La feria de novilladas picadas de Arganda del Rey llegó a su fin, ayer se celebró la última novillada de las Fiestas Patronales. El cartel prometía triunfo y así fue, con astados de la ganadería de Fernando Peña para Pablo Mora, Marcos y Francisco de Manuel. El mejor lote, probablemente, fue para Francisco, que cortó un total de tres orejas en una plaza volcada con él. Marcos y Pablo lo intentaron sin éxito con sus respectivos novillos, pues estos se rajaban sin soportar que los sometieran con un embestida irregular. Además de todo lo anterior, sería necesario mencionar los fallos con las espadas.

Pablo Mora abría la terna con “Bigotudo”, un novillo que tras encelarse en la tela entraba templado y repitiendo. La faena comenzaba con un inicio de tanteo con la mano baja y muletazos lentos bien llevados y templados. En los medios continuaba con la mano derecha en naturales largos, bien definidos y con recorrido se observaba una embestida prácticamente domeñada en tan solo dos series, pues esta era clara con humillación. De vez en cuando al tocar la tela le dejaba desarmado al cabecear. Sobre el pitón derecho, Pablo desarrolló la faena, tendiéndole la muleta y una vez puesta arrastrándola hasta tirar de él sin deslucir en el toque. El novillo daba continuidad y recorrido permitiendo que el espada se luciera con muletazos de delante hacia atrás, ahora llegaría la oportunidad del pitón izquierdo, pitón por el que se volvió rápido y por el que no se dejaba templar ni someter. Faena cerrada por manoletinas en las que soltaba la cara arriba, tras colocarlo en suerte natural hundió la espada baja, tendida y suelta, motivo por el cual se saldría, por lo que descabellaría perdiendo el trofeo. Pablo Mora y su saludo capotero marcaban el ecuador del festejo con un novillo que repetía en el capote. A las dificultades del novillo había que sumar la lluvia, pero la faena seguía avanzando y genuflexo arrimado a tablas lo iba probando sin que humillara. Una vez más los tendidos se dispersaban, olvidándose de la gran labor del espada, quien se encontró con un novillo deshecho con una embestida irregular en la que soltaba la cara. A todo ello hay que añadir que el astado andaba despistado con el ajetreo del público y mostrándose ajeno a la franela. Pablo se cruzaba y tiraba, pero su contrario no paraba de tocarle la muleta, retorciéndose sin ningún lucimiento, algo que demostró por el pitón derecho, donde mantenía ese derrote final. Se esfumaban las oportunidades de trofeos, el animal se arrancaba y frenaba a su antojo desentendido de la faena, razón por la que el joven intento ganarle el paso y cruzarse para tenderle la muleta y probar su recorrido sin éxito. Concluyó con una estocada trasera y baja con la que caería sobre el ruedo.

El primero del lote de Marcos salió con mucho nervio y suelto, sin terminar de empelarse en los lances de recibo. En los tercios anteriores a la faena cabe destacar el traspié del novillero, que estuvo a punto de quedarse entre los pitones y la mansedumbre del animal en el tercio de banderillas acudiendo a su querencia a chiqueros. Era un novillo que iba al tranco y al que había que ganarle el paso, además de ello Marcos era consciente de su altura, razón por la que no dudó en flexionar rodilla y llevarlo con el morrillo rozando el albero. Cuando estuvo algo más templado parecía el momento propicio para llevarlo con la mano derecha, mientras volvía al dejarle la muleta en la cara en busca de ligazón. También supo controlar las tandas, limitando los muletazos y sabiendo cuándo parar, dado que el animal era reservón, miraba, calculaba y de vez en cuando se frenaba en mitad del natural. Con la mano izquierda el novillo solo servía para los primeros muletazos de cada serie, una vez pasado su tope se negaba a pasar y si lo hacía sería con una embestida descompuesta. El animal ya no tenía nada que dar, así finalizó su faena a un astado que andaba en los lances, eliminando la continuidad. En la suerte suprema depositó media estocada tendida pero en el sitio, que acabaría con él en un golpe certero de verduguillo. El segundo de la terna recibía al quinto con una larga afarolada de rodillas a un novillo que requería sometimiento. Iniciaba la faena probándole por ambos pitones, este entraba con mucho genio, pero lo consiguió templar dejándole la muleta en la cara, ligando unos pases con otros hasta decir basta. Su embestida estaba prácticamente domeñada con desmayo quedó cosido a la franela. Fue pronto, pero en las cortas distancias si encontraba algo en lo que derrotar no desaprovechaba la oportunidad de hacerlo, lo que causó algún que otro susto. Marcos logró reducir el cabeceo al llevarlo sometido por abajo, cruzándose guiándole con la muleta y dándole salida. Se hizo con el novillo y con el público intentando sacar pases a un novillo que ya no estaba interesado en la tela. Lo tiró todo por tierra al dejar un pinchazo hondo, un pinchazo y un espadazo trasero.

Francisco de Manuel realizó un buen saludo capotero rematado por una media a un novillo que repetía con fuerza y genio. El tercio de banderillas fue ejecutado por el mismo espada, dejando un primer par a toro pasado, un segundo bien puesto y un tercero al quiebro. Lo recibió en la faena de muleta por estatuarios muy ajustados en los que el animal seguía entrando con genio, arremetiendo contra la tela. Algo más templado parecía ya seguir los engaños por el pitón izquierdo, pues Francisco de Manuel sabía que “Escardador” se quedaba justo de recorrido. Sus embestidas no fueron muy regulares, se venía cruzando y cabeceaba, razón por la que en una ocasión estuvo a punto de cornear al menor de la terna. No paraba de buscar y medir, así que por mucha técnica o intento por alargar el brazo, el animal no seguía la franela hasta el final, sino que se volvía. Le costó cuadrarle, pero consiguió hundir la espada hasta la empuñadura degollándole. Al último de la tarde Francisco de Manuel lo recibía llevándolo al paso y dejándolo prendido del capote. De nuevo se encargaría de ejecutar el tercio de banderillas, el cual fue excepcional, salvo el último par colocado a toro pasado. El novillero brindó la muerte del animal a la plaza de Arganda, para iniciar la faena de rodillas alternado muletazos mientras miraba al tendido. El novillo atendía a las largas distancias, por ello el argandeño supo aprovechar la inercia, con la que repetía en la franela humillando al dejarle los vuelos en la cara para después tirar de él en series rectilíneas sin culminarlas. Las distancias se iban recortando, pero el astado iba por ambos pitones, entrando con bravura en los engaños, aun así necesitaba respirar para que no se agotara ni se rajara. El espada aprovechó la oportunidad que brindaron las buenas condiciones del animal, el cual ya empezaba a mansear acudiendo a tablas. En suertes dejó media estocada que parecía estar en el sitio, con esta bastó para que doblara.

Plaza de Toros de Arganda del Rey (M) con los tendidos llenos. Ejemplares de la ganadería Fernando Peña, los cuales fueron buenos gracias al buen criterio de los espadas, también se apreciaron novillos más mansos y otros con más genio. Pablo Mora: silencio tras aviso y silencio. Marcos: silencio y vuelta al ruedo tras ovación, novillo aplaudido en el arrastre y Francisco de Manuel: oreja y dos orejas, novillo aplaudido en el arrastre.

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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