La temporada taurina en Las Ventas es larga, intensa. Amplia como ninguna. Muchas tardes y no todas buenas. Esas son las menos. El día menos esperado. Ayer fue. 

Primer desafío y primer triunfo. Ganadero y profesional. Una tarde soñada por cualquier aficionado, de esas que te llenan y oxigenan por dentro. Refrescan tu afición. Hacía falta una corrida completa y tanto Saltillo como Valdellán hicieron de un sueño, una realidad. Los seis toros embistieron, defendieron el prestigio de su hierro con su casta y poder. Dos de ellos «de bandera». Para el recuerdo y recompensados con atronadoras ovaciones. 

«Horquillito», de Saltillo, siempre quiso todo por abajo. En bravo. Se repuso de dos puyazos excesivos y nunca acusó una falta de fuerzas. Tampoco de fondo. Después de meter la cara en los capotes con mucha clase, se quiso comer la muleta con la misma humillación. Dos pitones para poner Madrid boca abajo. Los dos se le fueron a Venegas, el ambiente enfurecido de la afición tras el tercio de varas hizo que los mejores momentos de una desigual faena no tuvieran importancia. Toreó lento pero despegado. No estuvo a la altura de un toro que mereció un premio mayor que el de la ovación final. 

«Navarro» -de Valdellán- fue distinto pero igual de importante. O más, quien sabe. Sus embestidas derrocharon poder, emoción. Sin tanta humillación pero con mayor trasmisión. Un toro de los que «te comen» pero Robleño no se dejó. Mérito tuvo con tan poco rodaje. Pero cuando un torero vale, llega el día y sobran las palabras. Tres tandas de «derechazos» soberbias, encajado y llevando al toro hasta el final hicieron rugir a Madrid. La espada falló en el primer intento, acertó en el segundo y le arrancó una oreja con mucho peso. Si lo llega a matar de primeras, no sale a pie de allí. Su sonrisa durante la vuelta al ruedo reflejaba el significado de aquello. Más que el premio, salimos toreando.

Mucho se habla y se va a hablar de quien ganó el desafío. Pero nadie encontrará una verdad absoluta. Saltillo lidió tres toros interesantes pero con más matices que los de Valdellán. El primero de la tarde, con una notable calidad y nobleza, salía suelto de los muletazos. El defecto del segundo, con opciones, fue la sosería por momentos del animal. El tercero no tuvo reproches y sí virtudes. Como pasó con el cuarto de Valdellán. Los dos últimos, de este mismo hierro, destacaron y se mostraron por encima de sus matadores. Encastados, serios y con «tela» que torear. Escribano, con una oreja -por la estocada- del primero del festejo, no pudo redondear su actuación por su inseguridad frente al sexto.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Más de un cuarto de entrada. Toros de Saltillo y Valdellán, bien presentados y de buen juego en su conjunto. Fernando Robleño: silencio y oreja. José Carlos Venegas: pitos tras aviso y silencio tras aviso. Cristian Escribano: oreja y silencio tras aviso. 

  • Redacción vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imágenes vía: @LasVentas 

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