Lágrimas de desesperación y primera oreja en Arganda del Rey

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Los festejos taurinos en Arganda del Rey no descansan, ayer se celebró la tercera novillada de sus Fiestas con un cartel compuesto por los novilleros Pablo Atienza, Alejandro Gardel y David Salvador, que se encargarían de estoquear a los ejemplares de la ganadería de El Cortijillo. Los únicos novillos que dieron juego y oportunidades fueron los del lote de David Salvador, embistiendo hasta el final otorgándole al joven una única oreja en el primero. Atienza no fue afortunado en el sorteo y no pudo sacar mucho de los de El Cortijillo, lo mismo le ocurrió a Gardel quien tras su segundo culminó la faena desesperado al no poder hacerse valer ante un toro que no toleró bien los muletazos pasando por encima del estaquillador.

Abría la tarde un novillo bien rematado y recogido que arremetía contra la tela de Pablo Atienza, saliendo de esta con un pequeño salto y las manos por arriba. Tras un brindis dedicado a David Mora, se situaba en el tercio para que poco a poco le sacara de las tablas, el animal era parado y no terminaba de obedecer. Con la mano izquierda intentó torearle, pero el astado medía, obligando al novillero a cruzarse y dejarle la muleta bien situada. Por el pitón derecho demostraba mejores condiciones, aunque sin dejar de quedarse quieto, por lo que le costaba encelarse. Pablo le aguantó bien y recuperó la mano izquierda, por donde parecía que empezaba a colocar y estructurar su embestida, todo ello ahogado por las malas condiciones de un novillo reservón y desentendido de la muleta, sin fijeza ni continuidad. Se le agotaron los muletazos al de El Cortijillo, razón por la que acudió a por la espada y tras pinchazo metió una estocada trasera y baja que lo degollaría. Sin fijeza, con la cara alta ni emplearse entraba el segundo de su lote en el saludo capotero. Tras tantearle por ambos pitones eligió el derecho, por donde pasaba siguiendo la tela, pero saliendo descuadrado de ella, ya que no humillaba y soltaba la cara dificultando la labor de Atienza. Razón por la que ahora probaría con la mano izquierda, intentando corregir su recorrido y su embestida hasta domeñarla. Sin música ni entrega, el novillero buscaba una faena algo decente a un novillo despistado y sin interés en la franela, ya que no atendía ni al toque ni a la voz. Pases a cuentagotas, lentos y discontinuos dejaban fríos los tendidos argandeños y no solo por el viento, sino por la escasa transmisión. La estocada la iría escupiendo poco a poco acabando con él en el descabello.

El saludo capotero de Alejandro Gardel se caracterizó por su ejecución, siempre estirado intentando templarlo y llevarlo por abajo, pues siempre tenía la cara alta. Lindando en tablas empezaba la faena, el novillo respondía al cite con fuerza y repitiendo, pero en cuando perdía la muleta de su vista acudía a su querencia, inquieto y rápido. A Gardel le costó encontrar los terrenos para torearle, pero una vez en su sitio el animal entraba  con una embestida clara y la cara a media altura, por lo que el joven le bajó la mano en busca de esa humillación. El lucimiento quedaba  muy lejos, dado que el novillo se movía por pequeñas arrancadas, motivo por el que decidió no arriesgar con un animal que no atendía ni a la técnica ni al buen criterio de Gardel. En la suerte suprema no acabaría con él hasta el segundo intento con un acero contrario algo cruzado. Al quinto de la tarde se encargaba de frenarlo Gardel con unos capotazos de los que salía cual animal salvaje. En las primeras tandas el espada le empezó a bajar la mano probándole y continuar con la mano izquierda, por donde lo llevaba por abajo y muy despacio, intentando sujetarlo y dar continuidad al último tercio. Por el pitón derecho no terminaba de colocar la cara, pasando por la muleta con una simplicidad humillante, Gardel empeñado le daba sitio para sacarlo a los medios, pero este continuaba despistado y ajeno a lo que se le exigía. Sin novillo ni faena, cambió la ayuda por la espada para darle muerte sin éxito, pues pinchó para dejar en el segundo intento un acero tendido y ligeramente caído.

David Salvador atrás y abajo intentaba captar la atención del novillo en el saludo capotero, donde humillaba y colocaba la cara. La faena de muleta la empezaba genuflexo obligándole por abajo y dándole espacio. En la primera tanda ya lo llevaba cosido a la franela, pues el animal respondía a los cites entrando con una embestida regular y planeando en los engaños humillando hasta el final de cada natural. Si quería fraguar una buena faena debía cambiarlo de terrenos, ya que se mostraba algo más disperso, razón por la que fue necesario mostrarle los vuelos y alargar la embestida hasta dejarlo prendido de ellos sin tiempo a que sacara la cara. Sabía lo que tenía en sus manos, pero el animal se empezaba a rajar, por lo que David recurría a su voz para que este acudiera. Se estaba alargando la faena, pero el menor de la terna quería que el último tercio terminara de cuajar. Se tiró a matar con todo y metió la espada hasta la empuñadura prácticamente en toda la yema.  El último de la tarde y segundo del lote de David Salvador, al igual que los anteriores no se encelaba en la tela y salía de alla con las manos por arriba. En los primeros compase de la faena el novillero le enseñó cómo se debían tomar los engaños alejándolo de su cuerpo y guiándole con los vuelos de la franela. Motivo por el que en tandas sucesivas lograría series bien ejecutadas que transmitían. Lo llevaba por fuera a media altura y dejándosela puesta con un marcado giro de muñeca que lo dotaba de recorrido y continuidad. Muy quieto y con mucho temple fraguaba faena a un novillo que había que torearle en línea recta para el cite y llevarlo cosido. El novillo pedía tela y volvía para que el menor de la terna le sometiera hasta terminar de domeñarle una embestida bien construida, la cual mantuvo hasta el final gracias al tacto y técnica empleada. Cerró por manoletinas lucidas para después dejar una espada algo tendida en lo alto, pero escasa pues acabó con él en el golpe de cruceta.

Plaza de toros de Arganda del Rey (M) con algo más de tres cuartos de entrada. Novillos de El Cortijillo con novillos que no humillaban y se desentendían de la faena con una marcad aquerencia, a excepción del lote de David Salvador. Pablo Atienza: silencio y silencio. Alejandro Gardel: silencio y silencio. David Salvador: Oreja y silencio tras aviso.

  • Crónica e imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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