terna a uno de los finalistas, pero no fue así. Con erales de José Escolar para los novilleros Pablo Páez de la Escuela de Sevilla que se encargaría de sustituir a Miguel Aguilar que ya participó en Perales de Tajuña, Yohn Lamothe de la Escuela Taurina Adour Aficion y Fran de Vane de la Escuela de Albacete. A las reses de Escolar les faltó transmisión, saliendo de chiqueros en su mayoría manseando, otros astados fueron desaprovechados por los espadas al no exprimir el mejor pitón. El triunfador de la tarde fue Yohn Lamothe al cortar una única oreja a un novillo que supo llevar al compenetrarse entre ambos. Además hay que añadir que a pesar de que no fueron faenas para tocar pelo, los aceros acabaron con la mínima posibilidad de conseguirlo.

Al primer novillo de la tarde se encargaba de frenarlo Pablo Páez con un saludo capotero llevado por abajo. El animal fue parado y reservón durante los tercios previos, llevándole a base de mantazos. Tras brindar al público intentó citar a un eral que parecía dormirse, pues iba despacio y le costaba entrar en la franela. Había que arrimarse y dejarle prácticamente la muleta en las manos para que entrara, una vez envuelto en los muletazos pasaba humillando e intentando colocar la cara, pero sin transmisión. Los toques fijadores que se dieron superaban con creces al número conseguidos en una tanda. Salía suelto, obligando al espada a tirar de él evitando que mostrara la querencia. En definitiva, el animal tenía una mezcla entre despistado y pasota entrando al trapo como si tal cosa. Pablo estaba alargando la faena buscando un desenlace sin lucimiento alguno, con un novillo que se quedaba corto. Tomó la espada dejando en suerte natural ocho pinchazos intentándolo sin fuerza hasta dejar una estocada entera con la que murió. A cada pase en el saludo capotero al segundo de su lote se iban descubriendo los derrotes del animal. En los primeros compases del último tercio, el novillo demostraba por el pitón izquierdo más recorrido que por el derecho. El eral no paraba por lo que no permitia que el espada se quedara quieto en el sitio y enlazara los naturales, razón por la que se vio obligado a darle los muletazos cuando el animal se los exigía. El que marcaba los tiempos era el eral, pues hasta que no estuviera bien avanzada la faena no terminaría de templarse, reduciendo ese ritmo acelerado. Las condiciones no mejoraron, seguía suelto y ajeno a la franela, pero Pablo estaba empeñado. No fue faena digna para la ganadería ni para el novillo, pues no cambio prácticamente de pitón. Habilidosamente dejó media estocada contraria, en la que el novillo se mantenía entero, motivo por el que volvió a entrar a matar dejando un pinchazo y media estocada baja.

Con genio y pequeños saltos era el novillo al que intentaba encelar Yohn Lamothe en el saludo capotero. El tercio de banderillas parecía un juego a la diana, desde la distancia y apuntando para afinar, a excepción del último par. Lindando a las tablas y desde la distancia el astado respondía al cite, aprovechando así la inercia, una vez concluidas las tandas de tanteo lo sacó de la querencia y en los medios ejecutó una serie en la que el animal entraba con fuerza y dejándose someter sin protestar. Muy despacio y dándole tiempo y sitio lo volvía citar, pero se quedaba corto, volviéndose rápido poniendo a prueba la destreza del joven. La cara la llevaba dentro de la muleta, siguiendo bien la tela planeando en la franela, gracias a la mano baja de Yamothe, mientras le daba forma al natural ayudándose del movimiento de su brazo y cadera, evitando que este fuera totalmente rectilíneo. Por la mano derecha parecía protestar soltando la cara levemente, lo justo para que el mediano de la terna comprendiera que no se le podía agobiar ni tampoco excederse de muletazos. Cerró con una tanda a pies juntos bien rematada, pero alargando en exceso la faena, para después dejar un estoque atravesado, que le llevaría a descabellar acertando en el primero golpe de verduguillo. “Camionero” salió algo buscón, mansito y rematando en tablas, repitiendo en los vuelos de la tela. Probándolo por ambos pitones, apreciamos que el eral se quedaba corto, sin embargo, en los medios no terminaba un natural cuando ya empezaba otro, llevándolo cosido gracias a la mano baja y a los picos de la tela, que siempre se mantuvieron en el morrillo. Yohn le daba salida alargando sus embestidas, las cuales ya estaban domeñadas, además, el novillo era pronto acudiendo al engaño, sin necesidad de insistirle, entrando siempre colocando la cara y llevándola dentro. Por el pitón izquierdo se empezaba a quedar corto, algo a lo que el novillero rápidamente puso remedio tapándole los defectos con mucho temple y ajustándose mientras se lo pegaba reduciendo las distancias. Le costó buscar los terrenos para posicionarlo en suertes, pero pinchó para después dejar una estocada algo tendida, situada en lo alto con la que bastó.

El primero del lote de Fran de Vane se negaba a moverse, se emplazó sin intención de romper en el capote. El menor de la terna inició la faena genuflexo, ayudando a que el animal aprendiera a embestir. Con la mano baja y transmitiendo iba configurando una faena en la que poco a poco el novillo que empezó siendo manso, ahora seguía los engaños, humillando sometido por la mano baja. Por el pitón izquierdo era necesario cruzarse y citarle con un marcado toque fijador para que acudiera. No terminaba de romper ni de dar la continuidad necesaria al último tercio, sino que tuvo que cambiar de mano consiguiendo por el pitón derecho las mejores embestidas y naturales con ligazón. Obligado a matarle en el tercio dejó cinco pinchazos y una estocada algo caída pero fulminante. El último novillo no se recorría la plaza ni tampoco entraba en el capote, sino que se frenaba sin rematar intentando seguir los vuelos. El tercio de banderillas fue muy arriesgado y ajustado, en el que algún que otro subalterno se encontró con los pitones en el pecho. Pegado en tablas y genuflexo lo tanteaba con ritmo hasta llevarlo hacia los medios, para después decidirse por la mano, por donde este se dejaba llevar y someterlo por abajo alargando su embestida, pero sin evitar que en ocasiones saliera de los muletazos suelto y despistado. Ante las adversidades el menor de la terna recurría a su voz para llevarle y que no se desligara, pero ante la imposibilidad de mantenerlo en los terrenos elegidos, lo cambió a base de trincherazos que no ayudaban en el domeño. Entró a matar a un novillo totalmente fuera de faena y fijo en los tendidos para dejar un pinchazo suelto, tres pinchazos y una estocada entera ligeramente caída.

Plaza de Toros de Valdilecha (M). Casi tres cuartos completos en los tendidos con erales de José Escolar, en una novillada deslucida, salvo por la transmisión del tercero, quinto y sexto. Pablo Páez: dos avisos y silencio. Yohn Lamothe: aplausos tras aviso y una oreja. Fran de Vane dos vueltas al ruedo.

  • Crónica e imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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